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Deja de buscar la felicidad en los demás

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Deja de buscar la felicidad en los demás”

Continuamos leyendo el libro Libérate de la codependencia de Melody Beatty

Capitulo IX

LA NO – DEPENDENCIA

Una clienta que ha estado involucrada en relaciones amorosas con dos alcohólicos me contó la siguiente historia. Su padre abandonó el hogar cuando ella tenía cinco años. Durante esos cinco años había permanecido borracho la mayor parte del tiempo. Aunque vivían en la misma ciudad, rara vez vio a su padre después de su partida. El la visitó unas cuantas veces después de divorciarse de su madre, pero no había ningún fondo en la relación. Al ir creciendo, llamaba a su padre de vez en cuando para contarle acerca de sucesos importantes en su vida: su graduación de preparatoria, su matrimonio, el nacimiento de su primer hijo, su divorcio, su segundo matrimonio, su segundo embarazo. Cada vez que lo llamaba, su padre le hablaba durante cinco minutos, le decía que alguna vez la vería, y luego colgaba. Ella decía que no se sentía particularmente herida o enojada; esperaba esta reacción de parte de él. Nunca había estado ahí cuando ella lo había necesitado. No participaba en la relación. De él no salía nada, incluso nada de amor. Pero era un hecho de la vida, y no la inquietaba en particular. Ella verdaderamente llegó a pensar que se había resignado a ello y que manejaba el alcoholismo de su padre. Esta relación prosiguió así durante años. Las relaciones de ella con alcohólicos también prosiguieron durante años.

Cuando ella se encontraba en medio de su divorcio más reciente, una noche sonó el teléfono. Era su padre.

Era la primera vez, que la llamaba. Su corazón casi se le salía del pecho, según relataría más tarde.

Su padre le preguntó cómo se encontraban ella y la familia —pregunta que él generalmente evitaba—.Justo mientras ella pensaba si le podría contar acerca de su divorcio (algo que quería hacer; siempre había querido llorar y que su padre la consolara), él empezó a lamentarse de que lo habían encerrado en un pabellón psiquiátrico, que no tenía derechos, que no era justo, y ¿qué no podría ella hacer algo para ayudarlo? Ella cortó rápidamente la conversación, colgó el teléfono, se sentó en el suelo y comenzó a chillar.

I.—

“Recuerdo haber estado sentada en el suelo gritando: ‘Tú nunca has estado allí cuando yo te he necesitado.

Nunca. Y ahora te necesito. Me permití necesitarte sólo una vez, y no estuviste ahí para ayudarme. En vez de ello, tú querías que yo te cuidara a ti.’”

“Cuando dejé de llorar, me sentí extrañamente en paz”, dijo. “Creo que era la primera vez que me permitía experimentar una profunda pena o enojarme con mi padre. En las semanas siguientes empecé a entender, a comprender realmente. Desde luego, él nunca había estado allí para ayudarme. Era un alcohólico. Nunca había estado para ayudar a nadie, incluyéndolo a él mismo. También me di cuenta de que debajo de mi sofisticada apariencia, me sentía no amada. En algún lugar, oculta en mi interior, había mantenido la fantasía de que tenía un padre amoroso que estaba apartado de mí —y que me rechazaba— porque yo no era suficientemente buena. Yo estaba mal. Ahora sabía la verdad. No era yo la que era poco digna de ser amada.

No era yo la que estaba hecha bolas, aunque sé que tengo problemas. Era él.”

“Algo me sucedió después de eso”, dijo. “Ya no necesito que un alcohólico me ame. La verdad me ha liberado.”

No sugiero que todos los problemas de esta mujer se hayan solucionado cuando terminó de experimentar su pena o cuando tuvo un momento de lúcida conciencia. Puede ser que necesite experimentar su pena más tiempo aún; y todavía tiene que vérselas con sus características codependientes. Pero creo que lo que sucedió la ayudó.

M.—

2. Consiente y protege a esa criatura asustada, vulnerable y necesitada que hay en nuestro interior.

Este niño interno puede no llegar a desaparecer completamente nunca, no importa que tan autosuficientes nos volvamos. El estrés puede hacer que el niño grite. Sin motivo alguno, el niño puede aflorar y demandar atención cuando menos lo esperamos.

Tuve un sueño acerca de esto que puede ilustrar este punto. En mi sueño, a una niña de cerca de nueve años se le había dejado sola, abandonada por su madre durante varios días con sus noches. Sin que nadie la cuidara, la chica correteaba por el vecindario ya entrada la noche, No provocaba ningún problema serio. Parecía estar buscando algo, tratando de llenar sus horas vacías. La niña no quería estar sola en su casa cuando oscureciera. La soledad era demasiado temible. Cuando por fin regresó la madre, los vecinos se

le acercaron y se quejaron de que su hija hubiera andado por todas partes sin que nadie la cuidara. La madre se enojó y empezó a gritarle a la niña por su mala conducta. “Te dije que te quedaras en casa mientras me iba. Te dije que no causaras problemas, ¿no es así?”, gritaba la madre. La chica no respondió nada, ni siquiera lloró. Tan sólo se quedó parada con los ojos mirando hacia abajo y dijo casi en silencio “creo que me duele el estómago.”

No le pegues a esa vulnerable criatura cuando no quiere estar sola a oscuras, cuando se asusta No debemos dejar que este niño interior tome las decisiones, pero tampoco debemos ignorarlo. Escucha al niño. Déjalo llorar si lo necesita. Consuélalo. Averigua qué es lo que necesita.

I.—

3. Deja de buscar la felicidad en los demás, Nuestra fuente de felicidad y bienestar no está dentro de los demás, está dentro de nosotros mismos. Aprendamos a centrarnos en nosotros mismos.

