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Desapego

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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El trabajador en magia blanca debe mantenerse en lo posible libre de identificarse con aquello que ha creado o intenta crear. El secreto para todos los aspirantes es cultivar la actitud del observador y del vigía silencioso, y permítaseme enfatizar la palabra silencioso. La mayor parte del trabajo mágico queda anulado debido a que el trabajador y constructor de materia no guardó silencio. Por hablar anticipada y excesivamente, destruye lo que ha tratado de crear, y el hijo de su pensamiento nace sin vida. Todos los trabajadores en el campo mundial deben reconocer la necesidad del desapego silencioso, y el trabajo de los estudiantes que leen estas instrucciones consiste en cultivar una actitud de desapego. El desapego mental permite al pensador morar siempre en el lugar elevado y secreto, y desde ese centro de paz llevar a cabo con calma y poder, el trabajo que se ha propuesto. Trabaja en el mundo de los hombres, ama, consuela y sirve; no presta atención a sus simpatías y antipatías personales, ni a sus prejuicios y apegos; se mantiene como roca de fortaleza y como mano fuerte en la oscuridad para todos aquellos con quienes entra en contacto. El cultivo de una actitud de desapego personal, con la inherente actitud espiritual, cortará las raíces de la vida del hombre, pero le restituirá mil veces por todo aquello que ha cortado.

Mucho se ha escrito sobre el apego y la necesidad de practicar el desapego. Ruego a todos los estudiantes, en la urgencia de la situación actual, que en vez de leer piensen sobre ello y comiencen a practicarlo y a demostrarlo.

Sólo con espíritu de verdadero desapego realiza el discípulo su mejor trabajo; se da cuenta que en virtud de tal desapego se convierte (por el resto de su vida) simplemente en un trabajador —en el gran ejército de trabajadores jerárquicos— sin inclinación, objetivo o deseo personales. Para él no existe nada más que trabajo continuo y constante asociación con otras personas. Puede ser una persona que se aísla por naturaleza y ansía profundamente la soledad, esto no importa. Es el precio que debe pagar por la oportunidad de satisfacer la necesidad del momento.

Sólo cuando el desapego y la humildad están presentes, puede un discípulo servir en realidad.

El discípulo finalmente aprende a conocerse, sobre todo (mientras está en encarnación), como el director de fuerzas, dirigiéndolas desde la altitud del divino Observador y mediante el logro del desapego. Esto lo he dicho muchas veces. Estas verdades son trivialidades del ocultismo, sin embargo, si pudieran tan sólo captar el pleno significado del desapego y permanecer serenos como el Director que observa, no habría movimientos inútiles ni erróneos, ni existirían falsas interpretaciones y divagaciones por los atajos secundarios de la vida diaria, ni observarían a los demás a través de la visión distorsionada y prejuiciosa, sobre todo, no habría más despilfarro de fuerzas.

 ¿Cuándo aprenderá el discípulo que esa condición en que se adopta la actitud de “no me importa” y una especie de indiferencia, es uno de los medios más rápidos para liberar al yo de las demandas de la personalidad? Esta actitud de “no me importa” no afectará la disposición del discípulo hacia otras personas. Es la actitud que adopta la personalidad reflexiva e integrada del discípulo hacia el cuerpo astral o emocional, llevándolo a asumir la posición de que nada que produzca reacción, dolor o angustia al cuerpo emocional, tiene importancia. Estas reacciones son simplemente reconocidas, vividas y toleradas, pero no se permite que constituyan una limitación. Todos los discípulos deberían reflexionar sobre lo que acabo de decir.

La meta del hombre consiste en alcanzar la conciencia de la naturaleza del Alma, medio por el cual siempre actúa el aspecto Espíritu. Esto es lo máximo que puede hacer. Habiendo aprendido a actuar como Alma, desapegado de los tres mundos, el hombre entonces llega a ser parte activa integrante y consciente del Alma que compenetra y prevalece en todo lo que existe en manifestación.

Períodos de búsqueda, períodos de dolor, períodos de desapego, períodos de revelación produciendo puntos de fusión, puntos de tensión y puntos de proyección de energía —tal es la historia del Sendero de Iniciación.

En la apremiante situación actual siento la urgencia de exhortar a todos los que leen estas instrucciones, a olvidar sus simpatías y antipatías y a trascender los impedimentos de la personalidad que inevitablemente existen en ellos y en todos los que trabajan en el plano físico, obstaculizados por la personalidad. Pido a todos los trabajadores recuerden que está ya con nosotros el día de la oportunidad, y que este tiene su límite. Este actual tipo de oportunidad no durará eternamente. Las pequeñeces de las fricciones humanas, la incomprensión entre unos y otros, las pequeñas fallas que tienen sus raíces en la personalidad y que después de todo son efímeras, las ambiciones y las ilusiones, deben todas desaparecer. Si los trabajadores practicaran el desapego sabiendo que la Ley actúa y que el propósito de Dios debe llegar a una conclusión final, y si aprendieran a no criticar jamás en palabra ni en pensamiento, la salvación del mundo se aceleraría y sería el preludio de la nueva era de amor e iluminación.

 

Extraído de Un Tratado sobre Fuego Cósmico, Un Tratado sobre Magia Blanca, Discipulado en la Nueva Era Tomo I, Glamur: Un Problema Mundial y Los Rayos y las Iniciaciones.

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