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El Alma de la Humanidad

Programa: La voz del silencio


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El Alma de la Humanidad

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Los “acercamientos” que tienen lugar entre el alma y la personalidad son los procesos de relación en los períodos de transición. En lo que respecta a la raza, se denominan los Grandes Acercamientos de la Jerarquía y representan el alma de la humanidad dentro de la forma racial. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo es ese organismo de hombres y mujeres que han respondido a uno de estos acercamientos mayores. Realizado esto, se convierten en un grupo puente o conector entre la Jerarquía y la raza, facilitando así la tarea de la Jerarquía planetaria.

Recién ahora es posible revelar estos Acercamientos mientras se están realizando.

Hoy, a medida que el séptimo rayo venga a la manifestación, veremos facilitado los acercamientos entre los dos reinos superiores, de los hombres y de las almas, a medida que el trabajo mágico de producir y establecer relación comience a progresar como se desea. La tarea del Rayo de Orden Mágico será desarrollar la sensibilidad hacia uno de esos Acercamientos mayores que actualmente se intenta realizar.

Todo es cuestión de dónde se halla el centro de la atención.

Puede observarse, por lo tanto, que en el mundo hoy está teniendo lugar un intervalo muy difícil, en el cual la humanidad está pasando por un proceso similar a ese que tiene lugar tan a menudo en la vida de un individuo. El alma del mundo está tomando conocimiento de los asuntos externos, antes de adueñarse de la situación mundial. En la vida de un aspirante tales intervalos ocurren a menudo. La personalidad siente las condiciones de dificultad y de confusión. Sin embargo, en el pasado ha tenido momentos de elevada revelación espiritual y de impulsación1 divina. Temporariamente ha estado segura de su meta, y supo que el alma es el factor que dirige; se ha concedido alguna vaga idea de la meta y de los propósitos que subyacen en esos impulsos que le han sido otorgados por el alma. Pero, por el momento, todo eso yace en el pasado. Parece como si el alma se hubiera retirado; que el período de contacto y seguridad hubiera terminado, y no quedara nada más que dificultades, un sentido de futilidad y un anhelo de liberarse de dichas condiciones. Esto frecuentemente es de tal intensidad que pareciera empequeñecer los demás intereses.

Pero el alma no se ha retirado y las condiciones internas espirituales permanecen esencialmente sin cambiar. Los impulsos divinos todavía están allí y el alma sólo está recomponiéndose para un nuevo esfuerzo y para una más fuerte y más determinada preocupación por los asuntos de su sombra, su tenue reacción, la personalidad.

Lo que es verdad respecto al aspirante individual, es igualmente verdad respecto a la humanidad, el aspirante mundial.

Desde este punto de vista, el más elevado, se permitió a la Jerarquía dar un definido paso adelante en 1936 como resultado del trabajo realizado en los últimos cincuenta años; luego se volvió necesario estabilizar la posición y, desde el punto entonces alcanzado, hacer planes para el próximo movimiento a tomar en nombre de la humanidad.

Así llegamos al intervalo con el que nos hemos familiarizado tan dolorosamente. Quizás esto les haya hecho suponer un gran impulso hacia adelante, una época en que se cosecharían los frutos, o algún espectacular clímax de acontecimientos. Cuando todo lo que sucedió fue un ínterin de relativo silencio y un período donde nada parecía ocurrir, para la mayoría fue natural experimentar una sensación de desilusión, una reacción que casi equivalía, en algunos casos, a la pérdida de la fe y a un sentimiento de fatiga emocional y futilidad mental que a muchos puso a prueba al máximo. Es inteligente recordar que estas reacciones no afectan la situación y de manera alguna demoran el acontecimiento, aunque dificultan la tarea de quienes se acercan a prestar ayuda y casi innecesariamente hacen uso de sus recursos espirituales.

Estos intervalos de aparente silencio, de inercia e inactividad, son parte de una gran actividad preservadora y constructiva de la Jerarquía; son de naturaleza individual, grupal y planetaria. Los aspirantes deben aprender a trabajar inteligente y comprensivamente con la ley de ciclos. No deben olvidar que viven en un mundo de apariencia y no tienen verdadera libertad en el mundo de la realidad.

Cuando haya un suficiente número de personas que estén en contacto consciente con su alma, entonces el peso absoluto de su número, más la sinceridad de sus intenciones y su amplia distribución por la faz de la tierra, necesariamente deben hacerse efectivos. Entonces estas personas producirán cambios de importancia tan trascendental, que la futura cultura estará tan lejos de la nuestra como la nuestra…

Permanezcamos equilibrados y preparados, confiados y seguros, conservando así lo obtenido por el pasado esfuerzo y (en compañía de todos los verdaderos servidores en todo el mundo) asegurándonos un positivo punto focal para la trasmisión de energía espiritual.

[Bibliografía: Sicología Esotérica I y Sicología Esotérica II (del Tratado sobre los Siete Rayos de Alice Bailey, Editados por Fundación Lucis, Buenos Aires, Argentina)]
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