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Abuso Verbal: La Recuperación

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Reseña:


LA RECUPERACION

Cuando las mujeres reconocen el abuso y dan los pasos necesarios para asegurarse de que no volverán a someterse a el, ya están en el proceso de recuperación. La recuperación es un proceso de curación y reorientación sin calendario fijo; cada persona la lleva a cabo según su propia medida del tiempo.

El reconocimiento de la violencia, ya sea emocional, física o sexual, que haya ocurrido en la niñez o en la edad adulta, provoca dolor y conmoción. El espíritu se sacude desde sus fundamentos cuando la mente y el cuerpo deben enfrentar lo inconcebible, lo que al final deberá ser aceptado como una realidad, reconocido e integrado. Cuanto más haya durado y más intenso haya sido el abuso, tanto más largo será el proceso de recuperación.

En su libro Stopping Wife Abuse (Cómo detener el abuso marital), Jennifer Baker Fleming da una lista de afirmaciones que ayuda a las mujeres a pensar acerca de sí mismas de manera más fuerte y positiva, a confiar en sus sentimientos y percepciones, a dejar de creer que es la causante y culpable de las agresiones que recibe, a aprender a pedir ayuda y a afirmar su derecho de ser respetada.

La recuperación del abuso verbal es la posibilidad de aceptar y reconocer la pertinencia y la validez de los propios sentimientos.

El primer paso es la búsqueda de un profesional que oriente el proceso de recuperación. Con el apoyo de un terapeuta es posible revisar los hechos de la niñez -experiencias propias, de familiares o de personas cercanas- que tuvieron por resultado la aceptación del abuso verbal en la edad adulta. Padres, maestros o amigos, pueden haber puesto en duda los propios sentimientos. Aun los padres mejor inspirados a veces son incapaces de comprender y aceptar los sentimientos de sus hijos.

 

I.—

El asesoramiento, además de bien intencionado, deberá ser experto.Frases como: «Usted estará siempre en relación con él a través de sus hijos» dicha por un profesional a una mujer, separada y a punto de iniciar los trámites para divorciarse, provocan sentimientos como los que ella describió: «Lo oí y me pareció entender que nunca podría escapar y que siempre sería como un blanco frente a una ametralladora».

Del mismo modo, es beneficioso buscar un grupo de apoyo para la recuperación de los efectos del abuso verbal. El grupo de apoyo es especialmente valioso para quienes han sufrido agresiones negadas sistemáticamente por el abusador. Estar con otros que comprenden y han tenido la misma experiencia, es un alimento para el espíritu, aporta una honesta realimentación y un sentido de comunidad y desarrolla sentimientos de confianza que permiten fijar metas iniciales.

Mientras ocurran estos cambios, es aconsejable mantener estable la estructura y las constantes de la vida cotidiana, conservar las rutinas habituales, trabajo, comidas, actividad física y sueño, es decir, dedicar toda la energía posible a cuidarse y vivir el presente.

Reconozca que todo cambio, aun el más ansiado, es motivo de angustia y produce melancolía: abandonamos una parte nuestra y, como bien dijo Anatole France, «para entrar en otra vida debemos morir en la que dejamos atrás».

El camino hacia la recuperación se inicia cuando la víctima reconoce que lo ha sido. Las mujeres que han sido dominadas y controladas por sus compañeros, de manera manifiesta o encubierta, forman parte de una tradición milenaria. Es algo muy penoso, pero si alguien tiene que sentirse avergonzado, es el abusador. Cuando reconozcan la realidad del abusador como algo separado les será más fácil ver quién debe avergonzarse. El reconocimiento del abuso y los pasos iniciados para liberarse de él, guían hacia una nueva autoestima, la de la Realidad II, y conducen a la efectiva liberación del abuso.

M.—

Adoptar una actitud autoprotectora es saludable y genera confianza. Una actitud paternal incluye el espíritu de exploración y aventura y el valor para actuar. Una actitud maternal incluye el espíritu de amorosa aceptación de la propia individualidad, de los sentimientos, ideas, creatividad, y de la niña que hay dentro de la mujer adulta.

     Ahora, al dar prioridad a los sentimientos y percepciones, los dobles mensajes del abusador -«¡No estoy enfadado! ¡No sé de qué estás hablando!», cuando él sabe muy bien de qué está hablando- no crearán confusión. Las mujeres confiarán en su percepción y ella prevalecerá sobre las palabras de él.