Deja de centrarte y de poner tu atención en otras personas. Confórmate contigo mismo. Deja de buscar tanta aprobación y validación de parte de los demás. No necesitamos la aprobación de todos ni de nadie. Sólo necesitamos aprobarnos nosotros. Tenemos iguales fuentes de felicidad y de elección en nuestro interior que los demás. Encuentra y desarrolla tu propio suministro interno de paz, de bienestar y de autoestima. Las relaciones ayudan, pero no pueden ser nuestra fuente. Desarrolla núcleos personales de seguridad emocional dentro de ti mismo.

4. Podemos aprender a depender de nosotros mismos. Tal vez otra gente no haya estado allí cuando la hemos necesitado, pero nosotros podemos estar allí cuando nos necesitamos a nosotros mismos.

Dejemos de abandonarnos a nosotros mismos, nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestros sentimientos, nuestras vidas, y todo lo que nos conforma. Haz el compromiso de siempre estar allí cuando te necesites tú mismo. Podemos confiar en nosotros mismos. Podemos manejar y contender con los eventos, los problemas y los sentimientos que la vida nos depara. Podemos confiar en nuestros sentimientos y en nuestros juicios. Podemos resolver nuestros problemas. Podemos, también, aprender a vivir con nuestros problemas no resueltos. Debemos confiar en la persona de la que estamos empezando a depender: uno mismo.

M.—

5. También podemos depender de Dios. Él está con nosotros y a Él le importamos. Nuestras creencias espirituales nos pueden dar una fuerte sensación de seguridad emocional.

Permítanme ilustrar esta idea, Una noche, cuando vivía en un vecindario violento, tuve que caminar por el callejón de atrás de mi casa para subirme a mi coche. Le pedí a mi esposo que me viera desde una ventana del segundo piso para asegurarse de que nada me pasara. Estuvo de acuerdo. Mientras caminaba por el patio posterior, lejos de la seguridad de mi hogar y en !o negro de la noche, empecé a sentir miedo. Me volteé y vi a mi esposo en la ventana. Me estaba cuidando. Estaba ahí, Inmediatamente me abandonó el miedo, y me sentí consolada y a salvo. Sucede que creo en Dios, y que encuentro el mismo sentimiento de consuelo y de seguridad al saber que Él siempre cuida de mi vida. Me empeño en buscar esta seguridad.

Algunos codependientes empiezan a creer que Dios nos ha abandonado. Hemos sufrido tanto.

Tenemos tantas necesidades insatisfechas, a veces por tanto tiempo que nos lamentamos: “¿A dónde se ha ido Dios? ¿Por qué se ha ido? ¿Por qué Él ha permitido que esto suceda? ¿Por qué no quiere ayudar? ¿Por qué me ha abandonado?” Dios no nos ha abandonado. Nosotros nos hemos abandonado a nosotros mismos.

Él está ahí, y a Él le importamos. Pero Él espera que nosotros cooperemos cuidando de nosotros mismos.

I.—

6. Esfuércense por la no-dependencia. Comiencen a examinar las maneras en las que somos dependiente emocional y económicamente, de la gente que nos rodea.

Empecemos a cuidar de nosotros mismos ya sea si estamos dentro de una relación que pretendamos continuar, o en una relación que estemos tratando de terminar, En El complejo de Cenicienta, Colette Dowling sugiere hacer esto con una actitud de “valiente vulnerabilidad”. Eso significa: tienes miedo, pero de todas maneras lo haces. Podemos experimentar nuestros sentimientos, hablar de nuestros miedos, aceptarnos a nosotros mismos y a nuestras condiciones actuales, y luego empezar el camino hacia la no-dependencia.

Podemos hacerlo. No necesitamos sentirnos fuertes todo el tiempo para ser no-dependientes y para cuidar de nosotros mismos. Podemos tener y probablemente tengamos sentimientos de miedo, de debilidad y quizá hasta de desesperanza. Esto es normal e incluso saludable. El poder verdadero viene de asumir nuestros sentimientos no de ignorarlos. La verdadera fuerza viene, no de aparentar fortaleza todo el tiempo, sino de reconocer nuestras debilidades y vulnerabilidades cuando así nos sintamos.

Muchos de nosotros tenemos noches oscuras. Muchos tenemos incertidumbre soledad y el aguijón de necesidades y deseos que suplican ser satisfechos, y que sin embargo aparentemente pasan desapercibidos.

A veces el camino está brumoso y resbaloso y no tenemos esperanza. Lo único que podemos sentir es miedo.

M.—

Lo único que podemos ver es la oscuridad. Una noche yo iba manejando con este tipo de clima. No me gusta manejar, y particularmente no me gusta manejar cuando hay mal tiempo. Estaba tiesa y asustada hasta el tuétano. Apenas podía ver; las calaveras tan sólo iluminaban unos cuantos metros de la carretera. Estaba casi ciega. Empecé a sentir pánico. ¡Podría suceder cualquier cosa! Luego, un pensamiento tranquilizante entró en mi mente. El camino sólo estaba iluminado unos cuantos metros, pero cada vez que pasaba esos cuantos metros, se iluminaba un pedazo nuevo. No importaba que no pudiera ver muy a lo lejos. Si me relajaba, podía ver tan lejos como era necesario por el momento. La situación no era ideal, pero podría sobrellevarla si

mantenía la calma y trabajaba con lo que disponía.

Tú también puedes atravesar situaciones oscuras. Puedes cuidar de ti mismo y confiar en ti mismo.

Confía en Dios. Ve tan lejos como puedas ver, y cuando llegues ahí, serás capaz de ver más lejos.

Se le llama vivir un día a la vez.

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