0%

A cada cual su misión: La sombra, ese tesoro enterrado por miedo

Programa: Hemos estado ahí


Lista de tracks:


A cada cual su misión: La sombra, ese tesoro enterrado por miedo

Hemos estado ahi

Sumar a la lista de reproducción

Reseña:


(Escuchado/descargado 17 veces, 3 visitas hoy)

Continuamos leyendo el libro A cada cual su misión. Descubrir el proyecto de vida, de Jean Monbourquette

Periodo difícil, pero necesario por fecundo

Este periodo fluctuante, lejos de ser inútil, es un pasadizo obligado para reencontrarse y reorientarse. Por su conocimiento de las etapas del cambio, William Bridges ha sabido encontrarle una función importante. Permite explorar nuestra interioridad y dejar que surja en ella el gran sueño de nuestra vida. Periodo fecundo, a pesar de sus apariencias de esterilidad; en él se produce una gestación semejante a la del invierno. Es un tiempo en el que se ejerce una creatividad misteriosa. Como toda obra de creación, el descubrimiento de la misión propia depende de un tiempo de maduración necesaria, de incubación. Cuando el artista atropella su inspiración, produce una obra superficial que sabe a cliché; lo mismo ocurre con la creación de la misión propia. La persona tiene que permanecer largo tiempo en la confusión antes de tener una idea original y clara de su misión.

Consejos para vivir bien el periodo de «margen»

Los maestros espirituales conocen bien ese desierto psicológico que da al sujeto la impresión de estar muriendo. Pero si se tiene la paciencia de permanecer en él, el desierto se pondrá a florecer. Para gestionar mejor este tiempo de «margen» se recomiendan varios medios:

• Retirarse, darse un tiempo de parada para romper con las preocupaciones cotidianas.

• Escoger un ambiente sereno, por ejemplo en la naturaleza, en la que la observación de un riachuelo, de las plantas y de los animales sugiere la paciencia.

• Escoger la soledad y, en el silencio, aprender a ir más allá de la charlatanería del propio diálogo interior y a captar las aspiraciones del alma.

• Hacer ejercicios de interioridad; llevar un diario; escribir la autobiografía; orar para pedir ayuda, etc.

• Orar para llegar a una nueva visión de la misión propia, dejando que vaya emergiendo el sueño de un ideal.

• Hacer una peregrinación. La peregrinación simboliza al alma en marcha para alcanzar un objetivo espiritual.

Algunos amigos míos, que han caminado durante más de un mes en peregrinación a Santiago de Compostela, me han confiado que sintieron su alma desnuda, lo cual les permitió entrar en contacto directo con su sombra, esa cara oculta de ellos mismos. De hecho, el periodo del «compás de espera» favorece la emergencia de la sombra de la personalidad.

Propongo a continuación algunos ejercicios concretos de exploración y de reintegración de la sombra.

La sombra, ese tesoro enterrado por miedo

¿Qué es la sombra?

La sombra es todo lo que hemos arrinconado en el inconsciente por miedo a vernos rechazados por las personas importantes de nuestra vida. Hemos reprimido ciertos comportamientos o aspectos de nuestra personalidad por no perder su afecto, por no decepcionarles o hacerles sentirse mal.

No hemos tardado mucho en discernir lo que era aceptable a sus ojos y lo que no lo era. Entonces, por no disgustarles, nos hemos apresurado a relegar amplias porciones de nosotros mismos a las mazmorras del inconsciente. Hemos hecho todo lo que hemos podido por esquivar su más pequeña desaprobación verbal o tácita.

La sombra es la antítesis del yo ideal llamado persona, esa facultad de adaptación que nos mueve siempre a corresponder a las expectativas de nuestro ambiente y, más en concreto, a las de nuestros educadores. La persona cree necesario reprimir ciertos aspectos importantes de su personalidad en el inconsciente o, con palabras del poeta Robert Bly, en el «saco de la basura». Bly afirma que, hasta la treintena, vamos llenando nuestro saco para dar gusto a los demás y hacernos aceptar por ellos. Y luego, hay que vaciarlo y recuperar todo lo que en él habíamos dejado inhibido.

La sombra y la misión

La sombra detenta la llave de la misión de una persona.

Está más cerca de su Centro que la persona, pues ésta, por su parte, está más orientada hacia las expectativas de su entorno. Más cerca del Yo-mismo, la sombra refleja mejor las aspiraciones de mi yo profundo. Para adquirir un mejor conocimiento de sí mismo, es importante sacar del «saco de la basura» las partes de uno mismo que no se han desarrollado, que han sido ignoradas o rechazadas. Es condición requerida para descubrir los deseos profundos del propio ser y, como consecuencia, aquello a lo que uno está llamado como individuo.

La reintegración de la sombra, una baza para la búsqueda de la misión propia

El ejercicio de reintegración de la sombra no se orienta tanto a descubrir quién soy yo, cuanto a dar a conocer quiénes somos nosotros con nuestras sub-personalidades. En efecto, nosotros somos seres plurales. Seguramente tendréis la sensación de que sois una personalidad única; pero a veces os sorprenderéis, al entrar en contacto con personas distintas unas de otras, de ver que no sois ya vosotros mismos.

Algo así como si os revistieseis de otra personalidad.

La verdad es que sois una personalidad polivalente, que revela diversos aspectos de vosotros mismos según las situaciones y las circunstancias.

El obstáculo más frecuente para el descubrimiento de la misión propia procede de la fragmentación de la identidad propia en sub-personalidades. Como cada una de estas subpersonalidades impone su dirección, su energía se dispersa en vez de concentrarse. Es lo que ocurre, por ejemplo, con muchos jóvenes adultos que se sienten indecisos, al verse solicitados por diversas voces: las expectativas del padre, las aspiraciones de la madre, los deseos de los amigos, las solicitaciones del entorno, la atracción por el consumo, etc.

Por haberse puesto a escuchar demasiado a los demás, han dejado de escuchar la voz de su orientación profunda. Se da también el caso de jóvenes llenos de talentos que no saben hacia dónde ir ante la abundancia de opciones posibles.

Conocí a un joven adulto que no lograba decidirse, al verse dividido entre sus muchas aspiraciones: deseo de ser sacerdote, afición a la electrónica, aptitud para las artes. Y acabó vegetando, ya que, para él, elegir era limitarse.

Así pues, la dispersión constituye un obstáculo de primer orden para el discernimiento de la misión propia. Al contrario, el esfuerzo que ponga la persona por hacer que converjan todas sus sub-personalidades creará una sinergia que le hará capaz de descubrir e iluminar su misión, además de darle el coraje necesario para llevarla a cabo.

(Escuchado/descargado 17 veces, 3 visitas hoy)
0
Descubrir más
Play Imagen Título
Programa