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Abuso Verbal: Los derechos básicos en una relación

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Abuso Verbal: Los derechos básicos en una relación

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El libro Abuso Verbal – La Violencia Negada, de Patricia Evans

Capítulo XI

El cambio de Actitud

Cuando él no responde o no habla con ella, ella puede pensar que es tímido o ligeramente autista, aunque en realidad quiere comunicarse con ella.

Cuando él dice que no recuerda una conversación que ella tiene la certeza de que debería recordar porque fue particularmente perturbadora, ella puede llegar a la conclusión de que, por terrible que parezca, él tiene una personalidad escindida. Es decir, a veces él está en su realidad y a veces sale de ella y una voz poco amistosa toma su lugar y afirma que no puede recordar. Una mujer mantuvo durante varios meses el temor a la «personalidad escindida» de su compañero hasta que habló del tema con un profesional. Cuando expresó su temor, dijo que su compañero parecía tener una voz autónoma que decía cosas que después él no recordaba. Si cree que él ve el mundo del mismo modo que ella y que comparte su realidad, le resultará más fácil pensar que su compañero está loco que reconocer que es un abusador.

La mujer adapta la conducta de su compañero a su realidad de reciprocidad, porque está condicionada, como muchas otras mujeres, a ver el mundo en términos de causa y efecto inmediato. Por ejemplo, puede creer que: «Si él está enfadado conmigo, yo debo de ser la causa». Sin embargo, la psiquis humana opera de manera muy diferente. La causa de un hecho que ocurre hoy puede ser algo que ocurrió hace muchos años, en la infancia. Si su compañero se sintiera realmente disgustado con algo, discutiría el problema con su pareja. Por ejemplo, podría decir: «Vi que en la reunión charlaste largo rato con Joe. Pensé que preferías estar con él y no conmigo y me sentí abandonado y celoso, me gustaría saber qué sientes por él y si en las reuniones puedo pasar más tiempo a tu lado». Aunque le costara definir sus sentimientos, sabría que se siente desdichado y necesita hablar con su pareja.

I.—

Reconocer la realidad del abusador ayuda a la mujer a reconocer el abuso en sí mismo. Cuando ya no ve la conducta de su compañero desde el punto de vista de causa y efecto inmediato, puede darse cuenta de que su compañero le gritó porque quiere controlarla o intimidarla, no por algo que haya dicho o hecho.

Saber que no pasa nada malo con ella y que el comportamiento de su compañero es irracional, no disminuye necesariamente su sufrimiento. Por el contrario, el abuso verbal no sólo sigue siendo doloroso, puede ser más atemorizador porque se evidencia su irracionalidad, porque es una señal de advertencia de que eventualmente puede producirse el abuso físico.

Los derechos básicos en una relación

Además de comprender las diversas categorías del abuso vrrbal y reconocer la realidad del abusador, es importante rrt onocer derechos básicos en una relación:

El derecho a ser escuchado.

El derecho a recibir respuestas claras y exhaustivas a preguntas que tengan que ver con sus legítimos intereses.

El derecho a tener opinion propia.

El derecho a que se acepten como reales sus sentimientos y experiencias.

El derecho a recibir disculpas por cualquier actitud que considere ofensiva.

El derecho a vivir libre de acusación y culpa.

El derecho a que se hable con respeto de su trabajo y de sus intereses.

El derecho a ser alentada.

El derecho a vivir libre de amenazas emocionales y físicas.

El derecho a vivir libre de explosiones de enfado e ira.

El derecho a no ser injuriada.

M.—

Personas que viven dos realidades diferentes no pueden desarrollar una relación, aunque tengan la ilusión de vivirla plenamente. Tratar de que el abusador acepte su conducta como una muestra de debilidad expondría a la mujer a sufrir más abuso porque él vería su razonamiento como una defensa, a la que se debe oponer un ataque mayor. La única vía de solución para recomponer la relacion es que él también reconozca su propia realidad, su propia conducta y su propio sentido de carencia de Poder Personal.

Para modificar una relación en la que se verifica abuso verbal hay una cantidad de circunstancias a considerar. Es necesario evaluar qué funciona y qué no funciona en la relación, así como la dependencia emocional y financiera de las mujeres, tener plena conciencia de que sus necesidades de comunicación e intimidad nunca fueron cubiertas, que su derecho a ser tratadas con cortesía, respeto, dignidad empatía, no fue respetado. Hay pasos que las mujeres pueden dar para protegerse y determinar si su compañero desea cambiar y es capaz de hacerlo, y si la relación ofrece posibilidades de conexión e intimidad. Si la relación es nueva, es más sencillo tomar la decisión de interrumpirla de inmediato. Mujeres sin trabajo, con hijos pequeños, que carecen de confianza en sí mismas y sienten miedo, pueden necesitar tiempo para resolver qué hacer. Mientras tanto pueden decidir, confiando en sus propios sentimientos y su propio juicio -los mismos sentimientos y el mismo juicio de las que se acostumbraron a dudar condicionadas por el abuso- qué actitudes de su compañero no están dispuestas a aceptar y decirlo. Es oportuno consultar para esto a un profesional, participar de un grupo de apoyo o pedir ayuda a los amigos.

