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Abuso verbal: La violencia negada

Publicado Por: Cris En:


CAPITULO XVISOBRE LA TERAPIA

Expresamos nuestra autonomía cuando ejercemos nuestra libertad de elección. Una persona puede elegir escuchar al otro y responderle, o no escuchar al otro y no responderle. Es decir que aunque una parte cambia, su compañero puede elegir no cambiar. Alternativamente, el abusador puede elegir responder, pero la manera de hacerlo volverá a ser su elección. Puede responder aumentando la agresión o cambiando el tipo de agresión; puede elegir cesar en su conducta.

Generalmente, una terapia narrativa o de la Realidad II sitúa el problema del abuso verbal

en las prácticas culturales (internalizadas por el individuo) que toleran el Poder Sobre, la adjudicación discrecional de derechos y la supuesta superioridad de una persona sobre otra. Estas prácticas son transmitidas subliminalmente en la familia.

Un terapeuta narrativo ve la vida de la persona come enmarcada en una historia cultural, y ve los problemas que encuentra la gente cuando se esfuerza por adecuarse a un precepto cultural preformulado. El terapeuta invita a la gente a ejercer un nuevo discernimiento y a considerar manera de ser alternativas. La terapia narrativa no implica el predominio que conllevan algunos enfoques tradicionales; en cambio es una posición terapéutica de colaboración y reciprocidad entre el paciente y el terapeuta.

La entrevista terapéutica

Cuando hace preguntas, el terapeuta extrae de cada individuo información sobre la naturaleza de su problema y de su entorno. Describir el problema, darle un nombre y definir su sustentación en descripciones culturalmente prescriptas permitirá que el problema sea visto como tal, en lugar de ver a la persona o las personas como «el problema».

Mar.—

A continuación hay un breve ejemplo de algunos tipos de preguntas que invitan a la gente a ver la diferencia entr las conductas del Poder Sobre que impiden la «relación» verdadera y la conducta solidaria que desarrolla esa «relación».

Una mujer puede ir a ver a su terapeuta y decir algo así: «No soy feliz. Últimamente me siento deprimida. No me llevo bien con mi marido».

El terapeuta puede estimular la obtención de más información haciendo las siguientes preguntas:

Qué sucede cuando usted siente que no se llevan bien?

Hubo un tiempo en que le pareció que se llevaban bien?

     Qué diferencia nota ahora?

   Puede decirme algo más sobre eso?

     Puede decirme cómo expresa él su interés por usted; sus pensamientos, opiniones, planes, etcétera?

    Cómo fue su última semana?

Si el abuso verbal ha sido identificado como el problema puede pedir a la mujer, no al abusador, que conteste las siguientes preguntas:

Cómo ha afectado su vida el abuso verbal?

El abuso verbal ocupa buena parte de su tiempo?

Con cuánta frecuencia ocurre el abuso verbal?

El abuso verbal afectaba su vida hace cinco o diez anos?

Si el abuso verbal continúa en la dirección que va (apareciendo más a menudo o causando mayor perturbación), ¿cómo cree que será su vida de aquí a cinco o diez años?

Si usted continúa tratando de que no se produzca, siendo más cuidadosa en el futuro con lo que diga, –qué tipo de cosas cree que sería más seguro decir?

Nota lo sorprendido que estoy de que a usted le haya ido tan bien a pesar de estas circunstancias?

El terapeuta puede apoyar al abusador para que llegue a una mayor percepción de su propia conducta, invitándolo a explorar sus creencias sobre sí mismo y la relación, en el conjunto de los preceptos culturales sobre la «masculinidad» y sobre cómo esas ideas entran en conflicto con la realidad de su relación.

Para un terapeuta narrativo, hay pocas situaciones que no estén influidas por el patriarcado. Si en una relación hay abuso de poder, un terapeuta narrativo vería que la responsabilidad corresponde a la persona que abusa del poder.

Nor.—

El enfoque narrativo invitaría al abusador a:

· Reconocer la violencia como tal.

· Ponerse en contra de esa práctica.

· Aceptar la total responsabilidad de detenerla.

El terapeuta invitaría al abusador a considerar las creencias e ideas que sustentan su conducta, y el efecto que tienen sobre su mujer y sobre la relación. Si el problema ha sido identificado como ahuso verbal, el terapeuta formularía preguntas que pondrían de manifiesto ideas patriarcales de dominación masculina. He aquí algunos ejemplos:

¿Cómo ha reaccionado ante la resistencia de su pareja a seguir sus directivas?

¿Cómo ha afectado su relación su deseo de dirigirla?

¿Qué sucede cuando su pareja expresa una opinión que usted no comparte?

¿La idea de que usted debe estar al mando en su pareja, la ha acercado más a usted?

¿Cuando de pronto surge el deseo de «ganar» a su mujer, cómo lo domina?

¿Qué prevalece; usted o su deseo de dominación?

¿Cómo se siente con usted mismo cuando logra prevalecer?

       ¿Cómo se las arregla para mantener a raya la dominación?

Estas preguntas hacen que la responsabilidad de la agresión recaiga sobre el abusador y lo invitan a asumir la responsabilidad de su conducta.

Es útil invitar a un abusador a recordar un tiempo en el que no ejercía el poder sobre su pareja aunque hubiera podido hacerlo y discutir el significado de esa excepción.

¿Cuál era su conducta en otros contextos; por ejemplo, en la etapa inicial del cortejo a su pareja o en la oficina con su jefe? De este modo él podrá «ver» la diferencia entre sus conductas, y quizá la propia percepción de su naturaleza le permita comprender que la conducta que tiene con su pareja no puede ser excusada por un supuesto déficit afectivo debido a su historial familiar.

