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Karma

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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La Ley del Karma es la más estupenda del sistema, imposible de ser comprendida por el hombre medio, porque si se la considera retrospectivamente hacia su raíz central y sus numerosas ramificaciones, finalmente uno llega a la posición en que hay que tratar causas anteriores al sistema solar, y este punto de vista sólo puede ser útilmente comprendido por un alto iniciado.

Esta gran ley en realidad concierne a, o tiene su fundamento en, las causas inherentes a la constitución de la materia misma y a la interacción entre unidades atómicas, si empleamos esta expresión en relación con un átomo de sustancia, un ser humano, un átomo planetario o un átomo solar.

Liberarse del karma, tan superficialmente mencionado por los seudos estudiantes de ocultismo, después de todo es liberar al átomo de su propio problema personal (el problema de responder a la sensación unitaria) y aceptar conscientemente la respuesta y el trabajo grupales.  El hombre ya no está esclavizado por el ritmo de la materia en sí, sino que la controla en los tres mundos de su esfuerzo; sin embargo, aún está controlado por el karma grupal del centro planetario, por su influencia, su vida e impulso vibratorio.

Se evidencia que cuando el hombre habla de karma, se refiere a algo mucho más vasto que la interacción de la causa y el efecto dentro de la esfera de su rutina individual. Finalmente, lo rige la voluntad del Logos solar cuando se manifiesta como actividad inicial. No es conveniente ir más allá de esto, pues ya se ha dicho bastante como para demostrar que cada átomo humano está dominado por fuerzas fuera de su propia conciencia, que impulsan a él y a sus semejantes a situaciones incomprensibles e ineludibles.

Sin embargo, dentro de ciertos límites, el hombre definidamente “controla su destino” y puede iniciar una actividad cuyos efectos él reconocerá como dependientes de la actividad que despliega en determinada línea. Aunque constituya el punto de reunión de fuerzas fuera de su control, sin embargo puede emplear la fuerza, la circunstancia y el medio ambiente y, si lo desea, aplicarlos para sus propios fines.

Cuando la conciencia incipiente del cerebro físico del hombre comprende la voluntad y el propósito del Ego, entonces se neutraliza la Ley del Karma en los tres mundos y el hombre se halla al borde de su liberación.

Cuando señalo que la Ley de Karma, correctamente comprendida y correctamente ejercida, puede traer más fácilmente aquello que produce felicidad, el bien, y la liberación del dolor, que aquello que trae dolor, con su concatenación de consecuencias, ¿se sienten capaces de captar la significación de lo que estoy diciendo?

La Ley de Karma no es la Ley de Retribución, como uno podría suponer cuando lee los libros actuales sobre el tema; eso es sólo un aspecto de la actuación de la Ley de Karma.

Los hombres interpretan estas leyes tenuemente presentidas en términos de conclusión y desde su pequeño punto de vista. La idea de retribución corre a lo largo de gran parte de la enseñanza sobre el Karma, por ejemplo, porque los hombres buscan una verosímil explicación de las cosas tal como parecen ser, y ellos mismos son afectos a repartir retribución. Sin embargo hay mucho más karma bueno que malo, por poco que lo crean al estar inmersos en un período como el actual.

La Ley del Karma es actualmente un grande e incontrovertible hecho en la conciencia de la humanidad. Quizás no la denominen así, pero es bien consciente que en todos los acontecimientos las naciones actuales están cosechando lo que han sembrado. Esta gran ley —que en una época fue una teoría— es ahora un hecho comprobado y un factor reconocido por el pensamiento humano. La pregunta “¿Por qué?” tan frecuentemente formulada, hace surgir con repetida inevitabilidad el factor causa y efecto. Los conceptos que se tienen acerca de la herencia y el medio ambiente son esfuerzos hechos para explicar las condiciones humanas existentes; cualidades, características raciales, temperamentos nacionales e ideales, comprueban el hecho de que existe algún mundo iniciador de causas. Las condiciones históricas, las relaciones entre naciones, las restricciones sociales, las convicciones religiosas y las tendencias, pueden ser atribuidas a causas originantes, algunas de ellas muy antiguas. Todo lo que acontece en el mundo de hoy y que afecta tan poderosamente a la humanidad —cosas bellas y horribles, modos de vivir, civilización y cultura, prejuicios y preferencias, adquisiciones científicas y expresiones artísticas y las innumerables maneras con que la humanidad colora la existencia de todo el planeta— son aspectos de efectos iniciados por los seres humanos, en alguna parte, en algún nivel y época, ya sea en forma individual o en masa.

Por lo tanto, karma es lo que el Hombre —el Hombre celestial en el cual vivimos toda la humanidad, el género humano como grupo de naciones y el hombre individual— ha instituido, llevado a cabo, fomentado, realizado o no, en el trascurso de las épocas hasta el momento actual. Hoy el fruto está maduro, y el género humano está cosechando lo que ha sembrado, en preparación para arar nuevamente en la primavera de la nueva era, sembrando nuevas simientes que producirán una mejor cosecha (roguemos y esperemos que así sea).

 

Extraído de Un Tratado sobre Fuego Cósmicoy Curación Esotérica.

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