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El arte de eliminación

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El arte de eliminación

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Reseña:


 

 

Como les dije antes, el plano astral no tiene existencia fáctica, sino que es una creación ilusoria de la familia humana. De ahora en adelante, sin embargo  (por la derrota de las fuerzas del mal y el desastroso revés sufrido por la Logia Negra) el plano astral lentamente se volverá una creación moribunda, y en el período final de la historia humana (en la séptima raza raíz) se volverá inexistente. Hoy esto no sucede. La sustancia senciente que constituye el plano astral todavía está siendo reunida en formas de ilusión y todavía forma una barrera en el sendero del alma que busca liberación. Todavía “mantiene aprisionadas” a las muchas personas que mueren mientras su principal reacción a la vida es la del deseo, de la quimera y de la sensibilidad emocional. Todavía es la gran mayoría. En la época atlante vino a la existencia el plano astral; no existía prácticamente el estado mental de conciencia, aunque los “hijos de la mente” ocupaban su lugar en lo que hoy se considera los niveles superiores de ese plano. El átomo mental permanente también se hallaba prácticamente en estado pasivo dentro de cada forma humana, y por consiguiente no había “tirón” atractivo alguno desde el plano mental, como sucede hoy. Muchas personas todavía son atlantes en conciencia, [e362] y cuando salen del estado físico de conciencia y descartan su cuerpo físico dual, se enfrentan con el problema de la eliminación del cuerpo astral, pero poco tienen que hacer para liberarse de cualquier prisión mental del alma. Estas son las personas comunes y poco evolucionadas quienes, después de la eliminación del cuerpo kámico o de deseo, poco más tienen que hacer; no hay vehículo mental alguno para atraerlas hacia una integración mental porque no hay potencia alguna mentalmente enfocada; el alma en los niveles mentales superiores aún está “en profunda meditación” y totalmente inconsciente de su sombra en los tres mundos.

 

El arte de eliminación, por lo tanto, se divide en tres categorías:

 

  1. Tal como lo practican esas personas cuya cualidad y constitución son puramente astrales; se las denomina “kámicas”.

 

  1. Tal como lo practican las personas equilibradas que ya son personalidades integradas; se las denomina “kama-manásicas”.

 

  1. Tal como lo practican las personas evolucionadas y los discípulos de todos los grados, quienes son principalmente mentales en su “enfoque viviente”; se las denomina “manásicas”.

 

Las mismas reglas básicas controlan a todas ellas, pero el énfasis difiere en cada caso. Les pediría tener presente que donde no hay cerebro físico y donde la mente está sin desarrollo, el hombre interno se encuentra prácticamente sofocado en una envoltura de materia astral y durante largo tiempo sumergido en lo que llamamos plano astral. La persona kama-manásica tiene lo que se llama la “libertad de la vida dual”, y es dueña de una forma dual que le permite hacer contacto a voluntad con los niveles superiores del plano astral y con los niveles inferiores del plano mental. Nuevamente les recordaría que no hay cerebro físico alguno para registrar estos contactos. Concienciación de contacto depende de la actividad innata del hombre interno y su peculiar estado de aprehensión y de apreciación. La persona manásica posee un vehículo mental traslúcido con una tenue densidad que está en proporción con lo libre que ella esté de deseo y emoción.

 

Estos tres tipos de personas usan un proceso eliminador de naturaleza similar, pero emplean una técnica diferente dentro del proceso.

* * *

Debe recordarse, entre otras cosas, que una vez realizada la restitución del físico en sus dos aspectos, el hombre interno se halla, como ya he dicho, plenamente consciente. El cerebro físico y el girar de las fuerzas etéricas (muy desorganizadas en la mayoría de los hombres) ya no están presentes. Estos son los dos factores que han llevado a los estudiantes a creer que las experiencias por las que pasa el hombre en los planos internos de los tres mundos consisten en un distraído vagabundeo, una experiencia semiconsciente, o indican una vida repetitiva, excepto en el caso de gente muy avanzada o discípulos e iniciados. Pero esto no es así. Un hombre en los planos internos no sólo es tan consciente de sí mismo como individuo —con sus propios planes, vida y asuntos— como lo fue en el plano físico, sino que de la misma manera también es consciente de los estados de conciencia circundantes. Quizás esté bajo el glamur de la existencia astral o sujeto a la impresión telepática de las diversas corrientes de pensamiento que emanan del plano mental, pero también es consciente de sí mismo y de su mente (o de la medida de vida manásica desarrollada) de manera mucho más potente que cuando tenía que obrar por medio del cerebro físico, cuando el foco de su conciencia era el del aspirante, sólo anclado en el cerebro. Su experiencia es mucho más rica y plena de lo que pudo haber conocido estando en encarnación. Si reflexionaran sobre esto por un momento, comprenderían que necesariamente debe ser así.

 

Por lo tanto puede suponerse que el Arte de Eliminación es practicado más definida y más efectivamente que la restitución del vehículo físico. … En el aspecto interno, los hombres saben que la Ley de Renacimiento gobierna el proceso de experiencia de la vida del plano físico,…

 

No es mi intención elaborar la técnica del proceso eliminativo. Los seres humanos pasan por tantos estados diferentes —intermedios entre los tres ya delineados— que sería imposible definir o precisar. Atrición es relativamente fácil de comprender, porque al no producirse un llamado de la sustancia física evocando el deseo, el cuerpo kámico muere, y nada existe para nutrir este vehículo. El cuerpo astral viene a la existencia por medio de la interacción recíproca entre el plano físico, que no es un principio, y el principio deseo; en el proceso de renacer, este principio es utilizado con dinámica intención por el alma en el vehículo mental a fin de invertir el llamado, entonces la materia responde al llamado del hombre que reencarna. El hombre kámico, después de un largo proceso de atrición, queda liberado dentro de un vehículo mental embrionario; este período de vida semi-mental es excesivamente breve y llevado a su fin por el alma, que repentinamente “dirige su ojo a aquel que espera”, y por el poder de esa potencia dirigida, reorienta instantáneamente al hombre kámico individual hacia el sendero descendente del renacimiento. El hombre kama-manásico aplica el proceso de retiro y responde al “tirón” de un cuerpo mental en rápido desarrollo. Este retiro es cada vez más acelerado y dinámico, hasta llegar a la etapa en que el discípulo en probación —regido por un creciente contacto con el alma— destroza el cuerpo kama-manásico, como una unidad, por un acto de la voluntad mental, implementada por el alma. Observarán que la experiencia “devachánica” necesariamente será más breve en relación con esta mayoría que con la minoría kámica, porque la técnica devachánica de revisión y reconocimiento de las implicaciones de la experiencia, lentamente va controlando al hombre en el plano físico para que él traiga la significación del significado y aprenda constantemente mediante la experiencia mientras encarna. De este modo podrán comprender además que la continuidad de la conciencia también va desarrollándose lentamente, y la percepción del hombre interno comienza a demostrarse en el plano físico, primero por medio del cerebro físico, y luego independientemente de esa estructura material. He dado aquí una definida insinuación sobre un tema que recibirá amplia atención durante los próximos doscientos años.

 

Extraído de: Un Tratado sobre los Siete Rayos – Tomo IV “Curación Esotérica”, Alice A. Bailey.

 

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