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El Angel de la Presencia

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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El Angel de la Presencia

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Se dice que “pensamientos son cosas” y producen resultados tangibles. También que “como un hombre piensa en su corazón así es él” y, en consecuencia, estas manifestaciones tangibles del pensamiento producen definidamente efectos en él. Estas antiguas verdades contienen para usted mucha instrucción, gran luz y comprensión y la clave para su problema inmediato.

¿Cuál es la situación hermano mío? Usted, como alma en encarnación, se da cuenta conscientemente —subjetiva y a menudo débilmente presentido— de su Yo real, el Ángel solar, el Ángel de la Presencia.

Su problema es profundizar este conocimiento y saber que usted es el Ángel que permanece entre usted, el hombre físico y la Presencia.

Podría dilucidarse la cuestión si consideráramos brevemente qué representa en realidad la palabra Presencia.

El místico es siempre consciente de la dualidad; el hombre inferior y el alma inmanente; el cansado discípulo y el Ángel; el pequeño yo y el Yo real; la expresión de la vida humana y la vida espiritual. Muchas otras cualidades representan la misma expresión de la realidad.

Pero detrás de ellas aparece —inmanente, estupendo y glorioso— aquello de lo cual estas dualidades no son más que aspectos: la Presencia inmanente aunque trascendente de la Deidad. Todas las dualidades son absorbidas en la naturaleza de este Uno, y las distinciones y diferencias pierden sus significados.

Cuando le digo que desarrolle la conciencia de la Presencia, significa que ahora es, ante todo, parcialmente consciente del Ángel y puede empezar a responder, nebulosa y débilmente, a ese gran Todo que subyace en el mundo subjetivo del ser, ya que este mundo subyace en el mundo físico tangible de la vida diaria.

Un símbolo de esto puede observarse en el conocimiento de que todo el planeta está fuera de la habitación en la que usted está reflexionando sobre mis palabras y sólo la ventana y la extensión de su apercepción consciente lo separan de usted.

El universo externo del planeta, el sistema solar y los cielos estrellados, se revela a usted a través de esa hoja de vidrio que revela, si está limpia y descubierta, pero que actúa como una barrera para la visión si está sucia u oculta por una persiana. Esto y su capacidad para proyectarse usted mismo en la inmensidad del universo, gobierna la extensión de su conocimiento en cualquier momento dado. Elabore esto, hermano mío, y mire a través de la ventana de la mente hacia esa Luz que revela al Ángel que, a su vez, vela y oculta la vasta Deidad desconocida, sin embargo viva y vibrante.

Todo ser humano es, en realidad, un vórtice en miniatura en el gran océano del Ser, en el cual vive y se mueve en incesante acción hasta que el alma “exhale su aliento sobre las aguas” (o fuerzas) y el Ángel de la Presencia descienda dentro del vórtice. Entonces todo se aquieta. Las aguas agitadas por el ritmo de la vida, y más tarde encrespadas violentamente por el descenso del Ángel, responden al poder curador del Ángel y se trasforman “en un tranquilo estanque en el cual los pequeños pueden entrar y hallar la curación que necesitan”. Así reza El Antiguo Comentario.

Todo el tema del Morador y su relación con el Ángel (una forma simbólica de tratar una gran relación y posibilidad, y un gran hecho en manifestación) recién ahora es posible considerarlo. Sólo cuando el hombre es una personalidad integrada surge verdaderamente el problema del Morador, y sólo cuando la mente está alerta y la inteligencia organizada (como está sucediendo hoy en gran escala) le es posible al hombre percibir, inteligente y no sólo místicamente, al Ángel y así intuir la presencia. Sólo entonces asume poderosas proporciones todo el asunto referente a los obstáculos que personifica el Morador y las limitaciones que pone al contacto y realización espirituales. Sólo entonces pueden ser considerados provechosamente y darse los pasos para inducir la acción correcta.
Ya ha llegado ese momento, y en los dos libros, Los Problemas de la Humanidad y La Reaparición del Cristo, y también en los Mensajes de Wesak y de Luna Llena de Junio, he tratado esta muy factible y urgente situación, que es en sí misma la garantía del progreso humano hacia su meta destinada, así como también la comprobación de los principales obstáculos para alcanzar la realización espiritual.
Las líneas de demarcación existentes entre las zonas reconocidas de influencia entre el Morador y el Ángel son más claras que nunca antes en la historia de la raza. El hombre conoce la diferencia entre correcto e incorrecto y debe ahora elegir el camino que seguirá. En la crisis racial atlante (que fue también una crisis humana completa), cuya historia se halla perpetuada para nosotros en el Bhagavad Gita, Arjuna —símbolo del discípulo y del discípulo mundial de entonces— estaba francamente desconcertado. Esto no es tan cierto ahora. Los discípulos del mundo y el discípulo mundial sí ven las cuestiones hoy relativamente bastante claras. ¿Triunfará la conveniencia o será el Morador sacrificado con amor y comprensión al Ángel? Este es el problema mayor.

Compilado “El Alma, la cualidad de la Vida”; de los libros azules, los libros de Alice Bailey.

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