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El Morador en el Umbral

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El Morador en el Umbral

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La luz primero pone de relieve y lleva al primer plano de la conciencia esas formas mentales y entidades que representan la vida inferior, y que (en su conjunto) constituyen el Morador en el Umbral.

Así el aspirante ante todo se da cuenta de lo indeseable, de su falta de mérito y de sus limitaciones e irrumpen en su visión los componentes malsanos de su aura. La oscuridad interna se intensifica por la luz que brilla débilmente desde el centro de su ser, y con frecuencia se desespera y desciende a las profundidades de la depresión. Todos los místicos atestiguan esto, y este período debe ser vivido hasta que la luz pura del día despeje todas las sombras y la oscuridad.

Con frecuencia se considera al Morador en el Umbral como algo desastroso, un horror que debe evitarse y un final y culminante mal. Sin embargo, quiero recordarles que el Morador es “el que está ante el portal de Dios”, mora en la sombra del portal de la iniciación y enfrenta con los ojos abiertos al Ángel de la Presencia, como lo denominan las antiguas escrituras. El Morador puede ser definido como la suma total de las fuerzas de la naturaleza inferior según se expresan en la personalidad, antes de la iluminación, de la inspiración y de la iniciación.

La personalidad por sí misma es en esta etapa extremadamente potente, y el Morador personifica todas las fuerzas psíquicas y mentales que, en el trascurso de las épocas, se han desarrollado en un hombre y nutrido con cuidado. Se lo puede considerar como la potencia de la triple forma material, antes de su consciente cooperación y dedicación a la vida del alma y al servicio de la Jerarquía, de Dios y de la humanidad.

El Morador en el Umbral es todo lo que un hombre es, aparte de su yo espiritual superior; es el tercer aspecto de la divinidad según se expresa en y por medio del mecanismo humano. Este tercer aspecto debe quedar finalmente subordinado al segundo aspecto, el alma.

El Morador en el Umbral siempre está presente, sin embargo sólo entra en actividad en el Sendero del Discipulado cuando el aspirante, esotéricamente, es consciente de sí mismo y de las condiciones inducidas dentro de sí mismo como resultado de su ilusión interna, de su glamur astral y de su maya, que envuelven su vida entera. Siendo ya una personalidad integrada (y nadie es discípulo, hermano mío, si no lo es a la vez mental y emocionalmente, algo que el devoto frecuentemente olvida) estas tres condiciones (preponderando el efecto en uno u otro de los cuerpos) son vistas como un todo, y a este todo se aplica el término de “el Morador en el Umbral”. Constituye en realidad una forma mental vitalizada, personificando las fuerzas mental y astral y la energía vital.

Cuando una encarnación racial y un ciclo zodiacal se sincronizan (lo cual no siempre es el caso) llega un significativo e importante enfoque de la atención del Morador sobre el Ángel y viceversa. Esto está teniendo lugar en este momento al cierre de la era Pisciana y cuando la raza Aria ha alcanzado madurez y una relativamente elevada cota de desarrollo. Discipulado significa madurez, y con maduro desarrollo se enfrenta al Morador.

Todo el tema del Morador y su relación con el Ángel (una forma simbólica de tratar una gran relación y posibilidad, y un gran hecho en manifestación) recién ahora es posible considerarlo. Sólo cuando el hombre es una personalidad integrada surge verdaderamente el problema del Morador, y sólo cuando la mente está alerta y la inteligencia organizada (como está sucediendo hoy en gran escala) le es posible al hombre percibir, inteligente y no sólo místicamente, al Ángel y así intuir la presencia. Sólo entonces asume poderosas proporciones todo el asunto referente a los obstáculos que personifica el Morador y las limitaciones que pone al contacto y realización espirituales. Sólo entonces pueden ser considerados provechosamente y darse los pasos para inducir la acción correcta. Sólo cuando existe una adecuada fusión en la humanidad como un todo, aparece el Gran Morador en el Umbral humano como una entidad integrada, o aparece el Morador en sentido nacional o racial, esparciendo y vitalizando el glamur nacional, racial y planetario, fomentando y nutriendo glamures individuales y evidenciando inconfundiblemente todo el problema. Sólo entonces la relación entre el alma de la humanidad y las fuerzas que ha generado su antigua y potente personalidad, puede asumir proporciones que exigen actividad drástica y cooperación inteligente.

Ya ha llegado ese momento, y en los dos libros, Los Problemas de la Humanidad y La Reaparición del Cristo, y también en los Mensajes de Wesak y de Luna Llena de Junio, he tratado esta muy factible y urgente situación, que es en sí misma la garantía del progreso humano hacia su meta destinada, así como también la comprobación de los principales obstáculos para alcanzar la realización espiritual.

Las líneas de demarcación existentes entre las zonas reconocidas de influencia entre el Morador y el Ángel son más claras que nunca antes en la historia de la raza. El hombre conoce la diferencia entre correcto e incorrecto y debe ahora elegir el camino que seguirá. En la crisis racial atlante (que fue también una crisis humana completa), cuya historia se halla perpetuada para nosotros en el Bhagavad Gita, Arjuna —símbolo del discípulo y del discípulo mundial de entonces— estaba francamente desconcertado. Esto no es tan cierto ahora. Los discípulos del mundo y el discípulo mundial sí ven las cuestiones hoy relativamente bastante claras. ¿Triunfará la conveniencia o será el Morador sacrificado con amor y comprensión al Ángel? Este es el problema mayor.

Extraído de Un Tratado sobre Magia Blanca, Glamur: Un Problema Mundial  y Psicología Esotérica Tomo II.

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