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Abuso Verbal: Adicto a la ira

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Abuso Verbal: El adicto a la ira

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La naturaleza acusatoria de las explosiones de ira del abusador suelen dejar a la mujer preguntándose «qué dije de malo». No es infrecuente que la compañera de un adicto a la ira viva rumiando los acontecimientos, luchando por descubrir qué hace o qué dice para enfurecer a su compañero. Si él vuelca su rabia sobre ella y a la vez la culpa por eso, si los amigos comunes le dicen lo afortunada que es por tener un compañero tan estupendo, si el abuso no se produce en público, si el abusador le dice que la ama, si no ha tenido en su casa de soltera un modelo adecuado de familia bien avenida, ella puede no tener idea de que está sufriendo abuso. Así seguirá buscando motivos racionales que justifiquen la conducta de su compañero.

La ira disminuye el deseo de intimidad sexual de la mujer. Cuando esto ocurre, el abusador la acusa de ser fría y no tener sentimientos, y ella puede llegar a pensar que le ocurre algo malo. Sentirá dolor emocional aunque no reconozca que su compañero es hostil hacia ella y aunque piense que por alguna razón que todavía debe descubrir ella es culpable de su ira. Tratará de expresarse de manera clara y respetuosa y la persistencia de su compañero en su conducta generara en ella la sensación de haber fracasado.

No hay frases que identifiquen la ira. Algunas señales son la falta de calidez del compañero y, al igual que en todo el abuso verbal, las explosiones de irritación, los gestos de desprecio, el gusto por la discusión, los berrinches, los gritos, la rabia y el sarcasmo: el sarcasmo es la punta del iceberg que esconde una montaña de ira. Las señales físicas de la ira incluyen el lenguaje corporal, los dientes apretados, los puños levantados, ataques físicos o destrucción de objetos.

Algunos abusadores no expresan su ira frecuentemente, sino de manera encubierta, aunque son también seres furibundos y hostiles. Sin embargo, no expresan su ira con las pautas del adicto a la ira. Parece como si fueran más proclives a desarrollar planes de largo alcance para controlar y manipular a su pareja.

Muchas mujeres no se dan cuenta de que su compañero es presa de estados de ira; creen que es muy sensible a ciertas cosas, aunque ellas no pueden identificar exactamente cuáles son. El adicto a la ira se apoderará de cualquier cosa que oiga y que pueda convertir en la «razón» de que él vuelque su ira sobre su pareja. Como May descubrió, la ira en sí misma es irracional: Al principio temía haberle hecho enfadar inadvertidamente. Más adelante, cuando me di cuenta de que no había una razón real para su enojo, tuve miedo de su irracionalidad.

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EL CONDICIONAMIENTO
Condicionarse es una forma de adaptarse. Las condiciones pueden cambiar a nuestro alrededor y podemos adaptarnos a ellas muy gradualmente. Los cambios graduales son difíciles de percibir. Es por eso que muchas mujeres se adaptan al abuso verbal, lentamente, hasta que terminan viviendo en un ambiente que es mortal para su espíritu.

Como se han escrito libros enteros sobre el condicionamiento lento cultural y las desigualdades en nuestra sociedad, este capítulo servirá sólo como una breve revisión, enfocando principalmente los factores que más condicionan a la mujer para no reconocer el abuso.

En principio, la mujer está condicionada para creer que su compañero actúa racionalmente con ella. Este condicionamiento comienza en la niñez temprana. ¿Quién no ha oído la frase «No tienes por qué llorar» dirigida a ella misma o a otra mujer? Aunque un padre niegue a su niña otra golosina y la niña llore, se la puede consolar diciéndole: «Sé que la quieres, pero no puedo dártela’. Así la niña aprende en los brazos de su padre a hacer el duelo por sus pérdidas más que creer que la expresión irracional «No tienes por qué llorar» sea racional, real y lógica.

La mujer está condicionada desde la niñez temprana para no confiar en sus sentimientos y a no reconocer la irracionalidad del abuso verbal.

La creencia de la mujer en la racionalidad de su compañero es un sentimiento primario que surge de factores complejos y diversos y es mantenido por ellos; uno de ellos es el conjunto de las más tempranas experiencias infantiles.

