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Encuentro con la Vida

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Encuentro con la Vida

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Dialogo con Sofia Cappato.

Tal como es nuestra vida cotidiana, así es nuestra sociedad. ¿Comprenden, señores? La sociedad no es diferente de nosotros, de lo que somos, de lo que hemos sido; o sea, es la comunidad en que vivimos. El desorden social existe porque somos desordenados en nuestra propia vida. Sin embargo, el orden no puede surgir por medio de la organización intelectual, a través de un plan; hemos intentado todas estas cosas por miles de años; son muchísimos los seres humanos que se han esforzado por crear una nueva sociedad, una comunidad nueva, una nueva forma de vivir, y todos ellos han fracasado y siempre fracasarán, porque construyen sobre una fórmula, sobre un concepto, sobre una ideología.

Vamos, pues, a averiguar si podemos dedicar nuestros corazones a resolver este problema de la existencia: la tortura diaria del vivir, la diaria desdicha, la diaria confusión, las efímeras alegrías y los placeres pasajeros, a todo lo cual llamamos vida. Ustedes no pueden resolver eso sin comprenderlo, y comprenderlo es amarlo. Pero no pueden amarlo si no saben qué implica la separación y qué significa estar relacionado; vamos a examinar eso, no de manera intelectual o verbal, sino de hecho. Hacer esto es mirar, observar en qué consiste nuestra presente relación, la relación cotidiana con nuestra esposa, con nuestra familia, con nuestro jefe, con nuestro vecino, y ver si es de algún modo posible ir más allá de esta separativa y limitada existencia.

En primer lugar, no queden presos en las palabras, ¿comprenden? La palabra no es la cosa real, la palabra “árbol” no es el árbol real ?eso es muy simple-. La palabra no los ayudará a tocar el árbol; ustedes tienen que entrar en contacto con él, apoyar la mano sobre el árbol. Somos esclavos de las palabras, esclavos de ideas, imágenes y símbolos. Para que podamos entrar en contacto directo con algo, la palabra no tiene que interferir. Por lo tanto, uno tiene que aprender el arte de ver y escuchar, y descubrir cómo mirar, cómo mirar el mundo en que vivimos, cómo mirar un árbol, una nube, la belleza del crepúsculo. Para ver algo muy claramente, tenemos que ser sensibles, ¿comprenden? Y si nuestras manos son ásperas, brutales, crueles, no podemos tocar el árbol. Si tenemos los ojos cegados por las preocupaciones, por nuestros dioses, por nuestra esposa, por nuestro sexo, por nuestros temores, no podemos ver la nube, la belleza de la puesta del sol.

Uno tiene que aprender cómo mirar, cómo ver, y este arte no podemos aprenderlo de otro, uno tiene que hacerlo por sí mismo. Aunque quien les habla lo está explicando, no se dejen llevar por la explicación, sino háganlo realmente. No digan: “Trataré de hacerlo”, ésa es una de las declaraciones más evasivas que puedan jamás pronunciar. O lo hacen o no lo hacen; no existe el “tratar” o el “hacer lo mejor que puedan”.

Cuando miran una hoja, ¿cómo la miran? Obviamente, la miran con los ojos pero también la miran con la mente ?la mente que tiene su propia memoria de la hoja, el nombre botánico de esa hoja-. Así que la miran con los ojos, pero también la miran a través de recuerdos asociados, ¿correcto? Tiene lugar un proceso dual. Ustedes ven con los ojos y también ven a través de la memoria, a través de la imagen que tienen de esa hoja (o de la esposa o el marido o de la nube).

El mundo necesita cooperación, este país la necesita desesperadamente. Este país, que se está dividiendo tan catastróficamente por las divisiones lingüísticas, por las mezquinas divisiones ideologicas y así sucesivamente, necesita de la cooperación para poder siquiera vivir. ¿Cómo pueden cooperar unos con otros si no tienen amor? ¿Cómo pueden usar la palabra “cooperación” cuando son ambiciosos, separativos, competidores y se dividen entre ustedes mismos mediante palabras, dogmas y creencias? Sin embargo, cuando sepan cómo cooperar verdaderamente, también sabrán cómo no cooperar, tienen que saber ambas cosas. Cuando conozcan el sentido y la profundidad y la significación del cooperar, entonces sabrán cuál es el momento para una acción correcta de no cooperación. Pero primero debe uno saber cómo cooperar, y no podemos cooperar si hay separación. Si tienen una imagen, la separación existirá siempre, aunque vivan en una familia, aunque duerman con la esposa o el marido. Vean, en primer lugar, que a causa de la imagen que tienen, imagen de ambición, de codicia, de envidia y de éxito, aunque ambos puedan vivir en la misma casa y engendrar hijos, están separados, no están cooperando. La cooperación puede surgir solamente cuando hay amor. El amor no es sentimental, no tiene nada que ver con el emocionalismo, el amor no es placer, no es deseo. Para dar con esta cosa extraordinaria, con su belleza, tienen ustedes que aprender a mirar, a mirar ese árbol, a mirar a la esposa y a los hijos.

Del Libro : Encuentro con la Vida.

www.jkrishnamurti.org

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