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Abuso verbal: cuando los padres se separan

Publicado Por: Claudio En:


Cuando los niños son testigos del abuso verbal.

A veces, aunque esté tratando de proteger a un niño, un progenitor puede perder la noción de cómo respetar sus sentimientos. Por ejemplo, una mujer escribió: «Tuve un abuelo que solía gritarme y regañarme. Mis padres me dijeron que eso no me tenía que molestar, que lo ignorara. Me sentí muy feliz cuando se murió».

En una situación como ésta, el niño necesita oír: «Lo que acaba de hacer (o decir) no está bien. Ven conmigo; hablaré con él». El abusador necesita oír: «Eso que dijiste a Mary (o John) no está bien. Realmente no quiero que vuelva a oír algo parecido».

Si a un niño le gritan o lo desmerecen de alguna manera, necesitará apoyo. Si no se da cuenta de ello, un progenitor puede enseñar a su hijo a tolerar la agresión.

Si un padre dice a su hijo: «Ella no quiso decir eso», la experiencia del niño es invalidada y su dolor es ignorado. El abuso es minimizado y el niño aprende a tolerarlo.

A mucha gente se le enseña a minimizar la agresión. Al decir: «Olvídalo. Simplemente tuvo un mal día», parece que se hace desaparecer el dolor, pero la herida queda adentro. Y es algo «productor de locura». (¿Acaso tener un mal día justifica la agresión a otro?)

Cuando se reconocen los sentimientos de los hijos y se responde al abuso verbal, se valora la experiencia y el adulto se convierte en testigo solidario. De esta forma enseña a su hijo las respuestas adecuadas para el abuso verbal y le ayuda a respetar sus propios sentimientos.

Por el contrario, si se les enseña a fingir que las palabras no hieren (esto se enseña en particular a los varones) se los llevará a dudar de sí mismos.

El niño necesitará aprender las respuestas apropiadas según su edad y la persona a quien deba responder, pero a cualquier edad un niño necesita apoyo emocional para responder a un adulto que lo agrede.

Los niños aprenden a agredir a los adultos y también lo hacen entre sí. Una de las respuestas más efectivas que un niño puede dar a un par que lo disminuye, es decir: «¡Eso es lo que TÚ dices!», con un fuerte énfasis sobre el «tú».

Usualmente esta respuesta asusta al otro niño; significa: «No me lo creo. Tú lo dices. Tú eres responsable de lo que dices».


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