En lo profundo cíe su psiquis hay un condicionamiento generacional. C. G. Jung describe un principio modélico que organiza nuestro pensamiento o nuestra manera de percibir a la manera de un arquetipo. El arquetipo o imagen primaria de lo masculino ha sido asimilado al Logos, la razón o lógica. La irracionalidad ha sido proyectada sobre la mujer e identificada con ella; forma el arquetipo femenino. En consecuencia, la mujer puede creer que su compañero es la parte racional y que ella es la parte irracional de la relación.

Cuando cree que su compañero es lógico la mujer espera racionalidad. Puede pensar: «Debe de haber alguna razón para que esté enojado conmigo» o «Debe de haber alguna razón para que él piense que mi trabajo no es importante» o «Debe de haber alguna razón para que él crea que estoy tratando de iniciar una discusión».

La creencia de que su compañero se está conduciendo lógicamente es una de las causas primarias de la confusión que sufre la mujer. En un momento él puede sostener la puerta para que ella pase y en otro gritarle cuando ella responde a una pregunta. Estos súbitos cambios de conducta racional a conducta irracional no sólo aumentan su confusión; además pueden incrementar su determinación de encontrarles algún sentido racional.

Las mujeres están condicionadas no sólo por quienes la criaron y por la cultura, sino también por el abuso cotidiano de su compañero. En consecuencia, no sólo no pueden reconocer el abuso, sino que nunca en su vida se han preguntado si tal abuso existe. Cuando algo no tiene nombre y no es visto por nadie más, ese algo innominado tiene un aura de irrealidad. Mucha gente no sabe realmente qué es el abuso verbal. Por lo general, es un concepto totalmente nuevo para la mujer.

El abusador verbal socava especialmente la percepción que la mujer tiene de sí misma. Si ella recibe el mensaje -con una frecuencia cada vez mayor- de que es ilógica, demasiado susceptible, que está siempre tratando de iniciar una discusión, que es competitiva, que siempre quiere tener la razón, etc., puede condicionarse y aceptar más abuso, al mismo tiempo que siente más dudas sobre sí misma. Este condicionamiento es como un lavado de cerebro. Puede extenderse más allá de ella y alcanzar a su familia, sus intereses y sus ideales más apreciados. Consideremos el caso de Lea:

Luke se refería a mi familia en términos constantemente despectivos. Lo hacía de muchas maneras sutiles. Poco a poco empecé a pensar que quizás en mi familia había algo malo que él percibía mejor que yo. Me sentía confundida. Sin embargo, me constaba que mis parientes eran muy respetados y que habían hecho reales contribuciones a la sociedad. Pero de todos modos sentía que había algo malo en mi herencia y que la familia de él era más sólida. Ahora sé que nada de eso era verdad.

Como explica Denise Winn, las víctimas de manipulación tienen experiencias en común: «Su seguridad estaba: socavada… Su conducta estaba influida por el uso de recompensas y otros procesos condicionadores… Creían que nadie en su hogar se preocupaba por lo que les pasaba… Se sentían fuera de control y desvalidas… Las humillaciones públicas minaban su ego… La necesidad de amistad y aprobación las llevaban a obedecer… La ansiedad, la culpa, el miedo y la inseguridad inducidos las llevaban a la sugestionabilidad… La impredecibilidad de la conducta de sus captores confundía sus expectativas y presunciones… Como carecían de una norma a la cual adaptarse, se sentían completamente sin control»… «Cada uno de los factores sociales y psicológicos y las condiciones inconscientes que se combinan para crearlos son en sí mismos poderosas fuerzas influyentes».’

Winn describe también la investigación de Robert Lifton. Nos dice que «Lifton señaló los rasgos que consideraba característicos del totalitarismo ideológico, rasgos necesarios para mantener su poder sobre los individuos». Es interesante notar que el primero que se menciona es «el control sobre todas las formas de comunicación».

Por cierto, dentro de la relación el abusador puede controlar todas las comunicaciones interpersonales negando el abuso y rehusando conversar con su pareja acerca de su dolor y su angustia.

En todas las culturas, .las palabras de la sabiduría y las tradiciones pasan de una generación a otra. Esto es parte de nuestra herencia cultural. Lamentablemente, también heredamos conductas destructivas y medias verdades. Muchas de ellas se han convertido en tópicos a través de los cuales la mujer puede interpretar su experiencia.