Durante la recuperación se comprende el sufrimiento a causa del abuso; pueden evocarse escenas retrospectivas de experiencias traumáticas que superaban la capacidad de comprenderlas e integrarlas en ese momento. En el recuerdo de una escena súbitamente se reconocen y se vuelven a sentir el dolor y la realidad de una experiencia del pasado. Por terrible que sea, permite reconocer qué está pasando, examinar los sentimientos que se experimentaron en ese momento y concentrarse e involucrarse en el presente.

Es necesario que el tiempo transcurra para poder desprenderse de los mensajes confusos acerca de la propia persona. Cuando todas las percepciones y puntos de vista han sido contradichos, no es posible recuperar inmediatamente, sin interferencias, la correspondencia entre las percepciones y la realidad.

I.—

Después de haber avanzado un buen trecho en el camino de la recuperación, de haber reconocido el abuso verbal, de haber aprendido a diferenciar la realidad propia y la del abusador, es posible iniciar una nueva relación. El más ligero indicio de una personalidad de la Realidad I será inmediatamente percibido. Al mismo tiempo, se descubren nuevos talentos, nuevas capacidades -lo que se señalaba como una falla es en realidad un don- y una nueva percepción de la propia persona. El espíritu florece cuando goza de salud y libertad.

El reconocimiento cabal del abuso sufrido motiva sentimientos inesperados. El duelo por la pérdida forma parte de la recuperación espiritual. Comienza el duelo por la pérdida de la ilusión de una relación, de un sueño, de lo que en realidad siempre faltó. En la vida muchas veces llorarnos por lo que nunca tuvimos. Una mujer puede darse cuenta de que nunca fue aceptada por su compañero, a causa de su abrumadora necesidad de controlarla y dominarla. Entonces el duelo es el reconocimiento de que una legítima necesidad humana nunca fue cubierta. En este sentido, el duelo es el reconocimiento consciente de lo que el espíritu ya sabe. Mediante el duelo nos damos cuenta conscientemente del valor del espíritu; haciendo el duelo por la pérdida nos recuperamos de tal forma que integramos ese valor. Así nos sentimos más completos.

Cuando la víctima del abuso verbal se da cuenta de que sólo fue controlada en lugar de ser amada, tiene que hacer el duelo por la falta de amor, pues sabe que ella es una persona que merece ser amada. A través de ese proceso adquiere la autoestima de la Realidad II. Ahora sabe que es digna de ser amada y respetada.

M.—

XIVMIRAR HACIA ATRAS

Lo primero que noté en Olivia fueron sus ojos grandes y oscuros que brillaban como el cristal. Me había prometido una entrevista y, después de varias postergaciones, nos encontrábamos en un pequeño restaurante bebiendo café. De inmediato pasamos al meollo del asunto.-No siempre he sido tan feliz -dijo-. Nunca olvidaré el día que mi marido se convirtió en un extraño para mí -vaciló un instante-. Pero lo cierto es que gran parte del tiempo no pienso en eso.

-Realmente, pareces muy feliz -le dije.

-Oh, sí, a pesar de todo la vida es dulce. Hace mucho que nadie me grita ni me trata mal. Cuando encuentro a alguien de ese tipo me aparto de inmediato. No tardo ni dos segundos en identificarlos -el doloroso recuerdo del pasado se pintó en su rostro-. Casi cada día me sentía herida y tratando de comprender por qué.

-¿Y tu vida comenzó a cambiar después de tener esa extraña experiencia? -le pregunté-. ¿Podrías contármela?

Se encogió de hombros y miró alrededor, como para asegurarse de que nadie escuchaba. Pero no había nadie; estábamos solas.

-¡Todo lo he hecho sola, completamente sola! -repetía.

Asentí para animarla mientras pensaba: «¿Habrá encontrado a su marido con otra mujer? ¿Qué puede haber pasado?».

-Un día caí en la cuenta de que Dick (mi ex) en realidad vivía en un mundo diferente. Hacía dieciséis años que estábamos casados cuando de pronto supe, es así, supe que lo que habíamos estado haciendo todo ese tiempo era un inmenso error. ¿Entiende qué quiero decir?

