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Educación

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Toda educación debería tender hacia esta consumación: respuesta al Pensador o Alma. Al registrar esta respuesta el hombre entra en su reino. Lo de arriba y lo de abajo se convierten en uno. Los mundos objetivos y subjetivos se unifican. El alma y su mecanismo funcionan como una unidad.

 En el mundo de la educación la comprensión de la verdadera naturaleza del hombre traerá un cambio fundamental en los métodos de enseñanza. Por medio de la concentración y la meditación se enseñará a los hombres cómo pueden adquirir conocimiento por sí mismos, desarrollar la intuición y extraer los recursos del Ego. Así se enseñará al hombre a pensar, a asumir el control del cuerpo mental y a desarrollar sus poderes latentes.

La verdadera educación es en consecuencia la ciencia que vincula, primero, las partes integrantes del hombre, y a éste con su medio circundante, y después con el todo mayor donde tiene que desempeñar su parte. Todo aspecto considerado como inferior, será siempre la expresión del próximo aspecto superior. En esta frase he expresado una verdad fundamental que además de incorporar el objetivo, indica el problema que tienen por delante todos aquellos que se interesan por la educación. El problema consiste en determinar correctamente el centro o foco de atención del hombre y en precisar dónde está centrada principalmente la conciencia. Por lo tanto, él debe entrenarse de tal modo que sea posible trasladar ese enfoque a un vehículo superior.

El mundo mismo es un gran crisol en el cual se está forjando la Humanidad Una. Esto necesita un cambio drástico en nuestros métodos de presentar la historia y la geografía. La ciencia ha sido siempre universal. Las grandes obras de arte y la literatura han pertenecido siempre al mundo. Sobre estos hechos deberá construirse la educación que debe darse a los niños del mundo — sobre nuestras similitudes, realizaciones creadoras, idealismos espirituales y nuestros puntos de contacto. Si no se realiza esto, nunca se curarán las heridas de las naciones ni se derribarán las barreras que han existido durante siglos.

Dos conceptos principales deben enseñarse a los niños de todos los países; el valor del individuo y el hecho de la humanidad una.

El primer esfuerzo educativo para civilizar al niño será entrenar y dirigir correctamente sus instintos.

La segunda obligación de los educadores será inculcarle al niño, la verdadera cultura, enseñándole a emplear correctamente su intelecto.

El tercer deber educativo consistirá en evocar y desarrollar la intuición.

Cuando estos tres estén desarrollados y funcionando, tendremos un ser humano civilizado, culto y espiritualmente despierto. El hombre será entonces instintivamente correcto, intelectualmente sensato e intuitivamente consciente. Su alma, mente y su cerebro actuarán como es debido y en correcta relación mutua, logrando así, repito, la coordinación y el correcto alineamiento.

Uno de los objetivos más inmediatos de la educación debe consistir en la eliminación del espíritu de competencia, que debe ser sustituido por una conciencia colaboradora.

¿Qué pueden hacer los padres y los educadores? Primeramente y sobre todo, debe proporcionársele al niño un clima en que puedan florecer y surgir ciertas cualidades.

  • Un ambiente de amor en el que el temor desaparezca. Esta atmósfera de amor no es una formulación emocional o sentimental; se basa en la comprensión de las potencialidades del niño como individuo, en el sentido de verdadera responsabilidad y, por sobre todo, en una ternura compasiva. Esta ternura compasiva se funda en el reconocimiento de la dificultad del vivir, en una sensibilidad hacia la respuesta normalmente afectuosa del niño y en un conocimiento de que el amor siempre extrae lo mejor que hay en el niño y en el hombre.
  • Un ambiente de paciencia en el que el niño pueda convertirse, normal y naturalmente, en un buscador de la luz del conocimiento, donde esté seguro de encontrar siempre una contestación inmediata a su demanda y una respuesta cuidadosa a todas sus preguntas, y donde no exista la urgencia del tiempo. La naturaleza del niño se tuerce por la precipitación y el apresuramiento de aquellos con quienes se halla forzosamente ligado. No tienen tiempo para instruirlo y responder a sus pueriles aunque muy importantes preguntas; por eso el factor tiempo llega a ser una amenaza para su correcta evolución, y lo lleva finalmente a una vida de evasión y falsas perspectivas. Su norma de valores se deforma cuando ve la impaciencia que le demuestran aquellos con quienes vive. La impaciencia de quienes lo rodean y de los que depende tan patéticamente el niño, siembra las semillas de la irritabilidad, y un número mayor de vidas de las que podemos imaginar están arruinadas debido a ello.
  • Un ambiente de actividad ordenada en el que el niño pueda aprender los primeros rudimentos de la responsabilidad. Una de las primeras señales de ese contacto con el alma es un rápido desarrollo del sentido de responsabilidad. Esto debería tenerse muy en cuenta, porque el hacerse cargo de pequeños deberes y compartir responsabilidades (que siempre conciernen a alguna forma de relación grupal) es un factor poderoso que determina el carácter del niño y su futura vocación.
  • Un ambiente de comprensión donde un niño esté siempre seguro de que se reconocerán las razones y los móviles de sus actos, y de que quienes son sus asociados mayores comprenderán la naturaleza de sus impulsos motivadores, aunque no siempre aprueben sus actividades o acciones. Muchas de las cosas que el niño hace no son dañinas ni intencionalmente malas.

En el futuro, la educación utilizará la psicología más ampliamente que hasta ahora. En consecuencia, debe elaborarse un sistema de educación mejor que el actual, que presente a la humanidad la posibilidad de vivir de tal manera que se derriben las barreras existentes, desaparezcan los prejuicios y se le dé un entrenamiento al niño en desarrollo, que lo capacite para vivir en armonía y buena voluntad con los demás hombres cuando alcance su mayoría de edad. Esto puede hacerse si se cultiva la paciencia y la comprensión, y si los educadores se dan cuenta de que “donde no hay visión los pueblos perecen”.

 

Extraído de Un Tratado sobre Fuego Cósmico y Educación en la Nueva Era. Citas contenidas en el libro de recopilación Reflexionen sobre Esto.

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