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Abuso Verbal: El abusador cree que es su imagen ideal

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Abuso Verbal: El abusador cree que es su imagen ideal

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Reseña:


Hace mucho tiempo, en su niñez, el abusador cerró la puerta a esos sentimientos. No podía hacer otra cosa para sobrevivir. La parte suya que alentaba otros sentimientos quedó viviendo detrás de la puerta cerrada. El niño sensible que permanecía adentro estaba, psicológicamente hablando, encerrado en una tumba de profundo dolor.
Cuanto más tiempo pasa sin que el niño que está adentro sea reconocido, más se encoleriza; en consecuencia, el abusador tiene que mostrar más ira. Alice Miller nos dice: Aunque la mujer trate de explicar a su compañero aquello que la molesta, el abuso continúa. Las apelaciones a la compasión del abusador no son fructíferas porque el abusador no es empático.
Como señala Alice Miller, la existencia de un testigo comprensivo del sufrimiento de un niño es un prerrequisito decisivo para el desarrollo de la empatía en la edad adulta. Sin empatía el abusador no puede ser sensible a la angustia de la mujer.
Él representa sus sentimientos reprimidos haciendo a alguien lo mismo que a él le hicieron en la niñez. Como no puede expresar sus sentimientos, debe representarlos. Eso lo obliga a perpetuar el abuso. Aun así, los sentimientos de dolor y desamparo que alberga desde la niñez nunca se desvanecen. Solamente aumentan, como también lo hace su conducta agresiva.
Sin embargo, cada instancia específica de agresión alivia momentáneamente los escondidos sentimientos de dolor y desamparo del abusador, que entonces son reemplazados por un sentido de Poder Sobre. Su necesidad de mantener a raya el dolor abrumador que «no debe existir» es una fuerza dinámica fundamental que lo obliga a buscar el Poder Sobre, el control, el dominio y la superioridad.
I.—
Además del sentimiento de desamparo, muchos abusadores tienen profundamente sepultado un sentimiento de culpa por haberse separado de su madre. Generalmente se reconoce que los pequeños, niño o niña, se identifican en primer lugar con su madre. Pero sólo el niño debe romper completamente con esta identificación para convertirse en un ser de otro sexo. La ruptura de este vínculo puede producir sentimientos de culpa, que se agravan si la relación madre-hijo no es psicológicamente sana. Si estos sentimientos no son resueltos, el hombre puede considerarse superior a lo que rechaza y aprender a desdeñar todo lo que tiene relación con la femineidad. De ese modo él intenta «justificar» la separación de su madre y mitigar su culpa.En general podemos suponer que el abusador rechaza y niega un complejo conjunto de sentimientos. Cuando niega esos sentimientos, se niega a sí mismo.
¿Entonces quién es el abusador? Para los demás, puede ser alguien «realmente difícil de conocer». Para sí mismo es quien él cree que es, una imagen ideal que tiene de sí mismo.Mientras no se permita que el niño interior sea consciente de lo que le sucedió, una parte de su vida emocional permanecerá congelada y su sensibilidad a las humillaciones de la niñez estará consecuentemente embotada.
Todas las apelaciones al amor, la solidaridad y la compasión serán inútiles si falta este crucial prerrequisito de simpatía y comprensión. «El sentido que tiene el abusador de sí mismo no está basado en los sentimientos que alienta su ser, sino en una frágil construcción mental desprovista de Poder Personal. El Poder Personal es reconocido como la capacidad de saber, de elegir y de crear desde los cimientos de nuestro ser, es decir, desde la conciencia de nuestros sentimientos verdaderos. Al no tener el Poder Personal, el abusador busca constantemente el Poder Sobre. Necesita sentirse dominante y superior a su pareja.
Algunos abusadores anhelan sentir la euforia que les produce el Poder Sobre.

