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La busqueda de luz

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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El ser humano —simplemente porque él mismo es fragmentario e incompleto— siempre tiene dentro de sí mismo este impulso de buscar lo otro y más grande que él mismo. Esto es lo que lo lleva de vuelta al centro de su ser, y esto es lo que lo obliga a tomar el sendero de retorno al Omni-Yo. Siempre, a través de los eones, el Hijo Pródigo se levanta y va a su Padre, y siempre latente dentro de él está el recuerdo del Hogar del Padre y la gloria que allí se encuentra.

Pero la mente humana está constituida de tal manera que la búsqueda de la luz y del ideal es necesariamente larga y difícil. “Ahora vemos a través de un vidrio oscuramente, pero luego cara a cara”. Ahora captamos destellos, a través de las ventanas ocasionales que pasamos en nuestro ascender la escalera, de otros Seres más grandes que nosotros mismos; Ellos nos extienden manos auxiliadoras y en claros y altos tonos nos llaman a seguir luchando valientemente si tenemos la esperanza de estar donde Ellos están ahora.

Alrededor de nosotros detectamos bellezas y glorias en las que aún no podemos deleitarnos; revolotean a nuestra visión y tocamos la gloria en un momento sublime sólo para volver a perder el contacto y hundirnos de nuevo en la lóbrega oscuridad que envuelve. Pero sabemos que afuera y más allá hay algo a desearse; aprendemos también el misterio de que esa maravilla externa sólo puede ser contactada retirándose dentro, hasta hallar el centro de conciencia que vibra en sintonía con esas maravillas tenuemente conciencializadas y con esas radiantes Almas que se llaman a Sí mismas nuestros Hermanos Mayores.

Únicamente pisoteando las envolturas externas que velan y ocultan el centro interno alcanzamos la meta, y encontramos a Los que buscamos. Sólo dominando todas las formas, y poniendo esas formas bajo el dominio del Dios interno, podemos hallar el Dios en todo, pues sólo las envolturas en las que nos movemos en el plano del ser, es lo que nos oculta a nuestro Dios interno y nos aísla de Aquellos en Quienes el Dios trasciende todas las formas externas.

El gran iniciado, Quien voceó las palabras que cito aquí, añadió aun otras palabras de radiante verdad: “Entonces nos conoceremos igual como somos conocidos”. El futuro guarda para cada uno y para todos quienes se esfuerzan debidamente, quienes sirven altruistamente y meditan ocultamente, la promesa de conocer a Quienes ya tienen pleno conocimiento de aquel que lucha. Allí reside la esperanza para el estudiante de meditación; a medida que él lucha, a medida que él fracasa, a medida que él persevera y a medida que él laboriosamente reitera día tras día la ardua tarea de concentración y de control de la mente, allí en el aspecto interno están Quienes lo conocen, y Quienes con entusiasta simpatía observan el progreso que él hace.

La luz primero pone de relieve y lleva al primer plano de la conciencia esas formas mentales y entidades que representan la vida inferior, y que (en su conjunto) constituyen el Morador en el Umbral.

Así el aspirante ante todo se da cuenta de lo indeseable, de su falta de mérito y de sus limitaciones e irrumpen en su visión los componentes malsanos de su aura. La oscuridad interna se intensifica por la luz que brilla débilmente desde el centro de su ser, y con frecuencia se desespera y desciende a las profundidades de la depresión. Todos los místicos atestiguan esto, y este período debe ser vivido hasta que la luz pura del día despeje todas las sombras y la oscuridad; así poco a poco la vida se ilumina y brilla hasta que el sol en la cabeza fulgura en toda su gloria.

“El sendero del justo es como una Luz brillante” y sin embargo al mismo tiempo el hombre tiene que llegar a ser él mismo ese sendero. Entra en la luz y llega a ser la luz, y funciona entonces como una lámpara encendida en un lugar oscuro, llevando iluminación a otros e iluminando el camino ante ellos.

Sólo por amor se huella el sendero de luz y conocimiento. La meta para todos es amor y allí radica la fusión.

Este es el sendero a ser hollado por uno y todos, y el método es meditación. La meta es perfecto amor y sabiduría; el método es el de la meditación ocultista; la recompensa es la continua expansión de conciencia…

La nueva cultura surgirá y vendrá a la existencia a medida que todos aquellos que tienen conciencia de la luz y la meta del servicio puro (que tal conciencia inevitablemente conlleva) prosigan con su tarea asignada —una tarea autodesignada en todos los casos— de vivir y enseñar la verdad sobre la luz, como la oportunidad ofrece.

La luz de la intuición despliega ante la visión del alma dentro de la personalidad, la naturaleza de Dios y la unidad del Todo. La inquietud del deseo material, buscando su satisfacción en los tres mundos, finalmente da lugar a la aspiración hacia el contacto del alma y la vida del alma.

“SOY UN PUNTO DE LUZ DENTRO DE UNA LUZ MAYOR
SOY UNA CORRIENTE DE ENERGÍA AMOROSA DENTRO DE LA CORRIENTE DE AMOR DIVINO
SOY UN PUNTO DE FUEGO SACRIFICIAL
ENFOCADO DENTRO DE LA ARDIENTE VOLUNTAD DE DIOS
Y ASÍ PERMANEZCO
SOY UN CAMINO POR EL CUAL LOS HOMBRES PUEDEN LLEGAR A LA REALIZACIÓN.
SOY UNA FUENTE DE FUERZA QUE LES PERMITE PERMANECER
SOY UN HAZ DE LUZ QUE ILUMINA SU CAMINO
Y ASÍ PERMANEZCO
Y PERMANECIENDO ASÍ GIRO
Y HUELLO LOS CAMINOS DE LOS HOMBRES, Y CONOZCO LOS CAMINOS DE DIOS
Y ASÍ PERMANEZCO ”

 

Compilado “El Alma, la cualidad de la Vida”; de los libros azules, los libros de Alice Bailey.

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