Un terapeuta narrativo haría que el abusador diferenciara sus intenciones (tratar de mantener la relación con su mujer) de sus actos (agresión para mantener el control de la relación). El propósito de esto sería ayudar al abusador a construir una noción saludable de su persona que no se base en el Poder Sobre, la coerción, la prevalencia o la superioridad.

Mar.—

El terapeuta puede invitar al abusador a discutir qué entiende por reciprocidad «¿Qué significa para usted la reciprocidad? ¿Cree que significa lo mismo para su pareja?»

Cuando el abusador reconoce la nociva influencia del patriarcado en la relación y quiere eliminarlo, puede ser invitado a declararse en contra de él, a estar alerta y vigilante y a tratar de combatirlo cuando insinúe su presencia. Se le puede invitar además a explorar abiertamente las formas en las que el patriarcado lo desafía por haber elegido ahora una manera de ser no patriarcal.

Estos pasos llevan tiempo y no pueden comenzar a darse hasta que la agresión haya sido reconocida y el abusador, quizá con el apoyo de un programa masculino, acepte la responsabilidad de su conducta.

Si el abusador niega su conducta o su responsabilidad (¡Sucedió por culpa de ella! ¡Ella me obligó a hacerlo!) puede que la mujer se marche y que él pase a una nueva relación en la que reproducirá su comportamiento.

Algunos hombres, aun cuando estén cortejando a una nueva mujer, siguen persiguiendo «a la que se fue».

En ese caso pueden ser invitados a ver que esos intentos de volverla a «pescar» no tienen nada que ver con una relación. Tienen que ver con las ideas patriarcales de posesión y propiedad.

Aunque el abusador haya reconocido su conducta, verá que lleva mucho tiempo y esfuerzo terminar definitivamente con ella. Y aun cuando parezca que lo ha hecho, puede que la mujer verbalmente agredida esté demasiado traumatizada para abrigar siquiera la idea de reanudar la relación con él.

El terapeuta debería invitarlo a que aceptara que el patriarcado destruyó la relación y que debe darla por terminada sin culpar por ello a la mujer.

Nor.—

La negación

La negación puede bloquear todos los esfuerzos para detener el abuso verbal en una relación. La negación es como un mecanismo automático de defensa; ha sido muy bien definido en la literatura psicológica. Para nuestros propósitos, una manera sencilla de describirla es decir que el abusador piensa «Yo no he hecho nada malo » y está convencido de que es así, a pesar de las pruebas en contrario.

El siguiente ejemplo ilustra cuán intensa puede ser una negación. Un terapeuta que ejercía desde hacía muchos años estaba atendiendo a hombres que lo consultaban para manejar la cuestión de la violencia contra su mujer. El terapeuta decidió ir a un programa de recuperación. Quería observar cómo funcionaba; esperaba aprender algunas técnicas para aplicar con los hombres que lo consultaban. Quería ayudarlos para que se hicieran responsables de su conducta agresiva y pudieran superarla. Mientras asistía al programa se dio cuenta con estupor de que él mismo era un agresor.

Este hombre tuvo el valor de contar su historia al mundo en un programa de televisión. Presentó un cuadro muy claro de lo que es una negación total y de cómo la imagen de alguien puede engañar no sólo al mundo, sino también a él mismo.

La negación del abuso crea una extremada confusión en la mujer. Ella es agredida dos veces: una vez por el abuso y otra por la negación. No hace falta decir que los terapeutas necesitan ser muy conscientes de esto. Muchas personas que han sufrido abuso verbal tienen una necesidad abrumadora de que el abusador reconozca que nunca estuvo justificado. Pero eso no sucede siempre. Sin embargo, algunos abusadores consiguen romper su negación cuando leen una transcripción de lo que han dicho. Por primera vez se dan cuenta de que efectivamente dijeron «esas cosas».

Generalmente el abusador se siente sacudido cuando reconoce su conducta. Y a menudo lo primero que dice es: «Soy una mala persona». (¡Siempre me sorprende descubrir que tantos abusadores digan exactamente lo mismo!) Al haber externalizado los preceptos patriarcales de superioridad, dominio y falta de responsabilidad, como hemos visto más arriba, el abusador puede darse cuenta de que es una persona y que su conducta es una elección. Si persiste en su idea de que algo dentro de el -su «maldad» o su «pasado»- es la causa de su conducta, puede escapar a su responsabilidad y en lugar de culpar de su conducta a su pareja, puede ahora culpar a su «maldad»; ¡su verdadera naturaleza!

Aunque el «pasado» o la «cultura» nos ayudan a comprender aquello que sustenta la conducta agresiva, la responsabilidad del abuso recae sobre el abusador.

John Stoltenberg dice: «Esta búsqueda de explicación de la violencia masculina a veces corre el riesgo de convertirse en la búsqueda de una disculpa: ‘Cómo podría ser diferente, pobrecillo? ¡Mirad como creció!’. De ese modo los hombres eluden la responsabilidad ética y obtienen validez terapéutica y respetabilidad académica’.»

SEGUNDA PARTE

Nuevo Micro:

LOS PECADOS CAPITALES

Iniciamos la revisión de estas faltas cardinales,

propias de la condición humana  que

nos acosan a lo largo de la vida

 

«La lujuria merece tratarse con piedad y disculpa cuando se ejerce para aprender a amar»       

Dante

 

 

QUINTO PASO

 

Admitimos ante el Poder Superior, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestras faltas.

 

PRINCIPIOS ESPIRITUALES

 

En el Quinto Paso nos centramos en la confianza, el valor, la honestidad con uno mismo y el compromiso. Si queremos hacerlo con éxito es esencial practicar el principio espiritual de la confianza. Debemos confiar en el proceso tanto como en otra persona. La relación entre el Quinto Paso y el desarrollo espiritual no siempre resulta clara.


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