M.—
El abusador no sólo se esconde a sí mismo sus sentimientos, sino que hace lo mismo con su conducta. Su imagen ideal niega la realidad de sus motivaciones, sus compulsiones y sus actos. Por ejemplo, un abusador extremadamente tenso, airado y explosivo, puede describirse a sí mismo como una persona tranquila y relajada.
Un abusador crítico y enjuiciador puede describirse a sí mismo como alguien que acepta a todos y que toma a la gente tal cual es. Un abusador que acostumbra a socavar y trivializar a su pareja o que es fríamente indiferente, puede describirse como alguien que apoya a su pareja en todos los sentidos. Y un abusador que contradice, y humilla, puede describirse como una persona abierta a los más distintos puntos de vista. Muchos abusadores verbales se describen a la luz positiva de todo lo que antecede, mientras incurren en todas las categorías de abuso.
El abusador cabal puede definirse a sí mismo y a la realidad interpersonal de manera tan convicente que la mujer llega a aceptar sus definiciones. Cuando acepta y confía, su confusión se incrementa.
Muchas mujeres han manifestado que la imagen de su compañero, en cuanto persona del Poder Sobre, variaba a lo largo del tiempo y según las diferentes circunstancias. Una mujer dijo de su compañero: «A veces es el Señor Hosco. A veces es el Señor Jovialidad. A veces es el Señor Sermoneo. A veces es el Señor Autómata. A veces es el Señor Savoir Faire. A veces es el Señor Furioso. Pero, para la mayoría de las personas es el Señor Buen Muchacho». La pérdida del sentido de sí mismo del abusador con los sentimientos de desamparo que eso conlleva, lo compelen habitualmente a aumentar su autoexaltación y a sentir más menosprecio por su pareja. Sin embargo, él no puede volver a la vida el sofocado sentimiento de sí mismo mediante el abuso. Como confunde excitación con vitalidad y triunfo con fuerza, sufre la constante necesidad de reforzar su imagen ideal.

I.—
En general los abusadores verbales que se pasan a la agresión física no reconocen su grado de violencia, aun en el momento mismo de ser arrestados. La negación del abusador surge del conflicto entre la persona que él cree que es y su compulsión de actuar agresivamente. Esta negación es una defensa contra la destrucción de su imagen ideal y una inminente crisis de identidad. Su identidad verdadera estaría en peligro si tuviera que admitir lo que está haciendo. Es por eso que los abusadores verbales nunca se disculpan sinceramente. Una persona fuerte puede reconocer que ha actuado con debilidad; una persona segura de sí misma puede reconocer que ha cometido un error. Pero quien realmente se siente débil e inferior no puede hacerlo…
Como los hombres abusivos secretamente se sienten muy débiles, se esfuerzan mucho más para negar sus sentimientos y proyectarlos sobre los demás; para cumplir ese propósito, el ser más disponible es su esposa.
El abusador verbal se identifica con (cree que es) su imagen ideal. En consecuencia, encubre su conducta con una negación aparentemente justa. Podemos comparar al abusador con el Mago de Oz. Cuando es desenmascarado, ya no parece ser la horrenda fuerza del Poder Sobre otros, sino una persona insegura y asustada. Sin embargo, esto no quiere decir que su pareja pueda «ayudarlo». También Hitler fue un niño abusado y cuando fue adulto expresó sus sentimientos reprimidos. El abusador suele obtener apoyo para su imagen ideal por medio de la aceptación de los demás.
En el curso natural de una conversación, él puede deslizar un comentario sobre cómo apoya y aprecia a su pareja. Esto explica por qué a tantas mujeres verbalmente maltratadas la gente les dice lo afortunadas que son por tener un compañero tan estupendo.

M.—
Hasta aquí hemos considerado la pérdida del sentido de sí mismo del abusador y su consiguiente necesidad de construir un cuadro mental o una imagen ideal de sí mismo. ¿Qué sucede entonces con todos esos sentimientos dolorosos que no deben existir? Como veremos más adelante, se proyectan sobre la mujer. A medida que pasa el tiempo, el abusador típico se siente cada vez menos inclinado a enfrentarse consigo mismo. Su dolor, su miedo y su odio hacia su persona crecen en una parte escondida, y como él se oculta a sí mismo esa secreta parte, está incapacitado para reconocer la fuente de esos sentimientos.
Cuando afloran, para él la fuente de su desgracia es su pareja. Esto es una proyección.
Mediante esa proyección acusará a su mujer de todo lo que él hace y la culpará por todo el maltrato que él le inflige. Entonces ella se sentirá lastimada como lo estuvo una vez, lastimada y sin un testigo de su sufrimiento. Para el abusador, su pareja es una extensión de sí mismo.
Cuando la ve, recuerda sus propios sentimientos oscuros, su propia vulnerabilidad, los sentimientos «que no deben existir», los sentimientos que deben ser controlados.
En consecuencia la mujer se convierte en el objeto de su control y este control se transforma en dominación.
I.—
En lo más profundo de su ser, el abusador teme al niño abandonado que vive en su interior, como si fuera demasiado malo para pensar siquiera en aceptarlo. Sin embargo este sentimiento no proviene de él sino de su pareja. Muchas mujeres me han dicho que cuando decían a sus compañeros que se sentían heridas, ellos reaccionaban con acusaciones como «Ahora estás diciendo que soy una mala persona» o «Ahora me estás atacando». Esto es proyección; de otro modo, expresaría su profunda preocupación y pediría disculpas, o volvería a tocar el tema con empatía y comprensión.
Imagine, si quiere, a alguien cuya orientación psicológica esté fundada en el desahogo de una ira producida por el sentido de sí mismo, alguien que establece un sentido de Poder Sobre que refuerza su imagen ideal -la construcción mental. de quién es- y se defiende de ser consciente de lo que está haciendo proyectando sus sentimientos sobre su pareja. Este cuadro describe al abusador verbal. Su vida se convierte en una batalla contra la depositaria de su proyección. Desde esa posición ella, al igual que el sentido de sí mismo, no debe existir. Él no puede verla tal como es ni puede ver su realidad. Consideremos el abuso verbal a la luz de lo que sabemos sobre el rechazo que el abusador hace del sentido de sí mismo, su imagen ideal, su proyección y su negación.

