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A cada cual su misión: Resistencias a comprometerse con la misión. Partir de nuevo

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A cada cual su misión: Resistencias a comprometerse con la misión. Partir de nuevo

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Negativa a comprometernos en nuestra misión antes de tener la certeza de que es la acertada.

Una primera resistencia consiste en creer que es precisó estar totalmente seguros de nuestra misión antes de lanzarnos a ella. Hay quienes no se atreven a aventurarse a menos de estar seguros de que ésa es exactamente su misión. Se someten a todos los tests psicológicos posibles e imaginables; exploran todas las estrategias que se les proponen; sopesan todas las posibilidades de éxito o de fracaso; analizan sus talentos y aptitudes desde todos los puntos de vista.

Pero es trabajo en vano: nunca alcanzarán la seguridad absoluta de estar en el buen camino. En esta materia, hay que contentarse con una certeza relativa y aceptar riesgos suficientemente ponderados.

De forma más concreta, algunos se ponen a dudar de la exactitud del enunciado de su misión: «¿Me habré equivocado? ¿Me habré estado contando historias?», pensarán.

¡Que acaben un tanto drásticamente con sus dudas e inquietudes!

El enunciado de la misión ofrece la ventaja de expresar una orientación más precisa que la que se tenía antes.

Además, recordemos que uno no puede engañarse cuando se compromete en un camino que le apasiona. De todas formas, el enunciado no está «forjado en cemento»; siempre es posible corregirlo y mejorarlo.

Miedo a adquirir demasiado poder

¿Se puede temer tener éxito en la vida? Por extraño que pueda parecer, no son pocos los que no tienen más remedio que admitirlo. Sienten vértigo en el momento en que empiezan a tener éxito en su misión, intimidados al verse bajo las miradas críticas de la galería.

Algunos, víctimas del «complejo de Jonás», preferirán ignorar su misión y dejar que duerma su potencial. Evitarán así la angustia de tener que exponerse a las humillaciones, a la envidia, a las críticas del entorno, a las rivalidades y los riesgos del fracaso. Practicarán entonces técnicas evasivas: se mantendrán en la sombra, se fijarán aspiraciones modestas, se mostrarán inexpertos o incapaces, recurrirán a todo tipo de pretextos para justificar su inacción.

Otros sentirán la tentación de dimitir ante el posible éxito de su misión. Una especie de autosabotaje: tienen miedo a adquirir un nuevo poder demasiado exigente para ellos. Tomarán medidas contra los ataques de ansiedad de su sombra, que guarda reprimido su ardiente deseo de poder.

I.—

Miedo a pensar el futuro

Hay quienes tienen miedo a servirse de la imaginación para pensar el futuro. ¿Por qué esta reticencia? Para intentar comprenderla, he buscado los sinónimos de la palabra «visión» en el Dictionnaire Larousse des synonimes. Me han extrañado las opciones que propone por su connotación negativa. He aquí algunos ejemplos: quimera, desilusión, ilusión engañosa, alucinación, espejismo, ensoñación. También la palabra «imaginación» tiene connotaciones sospechosas: ¿no se dice que es «la loca de la casa», que «levanta castillos en el aire», como si perturbase el trabajo riguroso de la razón? Sin embargo, privarse de la imaginación y de su creatividad es cerrar el paso a la creación y a la planificación de proyectos para el porvenir.

¿Será este pesimismo un rasgo cultural de la mentalidad francófona? Esta actitud de desconfianza ante la imaginación está poco presente en la cultura anglo-americana, en la que, por el contrario, se tiende a exaltar su función. El escritor inglés Joseph Conrad alaba el poder de la imaginación:

«Sólo en la imaginación humana es donde toda verdad alcanza una existencia real y auténtica… La imaginación es la maestra suprema del arte y de la vida». Pensemos simplemente en las expresiones:

(Sigue tu sueño, El sueño americano o El cielo es el límite). Es decisivo que estemos atentos a nuestras imágenes interiores, porque tienen el poder de hacer ver lo real como una fuente de abundancia o, por el contrario, como una realidad llena de dificultades.

M.—

Otras resistencias

Otras personas, por el contrario, querrán lanzarse a ojos ciegas a seguir su nueva orientación. Embalados, tenderán a quemar las etapas de preparación y de maduración. Se dirá de ellos que «vuelan hacia la gloria». Es el caso de aquella mujer que acababa de descubrir su talento poético y ya quería que sus primeros poemas fueran publicados de inmediato por una editorial muy afamada.

Otros sentirán la tentación de volverse para atrás. Nostálgicos

del pasado, añorarán sus pasados éxitos, como le pasó al pueblo de Israel que, liberado de su esclavitud, no hacía más que recordar los ajos y cebollas de Egipto.

No faltan quienes se dejarán desviar y desanimar por la menor observación negativa que les haga cualquiera de su entorno. Hipersensibles a las reacciones de sus familiares o amigos, preferirán cambiar de orientación antes que soportar la incomodidad de la crítica.

Descripción detallada de la misión propia

Para superar estos obstáculos, tiene su importancia proceder de una forma sistemática. Al principio, el anunciado de la misión describe un ideal de envergadura, pero que todavía se mantiene vago y abstracto. Llega un momento en que hay que reformularlo de una forma más concreta y detallada.

Es lo que intenta el planteamiento llamado de «afirmación». Consiste en hacerse una idea lo más precisa posible de los detalles de la misión propia y, luego, apelando a la imaginación creadora, considerarla como si ya estuviera realizada.

David Splanger describe así la importancia de esta función creadora: «Para los humanos, la imaginación es la matriz de la realidad. Todo lo que existe para nosotros en este mundo comienza en la imaginación de alguien». No se debe infravalorar la fuerza de la imaginación creadora: ella es la que programa tanto el éxito como el fracaso de lo que emprendemos. La «afirmación» supone que la persona considera lo real como lugar de éxito y de posibilidades. Al contrario, el que no alimenta más que ideas de fracasos y de

humillaciones se atrae de hecho fracasos y humillaciones.

Veamos cómo obtener, por medio de la «afirmación», una visión potente y atractiva de la misión propia.

I.—

Utilización del planteamiento de la «afirmación»

Este planteamiento tiene la ventaja de motivar fuertemente a la persona a hacer realidad el objetivo que considera. La representación detallada de su misión le pondrá al acecho de las ocasiones favorables para su realización y así aumentará su capacidad de aprovecharlas. La «afirmación» es como un eco de la forma de rezar que enseñó Jesús tal y como la recoge el evangelista Marcos: «Por eso os digo: todo lo que pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis»

En un primer tiempo, la «afirmación» se orienta a alcanzar una visión detallada de la misión propia, que una vez formulada se podrá llamar «reseña virtual». En un segundo tiempo, invitará a imaginar esa visión como realmente realizada.

Primera etapa: redactar una reseña virtual de la misión propia.

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