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Ilusión

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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La ilusión es el modo con que la comprensión limitada y el conocimiento material interpretan la verdad, y la velan y ocultan tras una nube de formas mentales, las cuales se hacen más reales que la verdad que velan, controlando por lo tanto el acercamiento del hombre a la Realidad.

No se niega la existencia del mundo de los fenómenos, pero se considera que la mente interpreta mal y rehúsa ver ese mundo tal cual es en realidad. Consideramos que esta mala interpretación constituye la Gran Ilusión.

 El Problema de la Ilusión reside en que es una actividad del alma y resultado del aspecto mental de todas las almas en manifestación. El alma está sumergida en la ilusión y no puede ver con claridad hasta el momento en que aprende a verter su luz, haciéndola llegar a la mente y el cerebro.

Quisiera llamarles la atención sobre el hecho de que los pensadores empezarán a liberar al mundo de la ilusión por la meditación y la técnica de controlar la mente. De ahí el acrecentado interés por la meditación a medida que el peso del glamur mundial se va percibiendo cada vez más, y de ahí la vital necesidad de comprender correctamente la forma de controlar la mente.

Ilusión es, principalmente, una cualidad mental que caracteriza la actitud mental de las personas que son más intelectuales que emotivas, las cuales han trascendido el glamur, tal como se lo interpreta generalmente.

Hoy la ilusión es tan poderosa que existen pocas personas de mente desarrollada que no estén controladas por estas vastas formas mentales ilusorias, las cuales tienen sus raíces y extraen su vida de la vida inferior de la personalidad y de la naturaleza de deseo de las masas.

Glamur, como hemos visto, es muy antiguo y ha surgido antes que la ilusión. Contiene en sí muy poca cualidad mental, siendo el principal factor que controla a la mayoría. El objetivo de todo el entrenamiento que se da en el Sendero del Discipulado y hasta la tercera Iniciación, es inducir a pensar con claridad, lo cual hará que el discípulo pueda liberarse de la ilusión, proporcionándole esa estabilidad y equilibrio emocional que impedirá la entrada a cualquier glamur mundial.

El discípulo es la víctima y, esperemos, el disipador de glamur e ilusión, de allí la complejidad de su problema y la sutileza de sus dificultades. A la vez debe tener en cuenta (para su fortalecimiento y estímulo) que cada parte de glamur disipado y cada ilusión reconocida y superada “despeja el camino” a los que le siguen, y simplifica el sendero de sus condiscípulos. Por excelencia, es el Gran Servicio, y sobre este aspecto les llamo la atención. Por eso trato en estas instrucciones de esclarecer la cuestión.

Uno de los problemas que enfrenta el aspirante es reconocer el glamur y ser consciente de los glamures que acechan su camino y de las ilusiones que erigen un muro entre él y la luz. Ya es bastante poder reconocer que glamur e ilusión existen. La mayoría no es consciente de su existencia. Muchas personas buenas no los ven, divinizan sus glamures y consideran sus ilusiones como posesiones arduamente conquistadas y muy apreciadas.

El aspirante logra hacer contacto con su alma o ego mediante el correcto esfuerzo. Por la meditación, la buena intención y la correcta técnica, más el deseo de servir y amar, obtiene el alineamiento. Entonces llega a ser consciente del resultado de su exitoso trabajo. Su mente se ilumina. Un sentido de poder fluye a través de sus vehículos. Es consciente del Plan, al menos temporariamente. La necesidad del mundo y la capacidad del alma para enfrentar esa necesidad invaden su conciencia. Su dedicación, consagración y correcto propósito aumentan la afluencia de energía espiritual. Conoce. Ama. Trata de servir, realizando las tres cosas con mayor o menor éxito. El resultado de todo ello es que el sentido de poder y la parte que debe desempeñar para ayudar a toda la humanidad lo absorben más que la comprensión del debido y adecuado sentido de proporción y de los valores espirituales. Se sobreestima a sí mismo y también su experiencia. En lugar de redoblar sus esfuerzos y establecer un contacto más estrecho con el reino de las almas y amar más profundamente a todos los seres, empieza a hacer alarde de sí mismo, de la misión que tiene que cumplir y de la confianza que el Maestro y hasta el Logos planetario han depositado evidentemente en él. Habla de sí mismo, gesticula y atrae la atención, reclamando reconocimiento. A medida que lo realiza malogra constantemente su alineamiento, su contacto se aminora, uniéndose a las filas de los que han sucumbido a la ilusión del poder experimentado. Esta forma de ilusión prevalece cada vez más entre los discípulos y aquellos que han tomado las dos primeras iniciaciones. Existen en el mundo muchas personas que han recibido la primera iniciación en una vida anterior. En algún período del actual ciclo de vida, que repite y recapitula los acontecimientos de su progreso anterior, llegan nuevamente a la etapa de realización que habían alcanzado anteriormente. Perciben el significado de su realización y el sentido de su responsabilidad y conocimiento. Nuevamente se sobreestiman, considerándose a sí mismos y a sus misiones como algo excepcional entre los hijos de los hombres, y su esotérica y subjetiva demanda de reconocimiento penetra y malogra lo que de otro modo podría haber sido un servicio fructífero. Cualquier énfasis puesto sobre la personalidad puede distorsionar muy fácilmente la pura luz del alma cuando trata de fluir a través del yo inferior. Todo esfuerzo para llamar la atención hacia la misión o tarea que ha asumido la personalidad, desvirtúa esa misión y restringe al hombre en su tarea; ello conduce a diferir su cumplimiento hasta el momento en que el discípulo sólo sea un canal por el cual pueda afluir el amor y brillar la luz. Esta afluencia y brillo deben ser acontecimientos espontáneos y carecer de toda alusión propia.

Sólo la intuición puede disipar la ilusión y de allí la necesidad de entrenar a intuitivos. De allí el servicio que pueden prestar a esta causa general, ofreciéndose para recibir este entrenamiento.

 

 Extraído de Glamur: Un Problema Mundial y Sicología Esotérica Tomo II.

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