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Espiritualidad es rectas relaciones humanas

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Espiritualidad es rectas relaciones humanas

La Voz del Silencio

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El cambio del viejo orden, el despertar de la humanidad a las nuevas posibilidades y la purificación de la arena política y económica hoy son los factores del más alto valor espiritual. Lo que tiene por móvil el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra es espiritual; eso no puede tener lugar hasta que mucho haya sido cambia-do en los asuntos y el vivir humanos.

El Reino de Dios inaugurará un mundo en el cual se comprenderá que —políticamente hablando— la humanidad, como un todo, es de mucha mayor importancia que cualquier nación; será un nuevo orden mundial, construido sobre principios diferentes que en el pasado, y en el cual los hombres llevarán la visión espiritual a sus gobiernos nacionales, a su planeamiento económico y a todas las medidas tomadas para ocasionar seguridad y rectas relaciones humanas. Nueva-mente, repetiré: espiritualidad es esencialmente el establecimiento de rectas relaciones humanas, la promoción de la buena voluntad y finalmente el establecimiento de la verdadera paz en la tierra, como resultado de estas dos expresiones de la divinidad.

El mundo hoy está lleno de voces beligerantes; en todas partes hay protesta en contra de las condiciones mundiales; todo está siendo arrastrado a la luz del día; los abusos se están gritando desde los tejados, como el Cristo profetizó que lo serían. La razón de toda esta protesta, discusión y ruidosa crítica es que, a medida que los hombres despiertan a los hechos y comienzan a pensar y planificar, se dan cuenta de la culpa dentro de ellos mismos; sus conciencias los incomodan; son conscientes de la desigualdad de oportunidad, de los graves abusos, de las afianzadas diferencias entre hombre y hombre y del factor de discriminaciones raciales y nacionales; cuestionan sus propias metas individuales como también la planificación nacional. Las masas de hombres en todos los países están comenzando a darse cuenta de que son en gran parte responsables de lo que está mal, y de que su inercia y falta de correcta acción y correcto pensamiento, ha conducido al desdichado estado actual de los asuntos mundiales. Lo que tengo que decir, por lo tanto, constituye un desafío y ningún desafío es siempre totalmente bienvenido.

La batalla entre las viejas fuerzas atrincheradas y el nuevo idealismo emergente constituye el problema hoy en día; otros factores —aunque importantes, individual o nacionalmente— son insignificantes desde el punto de vista verdadero y espiritual.

La unidad, la paz y la seguridad de las naciones, grandes y pequeñas, no se lograrán siguiendo la guía del capitalista codicioso o del ambicioso en cualquier nación, y no obstante, en muchas situaciones, esa guía está siendo aceptada; no se obtendrán siguiendo ciegamente una determinada ideología, no importa cuán buena pueda parecerles a quienes están condicionados por ella; no obstante hay quienes están procurando imponer al mundo su ideología particular —y no me refiero so-lamente a Rusia. Tales condiciones ideales no se alcanzarán sentándose cómodo y dejando el cambio de condiciones a Dios o al proceso evolutivo; no obstante hay quienes no dan un paso para ayudar, aun cuando conocen bien las condiciones con las que tienen que lidiar las Naciones Unidas.

Unidad, paz y seguridad vendrán mediante el reconocimiento —inteligentemente evaluado— de los males que han conducido a la presente situación mundial, y luego mediante dar esos pasos inteligentes, compasivos y comprensivos que conducirán a establecer rectas relaciones humanas, a sustituir el actual sistema competitivo por el de cooperación, y educar a las masas en todos los países respecto a la naturaleza de la verdadera buena voluntad y su potencia hasta ahora no utilizada. Esto significará desviar incalculables millones de dinero hacia sistemas correctos de educación, en vez de emplearlos las fuerzas bélicas y convertirlos en ejércitos, armadas y armamentos.

Esto es lo espiritual; esto es lo importante y esto es para lo que deben luchar to-dos los hombres. La Jerarquía espiritual del planeta está principalmente interesa-da en descubrir a los hombres que trabajarán a lo largo de estas líneas; está principalmente interesada en la humanidad, en la comprensión de que los pasos da-dos por la humanidad durante los próximos cincuenta años [Escrito en Diciembre de 1946] condicionarán la nueva era y determinarán el destino del hombre. ¿Será un destino de aniquilación, de una guerra planetaria, de hambruna y peste en todo el mundo, de una nación levantándose en contra de otra y del completo colapso de todo cuanto hace la vida digna de ser vivida? Todo esto bien puede suceder a me-nos que se hagan cambios fundamentales y que se hagan con buena voluntad y comprensión amorosa.

La masa de hombres necesita despertar para ver que el bien llega a todos los hombres por igual y no sólo a unos pocos grupos privilegiados, y aprender también que “el odio no cesa por el odio sino que el odio cesa por el amor”. Este amor no es un sentimiento, sino buena voluntad práctica, expresándose a través de individuos, en comunidades y entre naciones.

[Bibliografía: Los Problemas de la Humanidad (edición completa en español 2014 –SIETE capítulos) del libro original de Alice A. Bailey de 1947, editado por Fundación Lucis)]. www.lucis.org

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