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El pensar como evasión de lo que es

Programa: Reto al cambio


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El pensar como evasión de lo que es

Reto al cambio

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Reseña:


Pregunta: No hay posibilidad de una acción colectiva, sin un plan coordinado que implique la subordinación de la voluntad individual al propósito común. Si los individuos fueran abnegados , no se necesitarían el control y la autoridad. ¿ Cómo podemos alcanzar un propósito común sin refrenar la errática voluntad del individuo, aun cuando a veces ésta sea bien intencionada?

Krishnamurti: A fin de lograr una acción colectiva, recurrimos a la compulsión o al autoritarismo, o bien a una forma de miedo, de amenaza o de recompensa, cosas que nos son familiares a todos. El Estado, o un grupo de individuos, establece cierto propósito, y después compele, coacciona o persuade a los demás para que cooperen, esgrimiendo a tal fin la recompensa o el castigo, todos los diversos medios que conocemos para producir una acción coordinada. Es decir, si hay un propósito común con el que estamos todos de acuerdo, ¿no debemos, entonces someternos a él y dejar a un lado nuestra propia voluntad?

¿Cómo es posible la cooperación? Éste es, en realidad, el quid de la cuestión, ¿no? La cooperación, la acción coordinada descansa, o bien en el miedo, o en la inteligencia y el amor. Cuando determinada nación está en guerra, hay una cooperación que se basa en el miedo. Y, al parecer, el miedo, el odio, la envidia, unen a las personas más rápidamente que la inteligencia y el amor. Hábiles estadistas, políticos, conocen esto y lo instigan; también con eso estamos familiarizados. Pero ¿es posible unir a las personas inteligentemente, por obra del afecto? Ése es el verdadero problema, ¿no? Vemos que más y más gente se une a causa del odio, del miedo, de la coacción: movimientos de masas, el uso de métodos psicológicos de persuasión, la propaganda y demás. Si ése es el camino, entonces es inútil lo que estamos discutiendo. Pero, si no cooperamos, si no nos unimos por obra de la codicia, ¿hay algún otro modo de hacerlo? Y, si lo hay, ¿no debemos someter la voluntad individual a un propósito más elevado?
Digamos, por ejemplo, que todos concordamos en que debe haber paz en el mundo. Y ¿Cómo es posible esa paz? La paz es posible, sin duda, sólo cuando hay abnegación, cuando el “yo” no es importante. Debido a que en mí mismo soy pacífico, mis acciones serán pacíficas y, por ende, no seré antisocial. Desde mí mismo desecharé todo aquello que contribuye a la hostilidad. En consecuencia, debo pagar el precio por la paz, ¿no es así? La paz debe originarse en mí. Y cuantos más de nosotros, como individuos, estemos a favor de la paz, mayor será la posibilidad de paz en el mundo — lo cual no implica subordinar la voluntad individual al conjunto, a un propósito, a un plan, a una utopía — . Veo que no podrá haber paz hasta que yo no sea pacífico, lo cual quiere decir: nada de nacionalismo, nada de clases sociales, etc., usted sabe, todas las cosas que incluye el hecho de ser pacífico, hecho que implica ser completamente abnegado, desinteresado. Y cuando eso exista, cooperaremos. Será inevitable que haya cooperación. Pero cuando hay compulsión desde afuera para obligarme a cooperar con el Estado, con un grupo, podré cooperar, pero internamente estaré luchando, internamente no habrá paz. O, puede que use la utopía como un medio de autorrealización, lo que también es una expansión de mí mismo.
Así, pues en tanto haya sometimiento de la voluntad individual a una determinada idea, debido a la codicia, a la identificación, es inevitable el conflicto entre el individuo y la masa. Por lo tanto, el acento ha de ponerse no en el individuo y lo colectivo como opuestos el uno al otro, sino en la libertad respecto del sentido del “yo” y “lo mío”. Si esa libertad existe, no hay tal problema de lo individual y lo colectivo opuestos entre sí. Pero, dado que eso parece casi imposible, nos persuaden para que nos unamos a lo colectivo a fin de producir cierta clase de acción, para que sacrifiquemos al individuo en pro del conjunto; y el sacrificio nos lo imponen otros, los líderes. Podemos, en cambio, considerar todo este problema, no como concerniente a lo individual y a lo colectivo, sino considerarlo inteligentemente, y damos cuenta de que no podrá haber paz en tanto cada uno de nosotros no sea pacífico, y de que esa paz no puede ser comprada a ningún precio. Ustedes y yo debemos estar libres de las causas que generan conflicto dentro de nosotros. Y el centro del conflicto es el “sí mismo”, el “yo». Pero la mayoría de nosotros no desea estar libre de ese “yo”.
Ésa es la dificultad. A casi todos nos agradan los placeres y dolores que genera ese “yo”; y en tanto estemos gobernados por los placeres y dolores del “yo”, habrá conflicto entre el “yo” y la sociedad, entre el “yo” y lo colectivo; y lo colectivo dominará al «yo” y lo destruirá si puede. Pero el “yo” es mucho más fuerte que lo colectivo, y trata de obtener en lo colectivo una posición, trata de expandirse, de realizarse.
Por cierto, la libertad respecto del “yo” y, en consecuencia, la búsqueda de la realidad, el descubrimiento de la realidad, es la verdadera función del hombre. Las religiones juegan con eso en sus rituales y en sus jerigonzas, ya conocen ustedes todo ese asunto. Pero, si uno cobra conciencia de todo este proceso, proceso que hemos estado discutiendo durante tantos años, entonces hay posibilidad de que funcione la inteligencia recién despierta. En eso no hay auto liberación ni autorrealización, sino creatividad. Esta creatividad de lo real, que no pertenece al tiempo, es lo que nos libera de toda la cuestión de lo colectivo y lo individual. Entonces uno está verdaderamente en situación de contribuir a crear lo nuevo.

Obras Completas Tomo 6
6 de agosto de 1949

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