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Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Hay una gran ley contenida en las palabras: “a quienes todo lo dan, todo les será dado”. Esto es verdad respecto al discípulo individual y al grupo de un Maestro. Muchos aspirantes al discipulado no conocen ni comprenden actualmente esta ley; tampoco se entregan plena ni libremente al trabajo de la Jerarquía, ni a quienes están necesitados. Mientras no lo hagan, limitarán su efectividad y cerrarán la puerta de la provisión, no sólo para sí mismos sino para el grupo servidor al cual están afiliados. Tal es la responsabilidad. La clave para la provisión es la inofensividad de la personalidad y la dedicación de todos los recursos individuales al servicio de los Grandes Seres, sin restricciones y con espontaneidad. Como discípulos, traten de vivir inofensivamente —en pensamiento, palabra y acción— y cuando nada se escatime material, emocionalmente o desde el ángulo del tiempo, cuando la fuerza física se otorgue de esa manera y se donen todos los recursos con felicidad, entonces el discípulo tendrá todo lo necesario para llevar a cabo el trabajo; esto atañe también a los grupos activos de servidores. Tal es la ley. Es innecesario decir que la perfección no es posible todavía, pero sí debe haber un mayor esfuerzo de los discípulos para dar y servir.

Por lo tanto, llegará infaliblemente el día en que, como individuos y como parte del grupo de un Maestro, subordinarán sus vidas personales a la necesidad de la humanidad y a la intención del Maestro. Entonces serán y no lucharán tanto por llegar a ser; darán y no combatirán constantemente la tendencia a no dar; olvidarán sus cuerpos físicos y no les prestarán tanta atención (y el resultado será mejor salud); pensarán y no vivirán tan profundamente en el mundo de los sentidos; antepondrán sensata e inteligentemente y como un procedimiento normal, el trabajo del Maestro y el servicio a los demás.

Sabemos que esta es la hora de la mayor oportunidad de la humanidad y que si los hombres pasan triunfalmente a través de esto y (por la fuerza de sus propias almas) superan este mal muy presente, entonces la evolución de la humanidad se acelerará más allá de todo lo que se creyó posible. Constituirá una puesta en libertad, auto-lograda y auto-iniciada. Esto significa tanto en la vida del género humano como significa en la vida del discípulo individual. No se debe privar al hombre de esa ocasión y esa oportunidad; los valores espirituales y eternos que ha adquirido tienen mucha más importancia que su momentánea agonía.

Por poco que puedan comprenderlo cuando piensan en Nosotros en Nuestros así llamados seguros retiros, la capacidad de identificación con todo eso que hoy está implicado en el dolor mundial y la sensibilidad de Aquellos conectados con la Jerarquía a la desafortunada condición de la humanidad hacen de Su tarea de espera una suprema agonía espiritual. Ellos comprenden lo profundo de la reacción humana; Ellos incluyen y comprenden porque Ellos son uno con todos los hombres. Esto implica una comprensión mucho más grande de lo que pueden imaginar y sólo puede expresarse adecuadamente con la palabra “identificación”. Necesitan el firme apoyo de todos Sus discípulos, el amor constante, la actitud leal y la respuesta incondicional a la necesidad humana que Les permitirá llevar más fácilmente la pesada carga que el karma humano puso sobre Sus hombros y que Ellos llevan voluntariamente.

 No importa dónde o a quién den, basta dar —poco si tienen poco tiempo o dinero; mucho, si poseen mucho. Trabajen y den, amen y piensen, ayuden a esos grupos que construyen y no destruyen, aman y no atacan, elevan y no derriban.

¿Darán esto? ¿Ayudarán a Nuestro trabajo en toda forma posible, como personalidades dedicadas al servicio y como almas que recorren el Camino iluminado? La necesidad de la humanidad, necesidad de amor y de luz, y la necesidad de la Jerarquía, necesidad de canales y de aquellos que trabajarán bajo dirección en la tierra, pueden convocar todo lo que tienen para dar y pueden evocar vuestra alma (la única verdadera recompensa que busca el discípulo) en poder y amor. Esto les sucederá si olvidan al pequeño yo.

Los desafío a que se sacrifiquen, a consagrarse a sí mismos, a dar su tiempo y su dinero, y a que se interesen en difundir estas ideas entre quienes los rodean, en su medio ambiente y en el grupo al cual pertenecen, despertando así a sus compañeros de grupo. Los exhorto a un esfuerzo unido para inculcar nuevamente las ideas de hermandad y de unidad. Les pido que reconozcan a sus compañeros trabajadores en todos los grupos y fortalezcan sus manos. También les recomiendo que guarden silencio ante las palabras de odio y de crítica y que hablen en términos de hermandad y de relaciones grupales. Les ruego que procuren hacer de cada día un nuevo día, en el que enfrentan una nueva oportunidad.

Traten de olvidar sus propios asuntos, sus pequeñas penas, preocupaciones y suspicacias, ante la urgencia de la tarea que debe realizarse, y difundan el culto de la unidad, del amor y de la inofensividad.

 

Extraído de Discipulado en la Nueva Era Tomo I y Psicología Esotérica Tomo I. Citas contenidas en el libro de recopilación Reflexionen sobre Esto.

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