M.—
Resulta evidente que todo abuso es un intento del abusador de defenderse de los sentimientos infantiles de ira, miedo y desamparo que están dentro de el y de protegerse contra el conocimiento de lo que está haciendo. Teniendo esto presente, repasemos brevemente las categorías del abuso verbal y, desde esa perspectiva, veamos la forma en que todos los que buscan el Poder Sobre lo hacen para defenderse y protegerse de sus propios sentimientos reprimidos y su carencia de Poder Personal. El abuso verbal como defensa y protección. Cuando se niega a compartir, el abusador queda capacitado para dominar a su pareja; mientras tanto conserva su imagen ideal. Por cierto, revelar sus pensamientos daría ventajas a su enemigo o permitiría someterlo a examen. Su imagen ideal es demasiado frágil para exponerla de tal modo. Responder a su pareja demostrando interés sería igualmente amenazador.
Una respuesta de ese tipo sugeriría igualdad y afectaría la imagen de superioridad del abusador. Sin una protectora posición de superioridad, el abusador podría tener los sentimientos de impotencia que deben ser reprimidos. El abusador que elige no compartir se siente con más control y más poderoso si puede permanecer distante; en consecuencia, mantiene a raya y anhelante a su compañera. También siente que su poder aumenta cuando con su frialdad apaga el entusiasmo de su pareja. Busca el Poder Sobre para poder protegerse y defenderse de sus propios sentimientos de inadecuación. Del mismo modo, el abusador se defiende de sus abrumadores sentimientos de impotencia contradiciendo a su pareja.

I.—
Cuando declara que él tiene razón y que ella está equivocada, cree ser el vencedor, el que tiene más poder y mayor control. Si dijera «Pienso que…» o «Creo que…» u «Opino que…» disminuirían sus posibilidades de vencer y admitiría que dos puntos de vista o experiencias diferentes podrían ser correctos. El abusador no puede tolerar esto porque si la mujer tiene un punto de vista diferente al de él, pierde el control. Y él tiene una abrumadora necesidad de controlar a su pareja porque ella es la depositaria de su proyección. Si él siente que no tiene el control, toda su realidad se desmorona.
El abusador se permite a sí mismo actuar sus sentimientos reprimidos y, al mismo tiempo, proteger su imagen ideal, minimizando los efectos de su conducta abusiva. Una de sus defensas primarias consiste en humillar y disminuir a su pareja.
El bloqueo y la desviación son otras defensas con las que el abusador controla la realidad interpersonal. Cuando esquiva el tema que se está tratando, evita la exploración de la realidad de su conducta. De ese modo mantiene su imagen ideal y alivia su oculto sentimiento de impotencia. La necesidad de controlar la conversación y su resultado puede ser tan intensa que algunos abusadores suelen decir con airada aprensión: «¡No sé por qué estamos hablando esto! ¡Así que cambiemos de tema!».
La acusación y la culpabilización son defensas con síntomas significativos de proyección. El abusador rehúye la responsabilidad de su conducta y mantiene su imagen ideal declarando que la mujer es culpable y responsable de sus sentimientos. Por ejemplo, cuando la ataca, «Es por su culpa». De este modo «justifica» el abuso.
Otra forma en que el abusador intenta defenderse contra sus ocultos sentimientos de inferioridad e impotencia es por medio de la crítica y el enjuiciamiento. Declarando su superioridad y «corrección», refuerza tanto su imagen ideal como todo su sistema de defensa

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