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Dios

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Al tratar de describir al “Ser Puro” o Dios, y en el esfuerzo por llegar a alguna comprensión de la naturaleza de la divinidad, se ha desarrollado la fórmula de negación. Dios no es esto; Dios no es aquello; Dios es ninguna cosa; Dios no es tiempo ni espacio; Dios no es sensación o pensamiento; Dios no es forma o sustancia. Dios simplemente es. Una Deidad con vida esencial, suma total de todas las energías. Un Dios verdaderamente trascendente y, al mismo tiempo, realmente inmanente; un Dios tan grandioso que los cielos Lo proclaman, y tan íntimo que hasta el niño más humilde puede reconocerlo.

Hemos hablado de Dios en términos de Persona y hemos empleado los pronombres Él y Su. ¿Debemos inferir de esto que nos referimos a una prodigiosa Personalidad denominada Dios? Únicamente cuando se comprenda al hombre como una expresión divina en tiempo y espacio podrá ser revelado este misterio.

Lo que el científico denomina energía, el religioso lo llama Dios, siendo ambos lo mismo, el propósito manifestado en materia física de esa gran Entidad externa al sistema. La naturaleza constituye la aparición del cuerpo físico del Logos y las leyes de la naturaleza rigen los procesos naturales de ese cuerpo. La Vida de Dios, Su energía y vitalidad se encuentran en cada átomo manifestado; Su esencia mora en todas las formas. A esto lo llamamos Espíritu, aunque Él en Sí es distinto a esas formas, así como el hombre sabe que él no es sus cuerpos. Sabe que es voluntad y propósito, y a medida que evoluciona, ese propósito y voluntad se hacen más conscientemente definidos. Lo mismo le ocurre al Logos planetario y al Logos solar. Sólo cuando el hombre se comprende a sí mismo puede llegar a comprender el summum denominado Dios.

Dios Trascendente existe eternamente aunque sólo pueda ser visto, conocido y encarado correctamente por Dios Inmanente, inmanente en el individuo, en los grupos y en las naciones, en las organizaciones y en la religión, en toda la humanidad y en la Vida planetaria misma.

Los credos orientales han puesto siempre de relieve a Dios Inmanente, en lo profundo del corazón humano, “más cerca que las manos y los pies”. Los credos occidentales han presentado a Dios Trascendente, fuera de Su universo, un Espectador. Dios trascendente, ante todo, condicionó el concepto humano de la Deidad, pues la acción de este Dios trascendente apareció en los procesos de la naturaleza; más tarde, en la dispensación judía, Dios apareció como el Jehová tribal, como el alma (el alma más bien desagradable) de una nación. Luego, Dios fue visto como el hombre perfecto, y el divino Dios‑hombre caminó la Tierra en la Persona del Cristo. Hoy tenemos un rápidamente creciente énfasis sobre el Dios inmanente en todo ser humano y en toda formacreada. Hoy, las iglesias tienen que presentar una síntesis de estas dos ideas que nos han sido resumidas en El Bhagavad Gita: “Habiendo compenetrado el entero universo con un fragmento de Mí Mismo, Yo permanezco”. Dios, más grande que el todo creado, sin embargo Dios presente también en la parte; Dios Trascendente garantiza el plan para nuestro mundo y es el Propósito, condicionando todas las vidas desde el más diminuto átomo, ascendiendo a través de todos los reinos de la naturaleza, hasta el hombre.

Podemos desarrollar y utilizar el ojo que permitirá a su poseedor ver a Dios actuando en el aspecto interno de la vida, dentro de sí mismo y de todas las formas, porque “cuando tu ojo es uno, todo tu cuerpo está lleno de luz”. En esa luz veremos la Luz y así veremos a Dios.

Una de las cosas más difíciles de ser comprendidas e interpretadas por el hombre común reflexivo, son los procesos destructivos de lo que él (a falta de mejor término) llama “la voluntad de Dios”. Este es uno de los resultados (y sólo uno) de una civilización puramente materialista, que ha puesto todo su énfasis sobre la experiencia del aspecto forma y considera al bienestar físico y la comodidad física, más las posesiones materiales, como la verdadera meta de todo esfuerzo humano. Sobre estas ampliamente difundidas actitud y reacción, se concentrará la nueva y entrante luz; a medida que la luz revela la realidad, el mundo de los fenómenos y el mundo de los valores espirituales entrarán en una directa y mejor relación.

Explicar adecuadamente el maravilloso destino del reino humano está más allá de mi poder o de la capacidad de cualquier pluma humana, no importa cuán grande sea la realización del hombre y su respuesta a la belleza del mundo de Dios; la divinidad tiene que ser vivida, expresada y manifestada para poder ser comprendida. Dios tiene que ser amado, conocido y revelado dentro del corazón y el cerebro humanos, para poder ser captado intelectualmente.

 

Extraído de Un Tratado sobre Magia Blanca, La Reaparición del Cristo, Glamur: Un Problema Mundial, Sicología Esotérica Tomo I y Los Rayos y las Iniciaciones.

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