Hay conceptos aceptados socialmente y transmitidos culturalmente que condicionan la respuesta de la mujer a la agresión.

«Para pelear hacen falta dos.» La mujer que cree esto, supone que es tan culpable del incidente como su pareja.

«Puedes superarlo.» Si una mujer cree esto, puede pensar que si fuera más fuerte sería capaz de superar su dolor.

«Confórmate con tener un techo sobre tu cabeza.» Si una mujer cree esto, puede pensar que espera demasiado y debería conformarse con lo que tiene.

«Si no puedes decir algo bueno sobre alguien, mejor no digas nada.» Si una mujer cree esto, puede pensar que es desleal o que está juzgando a su compañero cuando comenta su conducta con los demás.

«El amor todo lo puede.» La mujer que cree esto, puede pensar que si es más cariñosa y tolerante con su compañero, él se comportará de manera recíproca.

«La mujer tiene que dar un poco más que el hombre.» Si una mujer cree esto, puede pensar que debe hacer un esfuerzo mayor para comprender a su compañero y darse más a él para que la comprenda mejor.

«Sé buena con la gente y la gente será buena contigo.» Si una mujer cree esto significa que su compañero le grita porque no ha sido buena con él y que puede remediarlo si le explica que no quería decir lo que él creyó oír.

«Tómalo con tranquilidad.» Si una mujer cree esto, puede pensar que si tomara más a la ligera los gritos de él, no se sentiría tan mal.

«Si tú te abres a él, él se abrirá a ti.» Si una mujer cree esto, puede pensar que si ella se brinda a él, él también lo hará.

«Sigue intentando.» Si una mujer cree esto, puede pensar que debe de haber algo que todavía no ha intentado para comprender a su compañero y conseguir que él la entienda a ella.

“Nunca renuncies” Si una mujer cree esto, puede sentirse fracasada si renuncia a la esperanza de alcanzar la comprensión de su compañero.

«Perro que ladra no muerde. «Si una mujer cree esto, puede pensar que las palabras no deberían molestarle.

«No puedes esperar demasiado.» Si una mujer cree esto, puede pensar que debería bajar sus expectativas.

«La gente no siempre quiere decir lo que dice.» Si una mujer cree esto, puede pensar que, aunque ella se sienta muy mal, él no quiso decir lo que dijo, por lo que no hay razón para sentirse mal.

«No dejes de sonreír.» Si una mujer cree esto, puede pensar que si conserva su optimismo descubrirá la manera de entender a su compañero.

«Lo único que sucede es que no sabe cómo comportarse.» Si una mujer cree esto, puede pensar que si explica a su compañero qué la lastima, él se comportará mejor y dejará de hacerle daño.

«Es apenas una etapa.» Si una mujer cree esto, puede pensar que si espera, muy pronto él cambiará su manera de ser.

«Los palos y las piedras pueden romperte los huesos, pero las palabras nunca te harán daño.» Si una mujer cree esto, puede pensar que debe aceptar y comprender la conducta de su compañero.

«No juzgues y no serás juzgado.» La mujer puede obligarse a no discriminar la conducta aceptable de la no aceptable, pensando que si lo hace está juzgando a su compañero.

«Cada uno crea su propia realidad.» La mujer puede creer que está haciendo algo que está mal, creando dificultades en la relación y experimentando los sentimientos equivocados.

«Nadie dijo que la vida fuera fácil.» La mujer puede pensar que si tiene dificultades en su relación es porque la vida es así y que su relación no es más difícil que cualquier otra.

«Para bien o para mal.» Si una mujer cree esto, puede pensar que lo bueno sigue a lo malo y que las cosas van a mejorar.

Las mujeres que entrevisté, parejas y ex parejas de abusadores verbales, provenían principalmente de los sectores socioeconómicos medio y medio-alto. Sus niveles de educación iban desde la escuela secundaria completa al doctorado universitario. Sus ocupaciones eran diversas; entre ellas había artistas, profesoras, amas de casa, encargadas de tiendas, etc. Todas ellas tenían características en común: esperanza, empatía, compasión, ingenuidad, confianza, optimismo, tolerancia. Todas ellas habían sido responsabilizadas, culpadas, frustradas, incomprendidas y confundidas.

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