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La importancia de los amigos

Publicado Por: Cris En:


Como romper con su adicción a una persona

de Howard M. Halpern

                                        CAPITULO 4

                              NO PUEDO VIVIR SIN TI

Si se ha hecho dependiente de una persona en concreto para sentir que existe, entonces está pagando un alto precio emocional, incluso cuando la relación está en su mejor momento. Pero cuando la relación es infeliz (y probablemente lo será si tiene que cargar con el peso de su existencia) y tiene que enfrentarse a la posibilidad de que acabe, sentirá como si su existencia estuviera en peligro. En el libro Estoy bailando tan rápido como puedo, Barbara Gordon escribe:  «Intentaba retener los recuerdos del fin de semana. Pero, sobre todo, pensaba en Jim y trataba de recordar cada momento que pasamos juntos para hacerlo durar. Pero habíamos terminado. Ya era un recuerdo. ¿Cómo era posible que tantas horas de planificación y anticipación hubieran sido relegadas tan rápidamente a la historia? Empecé a sentirme vacía, a sentirme más irreal, el breve fragmento de conexión que experimenté con él había desaparecido. Yo era invisible». Romper una relación con alguien de quien ha dependido su sentido de la existencia significa, antes o después, arriesgarse a enfrentarse al terror de sus propios sentimientos de invisibilidad y no existencia. Norma, una mujer de cuarenta años, terminó su matrimonio, y algunos años más tarde todavía tenía tanto miedo de estar sola que nunca pasaba un fin de semana sin la compañía de un hombre durante, al menos, una gran parte del tiempo, incluso si ello suponía permanecer en relaciones horribles. E iba de una relación horrible a otra porque se aferraba a alguien nuevo, sin mirar demasiado si le convenía, para poder dejar su última relación desastrosa. Norma era una de las mujeres de ese grupo de cuatro que he nombrado antes que se juntaron para ayudarse mutuamente con sus problemas de adicción. Las otras tres la apremiaban y animaban a que pasara un fin de semana sola, simplemente para que pudiera averiguar qué era lo que estaba intentando evitar tan desesperadamente. Le señalaron que incluso el hecho de que se casara a los dieciocho años con su primer novio había estado, en gran parte, motivado por su propio miedo. Con gran coraje, decidió hacerlo, a pesar de su angustia. Sus amigos le sugirieron que tratara de experimentar todos sus sentimientos, aunque fueran terribles y que intentara escribir sus pensamientos y emociones mientras pasaba por ese «síndrome de abstinencia». También le dijeron que estaban disponibles para que ella les llamara.


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