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La comprensión del negar

Programa: Reto al cambio


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La comprensión del negar

Reto al cambio

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Si me aferro a mi hinduismo con todas sus supersticiones, creencias, dogmas, tradiciones y toda esa tontería y

aparece ante mí algo nuevo, o surge un nuevo reto, sólo puedo responder partiendo de lo viejo. Por eso veo que la

respuesta de lo viejo no es el camino hacia el descubrimiento. ¿Cierto? Por lo tanto, no dependeré del pensamiento,

aunque sea el de la persona más erudita, ni del mío propio. De modo que desecho completamente (por favor, háganlo

mientras hablamos) el uso del pensamiento para investigar. ¿Puede uno hacerlo? Parece fácil, pero, en realidad,

¿podemos hacerlo? Lo cual significa que aquí tenemos un reto totalmente nuevo. Lo miro con ojos nuevos, con

claridad. El pensamiento, sin embargo, por muy maduro, astuto y libre que sea, no trae claridad. Veo así que el

pensamiento no es el camino para descubrir lo esencial, de modo que no desempeña papel alguno en esta búsqueda,

en esta investigación. ¿Puede usted experimentarlo? Significa que el pensamiento, que es viejo, que está interfiriendo

de modo constante, ya no se impone ni domina. ¿Qué ocurre entonces? Por favor, observe esto usted mismo. Cuando

usted ya no busca algo en términos de su condicionamiento, entonces ha negado -¿no lo ha hecho usted?- toda la

carga del ayer.

Lo que trato de decir es en realidad muy sencillo, usted tiene que hallar una nueva manera de vivir, de actuar,

para poder descubrir lo que significa el amor. Y para descubrir eso, no puede usar los viejos instrumentos que

tenemos. El intelecto, las emociones, la tradición, el conocimiento acumulado: esos son los viejos instrumentos. Los

hemos utilizado de manera interminable, sin que hayan producido un mundo diferente, un estado mental distinto; son

completamente inútiles. Tienen su valor en ciertos niveles de la existencia, pero carecen de valor cuando estamos

preguntando, cuando tratamos de descubrir una manera de vivir que sea del todo nueva. Para decirlo de otro modo:

nuestra crisis no está en el mundo, sino en nuestra conciencia. No se trata de poner fin a una guerra o de reformar

universidades o de dar más o menos trabajos, o más salario, etc.; a ese nivel no hay respuesta. Cualquier reforma

trae más complicación. La crisis está en la mente misma, en la de usted en su conciencia, y a menos que usted

responda a esa crisis, a ese reto, usted aumentará, de modo consciente o inconsciente, la confusión, la desdicha y la

inmensidad del dolor.

Nuestra crisis está en la mente, en nuestra conciencia, y tenemos que responder a ella de manera total. ¿Cuál es

la verdadera respuesta, la cuestión esencial? Es obvio, como hemos visto, que el pensamiento no puede ayudarnos en

este caso; lo cual no quiere decir que lleguemos a ser personas irresolutas, que nos volvamos inconsistentes,

soñolientos, embotados. Cuando usted ya no usa el pensamiento para descubrir por sí mismo cuál es la cuestión

esencial en la vida, ¿qué ha ocurrido entonces en la mente? ¿Comprende mi pregunta? ¿Nos estamos comunicando

uno con otro? Por favor, diga que sí o qué no. Para comunicarnos, para estar en comunión uno con otro, tenemos que

hacerlo al mismo nivel, al mismo tiempo, y con la misma intensidad. Es como el amor, y si usted dice que sí, ello significa que ha desechado por ahora el pensamiento como instrumento para investigar. Entonces usted y el que habla

están al mismo nivel; ambos investigamos intensamente, y usted no está esperando que sea yo quien se lo diga.

Cuando le dice a alguien «te amo», puede ser que lo diga de un modo casual y sin sentirlo realmente, o puede ser

que usted lo diga con gran intensidad y con un sentimiento profundo y urgente, mientras que la otra persona se queda

indiferente o se pone a mirar en otra dirección; en ambos casos la comunión entre ambos deja de existir. La

comunión solamente es posible cuando ambos ponen toda su intensidad, no de un modo casual o con reservas. Como

usted sabe, cuando usted y el otro son generosos -¿comprende?- se produce en efecto una intensidad extraordinaria;

dador y receptor dejan de existir.

Del Libro La libertad Interior

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