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Curar las heridas para descubrir la misión propia

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Curar las heridas para descubrir la misión propia

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A veces nos volvemos hacia Dios cuando tiemblan nuestros fundamentos, y nos damos cuenta de que es Dios mismo quien los sacude. (Anónimo)

En los talleres sobre el tema Descubrir la misión propia, con gran sorpresa por mi parte, son bastantes los participantes que se sienten incapaces de identificar su proyecto de vida, por estar demasiado embebidos en las heridas del pasado. No logran franquear la etapa anterior, la del «soltar presa», y concentrarse en el descubrimiento de su identidad. Tengo, entonces, que insistir más en el tiempo dedicado a la etapa del «soltar presa». En efecto, no sólo es importante hacer los duelos, sino que además hay que curar las heridas mediante el perdón. Los casos siguientes de «heridos de la vida» ilustran muy bien los bloqueos que ponen trabas a la prosecución de la misión. Una joven, víctima de una violación, no se perdonaba haberse expuesto a la situación peligrosa en que fue violada: no podía confiar en los hombres que, para ella, no eran más que potenciales violadores.

Un joven, abandonado por su padre, ya no se sentía capaz de llevar adelante su vocación de cooperante. Y otro, tras un fracaso en su noviazgo, se creía incapaz de volver a amar y de construir una vida de pareja. Después de haber quebrado su empresa, un hombre de negocios se despreciaba y se mantenía duro y amargo respecto a sus acreedores; para él no eran más que buitres que no le habían dado la menor oportunidad de salir adelante.

No es raro que las personas afectadas por una prueba se sientan incapaces de curar y de construirse un nuevo porvenir. Se sienten inclinadas a vegetar en el resentimiento, reavivando constantemente el dolor por la ofensa sufrida. Permanecen pegadas a un pasado doloroso que estropea su presente y que les impide pensar en un porvenir prometedor. El miedo a verse heridas otra vez les angustia y les cierra a toda perspectiva de riesgo y de éxito. Han perdido la confianza en sí mismas y no ven la manera de realizar sus sueños. La búsqueda de su misión seguirá siendo imposible hasta que no hayan conseguido sanar de sus heridas. Pondremos de relieve, en un primer tiempo, la necesidad de emprender un proceso de perdón para curar y liberarnos de las ofensas sufridas. En segundo lugar, subrayaremos cómo una buena curación y asumir la herida permite descubrir un nuevo sentido a nuestra vida, e incluso a nuestra misión.

Los psicólogos descubren cada vez más el valor curativo del perdón. Encuestas realizadas entre personas que practican el perdón para curarse han mostrado que en esas personas se produce una disminución notable de la ansiedad, de la depresión, de los accesos de cólera, así como un claro aumento de su autoestima. Estos efectos terapéuticos, constatados específicamente, duran y se prolongan durante años.

Decidir perdonar en vez de vengarse Se esboza un proceso de perdón cuando se toma la firme decisión de no vengarse y de hacer que cese la ofensa. Es importante desarrollar en la vida una actitud de perdón en vez de esperar a decidir en cada ofensa si será ese camino del perdón el que uno elija. Incluso es necesario prevenirse de antemano contra la reacción instintiva de venganza. En efecto, la idea de venganza es tan espontánea que se impondrá sobre cualquier «veleidad» de perdón. Cuando uno piensa en vengarse, sueña habitualmente en toda clase de actos violentos; es la forma activa de la venganza.

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