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Caracteristicas del alma: soledad e inclusividad

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Caracteristicas del alma: soledad e inclusividad

Reflexión sobre los Libros Azules

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La voluntad acerada, quebradiza, decidida y dinámica de todo aspirante devoto, debe trasformarse en propósito persistente, poderoso y sereno del alma, a través del discípulo. El alma es flexible en la adaptación, pero indesviable en su objetivo. La espléndida y fanática devoción hacia una persona o ideal, debe ceder análogamente su lugar al suave e inmutable amor del alma —el amor de su alma hacia las almas de los demás… Moldee su vida de acuerdo al impulso del alma, trasládese del reino del deseo y aspiración elevados, al del propósito establecido y al del indesviable apego a la realidad.

Estar preparado para la soledad, es la ley. Cuando el hombre se desliga de todo lo que concierne a sus cuerpos físico, astral y mental, y se centraliza en el ego, sobreviene una separación temporaria que debe soportar y trascender y lo conduce posteriormente a establecer un vínculo más estrecho con todos los que están asociados con él debido al karma contraído en vidas pasadas, al trabajo grupal y a la actividad desplegada por el discípulo (llevada a cabo casi inconscientemente al principio) al reunir a aquellos a través de quienes deberá trabajar más tarde.

Soledad… es una de las primeras cosas que indica a un discípulo que está siendo preparado para la iniciación. Será evidente, por lo tanto, que la soledad a la que me refiero no es esa incidental a esas debilidades de carácter que rechazan a los semejantes, a una naturaleza distante o desagradable, o a cualquier forma de autointerés tan enfatizada que suscita el antagonismo de otra gente. Hay mucha soledad en la vida de un discípulo que es enteramente su propia culpa y que está sujeta a cura si él emplea la correcta medida de autodisciplina. Con estas debe lidiar él mismo, pues conciernen a la personalidad, y con vuestras personalidades yo no tengo trato alguno. Me refiero a la soledad que llega cuando el discípulo que acepta se convierte en el discípulo prometido y abandona una vida de concentración en el plano físico, y de identificación con las formas de existencia en los tres mundos, y se encuentra en el lugar intermedio, entre el mundo de asuntos externos y el mundo interno de significado. Su primera reacción entonces es que está solo; ha roto con el pasado; está esperanzado pero no seguro acerca del futuro; sabe que el mundo tangible al cual está acostumbrado debe ser reemplazado por el intangible mundo de valores, implicando un nuevo sentido de proporción, un nuevo alcance de valores y nuevas responsabilidades. Cree que este mundo existe, y da un paso al frente valiente y teóricamente, pero aquel permanece durante un tiempo totalmente intangible; encuentra a unos pocos que piensan y sienten como él, y el mecanismo de seguro contacto sólo existe dentro de él en embrión. Se está zafando de la conciencia masiva con la cual ha estado fundido hasta ahora, pero aún no ha encontrado su grupo, en el cual finalmente será conscientemente absorbido. Por lo tanto, está solo y se siente abandonado y despojado.

Algunos de ustedes sienten esta soledad; pocos de ustedes, por ejemplo, han alcanzado el punto donde se sienten parte definida, integral, del grupo; sólo dos o tres de ustedes se percatan —breve y fugazmente a veces— del estrecho vínculo con el Ashrama; vuestra actitud es mayormente de esperanza, acoplada a la idea de que vuestras limitaciones físicas son las que les impiden percatarse de todo lo que verdaderamente es, en conexión con vuestras afiliaciones internas. Pero, hermanos míos, tal sensación de soledad es sólo otra forma de auto-conciencia, de excesivo auto-interés, y (a medida que progresen sobre el Sendero) lo hallarán desapareciendo. Si por lo tanto se sienten solos, deben aprender a contemplarlo como un glamur o ilusión y como una limitación que debe ser vencida. Deben comenzar a actuar como si no estuviera. Si sólo más discípulos aprendieran el valor de actuar “como si”. Para ninguno de ustedes hay tiempo de sentirse solos estos días, pues no hay tiempo para que piensen en ustedes mismos.

Todos los discípulos tienen que atravesar la revelación de un cierto tipo de soledad espiritual; es una prueba de ese desapego oculto que cada discípulo tiene que dominar. En esta soledad no hay morbidez alguna, no hay riguroso retiro alguno, y no hay aspecto alguno de separatividad. Hay sólo el “lugar donde el discípulo está de pie, desapegado y sin temor, y en ese lugar de total quietud el Maestro llega y la soledad no es”.

No tema la soledad. El alma que no puede estar sola nada tiene para dar. [Y] el Principio de Compartición es una cualidad o energía del alma. Este compartir ashrámico es una de las grandes compensaciones del discipulado. Por su intermedio puede ser “ocultamente soportada” luz adicional. Quisiera que meditaran sobre esa frase. Puede ponerse al servicio del Plan una gran fuerza unida y captarse el significado oculto de las palabras: “Mi fuerza es como la fuerza de diez personas, porque mi corazón es puro”.

Inclusividad es la característica destacada del alma o yo, sea el alma de un hombre, la naturaleza sensible del Cristo cósmico o el ánima mundi, el alma del mundo. Esta inclusividad tiende hacia la síntesis, y ya puede observársela funcionando en un punto cierto de realización en el hombre, porque él incluye en su naturaleza todas las adquisiciones de los precedentes ciclos evolutivos (en otros reinos de la naturaleza y en ciclos humanos anteriores), además de la potencialidad de una mayor inclusividad futura. El hombre es el macrocosmo del microcosmo; las adquisiciones y las peculiares propiedades de los otros reinos de la naturaleza le pertenecen, porque se han convertido en facultades de conciencia; sin embargo, está circundado por un macrocosmo aún mayor y es parte de él, y debe ser cada vez más consciente de ese Todo mayor. Dejen que esta palabra, Inclusividad, rija vuestro pensar a medida que leen la instrucción que aquí imparto sobre los poderes síquicos y su efecto.

 

Compilado “El Alma, la cualidad de la Vida”; de los libros azules, los libros de Alice Bailey.

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