0%

El propio acto de Ver y Escuchar

Programa: Reto al cambio


Lista de tracks:


El propio acto de Ver y Escuchar

Sumar a la lista de reproducción

Reseña:


El propio acto de Ver y Escuchar

El propio acto de ver o de escuchar es atención; eso no tenemos que practicarlo en forma alguna; si practicamos, inmediatamente nos volvemos inatentos. Usted está atento y la mente divaga; déjela divagar, pero sepa que está desatenta; el estar consciente de esa inatención es atención. No batalle con la inatención; no trate de hacerlo diciendo: «Tengo que estar atento» sería pueril hacerlo. Sepa que está inatento; esté consciente, sin elección, de que no está atento ¿qué importa?- y en ese momento, en esa inatención, cuando hay acción, dése cuenta de esa acción. ¿Comprende esto? ¡Es tan sencillo! Si lo hace llega a ser tan claro, tan claro como el agua.
El silencio de la mente es belleza en sí mismo. Escuchar un pájaro, la voz de un ser humano, al político, al sacerdote, todo el ruido de la propaganda existente, escuchar en completo silencio, significa oír mucho más, ver mucho más. Ese silencio no es posible si nuestro cuerpo no está quieto en absoluto. El organismo tiene que estar completamente quieto, libre de todas sus reacciones nerviosas de la agitación, del movimiento incesante de los dedos y los ojos- de todo su desasosiego general. ¿Han tratado ustedes alguna vez de sentarse completamente quietos, sin un solo movimiento del cuerpo, inclusive los ojos? Háganlo durante dos minutos. En esos dos minutos la cosa completa se revela si saben cómo mirar.
Cuando el cuerpo está quieto, la sangre fluye en mayor cantidad a la cabeza. Pero si nos sentamos agachados y en forma descuidada, entonces se hace más difícil para la sangre llegar a la cabeza tenemos que saber todo esto. Por otro lado, podemos hacer cualquier cosa y meditar; cuando vamos en el autobús o cuando conducimos un vehículo el poder meditar mientras conducimos un vehículo constituye una de las cosas más extraordinarias- tengan cuidado, pues les aseguro que eso es así. El cuerpo tiene su propia inteligencia, pero el pensamiento la ha destruido. El pensamiento busca el placer y de esa manera nos impulsa a la gratificación, al exceso en el comer o en lo sexual; obliga al cuerpo a hacer ciertas cosas si es perezoso, lo fuerza a no serlo, o sugiere que tomemos una pastilla para mantenernos despiertos. De esa manera la inteligencia innata del organismo se destruye y se torna insensible. Uno necesita gran sensibilidad, de manera que tiene que observar lo que come uno sabe lo que ocurre si come en exceso. Cuando hay gran sensibilidad hay inteligencia y, por lo tanto, amor; entonces el amor es júbilo, es un gozo intemporal.
La mayoría de nosotros padecemos dolores físicos en una u otra forma. Ese dolor por lo general perturba la mente, que dedica días y aun años pensando en él «desearía no haberlo tenido», «¿estaré sin él alguna vez?» Cuando el cuerpo tenga dolor, vigílelo, obsérvelo y no deje que el pensamiento interfiera con él.
La mente, incluyendo el cerebro y el corazón, deben estar en total armonía. Ahora bien, ¿cuál es el propósito de todo esto? Esta clase de vida, esta clase de armonía, ¿qué ventaja tiene para el mundo, donde hay tanto sufrimiento? Si una o dos personas disfrutan de esta vida extática, ¿de qué sirve eso? ¿De qué sirve el formular esta pregunta? de nada en absoluto. Si esta cosa extraordinaria está funcionando en nuestra vida, entonces eso es todo; entonces nos convertiremos en el maestro, en el discípulo, en el vecino, en la belleza de la nube entonces somos todo eso, y eso es amor.
J.Krishnamurti
Obras Completas

Jugar Cubierta El Título De La Pista
La Pista De Los Autores