-Sí -asentí, notando que su aspecto delgado y frágil no se correspondía con la fuerza de su voz.

I.—

-Durante mucho tiempo no lo supe. Fue muy extraño. Si le hubiera sucedido a otra persona yo habría dicho: «¡Eh, eso está mal!», pero hicieron falta muchos años; bueno, dieciséis años -sonrió-, para que pudiera darme cuenta.

-¿Quieres decir que no te parecía que él hiciera nada realmente malo cuando te gritaba y te trataba mal? -pregunté.

-Bueno; sí, es así. Durante mucho tiempo supe que no era feliz por la forma en que marchaban las cosas, pero de algún modo pensaba que debía soportarlo, como si estuviera mal que yo me sintiera herida, o quizá tomarlo de otro modo. ¿Cómo podía sentirme tan mal cuando él decía que no pasaba nada? Además, yo me creía capaz de hacerle comprender lo que fuera para que él no volviera a enfadarse.

Nos trajeron más café.

-Suena como si dijeras que pensabas que era incorrecto sentirte herida cuando él te gritaba. ¿Cómo    es esto? ¿Qué crees que te hacía pensar de esa forma? -pregunté.

Cerró los ojos y ladeó la cabeza, como para recordar una vieja escena. Después me miró directamente a la cara con los ojos bien abiertos:

-Siempre tenía una razón (para estar enfadado), una razón que parecía tener sentido sólo para él. Es por eso. Pero después del día en que se convirtió en un extraño dejé de pensar que la equivocada era yo.

Di vuelta la cinta del grabador. Ella hizo una pausa.

-Puedes contarme todo lo que pasó y cómo te sentiste? -pregunté-. Quisiera comprender este tipo de cosas.

-Sí, te lo contaré. Creo que lo que cambió mi vida no fue tanto lo que pasó; el cambio se produjo porque finalmente comprendí.

M.—

Y comenzó su relato diciendo:

-Una vez, una pareja de amigos se quedó a pasar la noche en casa. Por la tarde, antes de que llegara Dick, ellos conversaban sobre cómo iba a preparar ella los huevos pasados por agua y las tostadas para el desayuno de la mañana siguiente y me preguntaron si tenía bastantes huevos y pan. Les dije: «Sí, mucho» y les pregunté si necesitaban algo más. Dijeron que no.

A la mañana siguiente, mientras yo estaba en el jardín y ellos se estaban levantando, Dick apareció de pronto frente a mí y me dijo: «Voy a comprar un pastel de café (como hacía todos los domingos). ¿Necesitas algo?». Me agradó mucho que me lo preguntara porque me pareció muy considerado de su parte. Pensé un momento en lo que podría necesitar, en cuánto pastel de café haría falta y en los huevos y las tostadas que ellos iban a comer . Casi instantáneamente llegué a la conclusión de que no necesitaba nada. Quiere decir que no lo demoré ni nada de eso. Le dije: «Gracias, pero no necesito nada. Probablemente ellos no coman pastel de café».

Dick se puso furioso. Tenía la cara roja y echaba fuego por los ojos. Tenía las mandíbulas apretadas. Me arrojaba las palabras como si fueran balas. «¿Qué me importa? ¡No la compro para ellos! ¡La compro para mí!» Y se marchó; desapareció tan súbitamente como había aparecido.

Olivia parecía estar en su propio mundo, mirando el espacio mientras hablaba. Me echó una mirada, levantando las cejas ligeramente, como si recordara lo extraño de la situación

-Ahora parece imposible que él se enfadara tanto por eso, pero así fue. Ahora veo que a él no le costaba nada enfadarse. En ese momento no sentí nada. Creo que sufrí un choque. Si fue un choque, fue un choque que ya resultaba familiar. Me quedé como anestesiada y los pájaros dejaron de cantar o yo no los oí. No sé. Y después sentí que en un lugar entre mi corazón y mi estómago todo estaba revuelto. Recuerdo que me estaba esforzando por encontrar sentido a la situación. ¿Qué dije, qué dijo él?

Vaciló y respiró profundamente. Yo le pregunté:

-En ese momento, mientras tratabas de encontrar el sentido de lo ocurrido, ¿también te sentías «toda revuelta» por dentro?

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