Fijar límites y plantear cambios es una tarea difícil, un desafío. Una vez reconocidos necesidades y derechos se enfrenta la posibilidad de que los cambios pedidos no se produzcan. Sin embargo sólo así se descubrirá si existe o no la posibilidad de tener una relación saludable. Es posible que, frente a los límites, el abusador aumente la intensidad de la agresión en un intento de incrementar el control sobre su pareja.

I.—

Así como a las mujeres les toma tiempo reconocer el abuso y la realidad del abusador, es probable que a sus compañeros les lleve también bastante tiempo reconocer la realidad de la mujer que está a su lado y admitir su conducta. No todos los abusadores están dispuestos a cambiar; ellos no sufren como sus parejas y por esa razón no están motivados con la misma intensidad que ellas. Sólo si el abusador renuncia a negar el abuso podrá comenzar o cambiar. Para poder cambiar, desarrollar empatía y comprensión, él necesitará elaborar todo lo que han engendrado dentro de sí sus profundos sentimientos de falta de Poder Personal.

l,a violencia verbal se manifiesta en un rango de variada intensidad. Las mujeres que han estado expuestas a todas las categorías del abuso verbal han sido dañadas gravemente. La intensidad de la angustia que sufre la víctima determina el alcance del daño, la calidad de la experiencia de la víctima define el grado de abuso.

El abuso verbal afecta la valoración que la mujer hace de sí misma sin que ella pueda siquiera reconocerlo. Por lo tanto, como es de esperar, el proceso de reconocer el abuso verbal incluye el proceso de recuperación del daño sufrido al que nos referiremos en el próximo capítulo.

Éstos son algunos de los primeros pasos para reconocer y enfrentar la violencia verbal en una relación:

· Conseguir apoyo de un profesional experimentado en el tema del abuso verbal. Para llegar a él pueden ser útiles las referencias de terapeutas que actúan en otros campos, de instituciones de servicio social y de amigos

· Es deseable que los dos integrantes de la pareja acudan a la consulta con el profesional, cuando las mujeres estén en condiciones de plantear a su pareja la necesidad de hacerlo.

· Es necesario que las mujeres fijen límites, señalen qué están dispuestas a aceptar, o no, aunque las reacciones pueden ser positivas, es decir, que el abusador acepte su conducta; o negativas, es decir, que refuerce su actitud.

M.—

· Para poder fijar límites, es necesario conocer los propios límites y para ello se requiere desarrollar confianza en sí misma. Para la mujer de un abusador verbal no es fácil fijar límites porque debe renunciar a todas las maneras de buscar resolución y reconciliación que intentó frente a las experiencias enojosas que tuvo con su compañero: explicar, tratar de comprender, esforzarse por ser comprendida, tratar de descubrir qué estuvo mal, entre otras.

· Cuando una mujer puede fijar límites sabe que ya no aceptará el argumento de que su compañero sólo bromea, no comprende, se siente herido ni ninguna otra justificación para el abuso verbal. Ya no aceptará ser tratada con grosería o con rabia aunque realmente haya cometido un error.

· Se debe evitar volver al pasado o anticipar preocupaciones futuras y ser consciente en el presente, momento a momento, de cualquier explosión de enfado o de menosprecio, para responder al abuso de una manera nueva: reclamar al abusador por cada ofensa, tan pronto como perciba el tono de su voz. No corresponde tratar de razonar frente al disgusto, la herida o la frustración. Cualquier respuesta del tipo «Yo quise decir que…» sugiere al abusador que su realidad es válida, que su mujer es su adversario y que él puede continuar sus ataques, aunque se queje de ser atacado. Injustificadamente, él tomará cualquier explicación como adversativa y defensiva.

I.—·

Se deben tomar recaudos para salir de cualquier situación de abuso. Cuatro de las cuarenta mujeres que entrevisté fueron golpeadas por sus compañeros. A muchas se les gritó repetidamente y otras tantas pensaron en algún momento que estaban a punto de ser golpeadas. La mayoría ha dicho: «Nunca llego a pegarme, pero siempre tuve mucho miedo de su ira».

