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Ciclos

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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El camino del aspirante lleva a veces a etapas culminantes que podrían describirse como una serie de ciclos de constante crecimiento, acentuados a intervalos por períodos definidos de desarrollo forzoso, donde usted mismo elimina una limitación tras otra mediante la fuerza. Debe desaparecer toda limitación y obstáculo.

El crecimiento es un largo período de construir para destruir, de crear para desorganizar después, de desarrollar ciertos procesos rítmicos para interrumpirlos después, y para obligar al viejo ritmo a dar lugar al nuevo.

El parámetro de los acontecimientos varía en importancia de acuerdo al punto de vista, y aquello (desde el ángulo del desarrollo de la conciencia en nuestra Tierra) que puede ser un factor de primordial importancia y de valor determinante puede (desde el ángulo del universo) ser insignificante. Para un individuo sus asuntos son de capital importancia; para la humanidad, como un todo, son de poco interés. Todo depende de quién se mantiene en el centro del escenario en el drama de la vida, y alrededor de qué factor central prosiguen cíclicamente los acontecimientos, triviales o importantes.

“La meditación del alma es de naturaleza rítmica y cíclica, como lo es todo en el cosmos. El alma respira y su forma vive por ello”. Hay un flujo y reflujo en toda la naturaleza, y en la marea del océano vemos la maravillosa representación de una ley eterna. A medida que el aspirante se ajusta a las mareas de la vida del alma, empieza a darse cuenta de que existe un constante flujo, vitalización y estímulo seguido por el reflujo inevitable y seguro de las inmutables leyes de la fuerza. Este flujo y reflujo puede verse actuar en los procesos de la muerte y la reencarnación. También puede ser visto en el proceso de las vidas del hombre, porque algunas vidas son aparentemente pasivas e intrascendentes, lentas e inertes, desde el ángulo de la experiencia del alma, mientras que otras son vibrantes, plenas de experiencia y desarrollo. Esto deben recordarlo todos los trabajadores cuando procuran ayudar a otros a vivir correctamente.

Estos impulsos cíclicos son también más frecuentes, rápidos y fuertes en la vida del discípulo que en la vida del hombre común, algo muy importante para nosotros, los cuales alternan con penosa rapidez. La experiencia del místico en la montaña y en el valle sólo es una forma de expresar este flujo y reflujo. A veces el discípulo camina en la luz del sol y otras en la oscuridad; unas veces conoce la alegría de la plena comunión y otras todo es oscuro y estéril; otras veces su servicio es una experiencia satisfactoria y fructífera, y cree que realmente puede ayudar, pero en otros casos siente que no tiene nada que dar y que su servicio es infecundo y sin resultado. Hay días en que todo lo ve claro y tiene la sensación de estar en la cima de la montaña, contemplando un paisaje bañado por el sol, donde todo se presenta nítido ante su vista. Sabe y siente que es un hijo de Dios; sin embargo, después descienden las nubes, pierde toda su seguridad y le parece no saber nada. Camina a la luz del sol, está abrumado por la luminosidad y el calor de los rayos solares y se pregunta cuánto tiempo durará esta experiencia desigual y este violento alternar de opuestos.

No obstante, una vez captado el hecho observa el efecto de los impulsos cíclicos y de la meditación del alma sobre su naturaleza-forma, se le aclara el significado, comprende que el aspecto-forma falla en responder, y su reacción a la energía es despareja. Entonces aprende que cuando pueda vivir en la conciencia del alma y alcanzar a voluntad esa “altitud elevada” (si puede expresarse así), las fluctuaciones de la vida-forma ya no lo afectarán. De este modo percibe el estrecho sendero del filo de la navaja que lo lleva desde el plano de la vida física al reino del alma, y descubre que cuando pueda hollar el sendero con firmeza, será conducido fuera del mutable mundo de los sentidos hacia la clara luz del día y al mundo de la realidad.

Todo está planificado y ordenado; las correctas energías y fuerzas estarán disponibles, pues la Jerarquía trabaja siempre de acuerdo a la Ley de Ciclos y de Compensación Cíclica. Los Maestros saben con toda exactitud lo que debe hacerse mediante la correcta programación y mediante lo que ha sido llamado “la crisis de extensión espacial”.

¡Que haya un constante y pleno fluir de fuerzas cíclicas desde el reino del espíritu sobre cada uno de nosotros, llamándonos al reino de la luz, del amor y del servicio y evocando en cada uno una respuesta cíclica! ¡Que haya un constante intercambio entre quienes enseñan y el discípulo que busca instrucción!

 

Extraído de Cartas sobre Meditación Ocultista, Un Tratado sobre Magia Blanca, Discipulado en la Nueva Era Tomo I, Sicología Esotérica Tomo I y Los Rayos y las Iniciaciones.

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