Tener siempre suficiente dinero para pagar un taxi, llevar la agenda telefónica con los números de amigos si fuera necesario llamarlos, tener un bolso con ropa preparado, planificar con anticipación cómo y adónde ir si fuera preciso abandonar el lugar de residencia. Estos preparativos dan un sentido de control de la propia vida y ayudan a aliviar el temor a ser dañada una vez más.

Algunas dificultades

Las mujeres, acostumbradas a recibir el reproche de ser las culpables del abuso, se sienten en falta, como si estuvieran traicionando a sus compañeros por hablar con terceros de sus preocupaciones acerca de la relación. Hasta leer material sobre abuso verbal puede hacerlas sentir que están dañando su relación. También están condicionadas para sentir que está mal fijar límites y negarse a aceptar el abuso.

M.—

Una vez que deciden fijar límites, encuentran una intensa negación. El abusador verbal define a su pareja y a la realidad interpersonal. También se define a sí mismo, aseguran do en particular que lo que hace es correcto. Cuando las mujeres pueden definir su propia realidad como separada y diferente de la de sus compañeros, ganan en claridad, autoestima y autonomía.

Saben, entonces, que lo que el abusador ha dicho no es en absoluto verdad y pueden reconocer que su pareja intentó definirlas en términos de su realidad.

Es importante recordar que muchos crímenes se cometen en sitios cerrados, exactamente igual que el abuso verbal. Así como el violador sabe qué está haciendo en su actividad clandestina, también el abusador sabe qué está haciendo en la suya. Puede que no sepa qué lo impulsa a ello. Puede tenerse la seguridad de que el abusador verbal negará vehementemente el abuso y dirá furioso a su pareja que sus percepciones están equivocadas.

Su negación lo encierra en una posición psicológica permanente; no desea discutir el tema, es hostil, no quiere cambiar. Para poder cambiar debería dejar de lado su negación, admitir el abuso y examinar las razones por las que tiene una necesidad tan grande de dominio y de Poder Sobre.

I.—

Otra dificultad que la mujer puede encontrar es la de darse cuenta dolorosamente que ella es la principal y a menudo la única persona de la que él abusa. «¿Por qué me hace esto?», se pregunta. Las razones psicológicas por las que este abuso ocurre con mayor frecuencia en las relaciones de pareja, se estudian en el Capítulo XV; tienen que ver con el fenómeno psicológico de la proyección. El conocimiento de la realidad del abusador da a la mujer la oportunidad de real crecimiento y paz interior. Puede descubrir mediante la confrontación y el asesoramiento si el abusador quiere cambiar o no. Puede apreciarse y aceptarte sí misma y construir la autoestima de la Realidad II. Puede elegir un ambiente más saludable.

Reconocer el abuso verbal tal como es resulta emocionalmente doloroso. Implica una pérdida -la pérdida de una ilusion- y el duelo por esa pérdida. Pero no es un dolor insidioso ni perjudicial como lo es el abuso: sigue su curso y deja después el espacio para que se produzca el natural proceso de curación.

Como dijo Cora:

Mediante el conocimiento, la conciencia y la acción, podemos curar el espíritu. Al hacerlo debemos enfrentar el hecho de que las libertades psicológicas se ganan habitualmente a través del dolor emocional y el sentimiento de pérdida. En ningún lugar y en ningún momento se ha ganado algo sin esfuerzo ni acción. Hasta una planta busca la luz y el ambiente más nutritivo para crecer. La superviviente del abuso no puede hacer menos.

M.—

Por último, es necesario ser consciente de que no hay nada que pueda decir o hacer para cambiar a otra persona. Sólo puede fijar los límites y plantear cambios.

Si la mujer reconoce que su compañero está viviendo en la Realidad I y no quiere o no puede cambiar, tendrá que enfrentar la pérdida de su esperanza de compañerismo, participación, amor y aceptación. Ella debe decidir si quiere apartarse de la relación abusiva y cómo puede protegerse mejor y alimentarse a sí misma y al espíritu vital que anida en su centro.

Sólo una de las mujeres que entrevisté, una mujer muy atractiva de sesenta y tres años, eligió conscientemente continuar una relación de abuso verbal. Transcribo a continuación un extracto de esa entrevista:

-Estóy casada con un abusador verbal.

-¿Cuánto hace que estás casada con él? -Cuarenta y dos años.

-¿Cuándo reconociste que él era un abusador verbal

-Después de unos treinta años.

-¿Y decidiste continuar la relación?

-Sí. Pero creo que elegí el camino más duro.

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