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La Gran Aventura – Parte IV

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La Gran Aventura - Parte IV

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Reseña:


MUERTE: LA GRAN AVENTURA

PARTE IV

 

La enfermedad y la muerte son esencialmente condiciones inherentes a la sustancia; en la exacta medida en que el hombre se identifique a sí mismo con el aspecto forma, así estará condicionado por la Ley de Disolución. Esta es una ley fundamental y natural que rige la vida de la forma en todos los reinos de la naturaleza.

 

[1] La liberación del alma por medio de la enfermedad y la muerte, no es necesariamente un acontecimiento desgraciado. Es esencial que se adopte una nueva y mejor actitud hacia el fenómeno de la muerte, lo cual es posible y está cercano. Sobre esto no es necesario que me extienda, pero trato de darles una nueva perspectiva sobre el tema de la enfermedad y de la muerte.

 

[2] … la enfermedad es a veces incidental y parte del proceso de retiro del alma de su morada. A esto llamamos muerte, y puede venir rápida e inesperadamente cuando el alma se retira súbitamente de su cuerpo. O la muerte puede extenderse durante un largo período y el alma demorar varios meses o años para su lento y gradual desprendimiento del cuerpo, el cual agoniza lentamente.

 

[3] La enfermedad puede ser un lento y gradual proceso de morir y de liberar así al alma. Entonces no es posible la cura, no obstante son necesarias medidas paliativas y aliviadoras y ciertamente deberían ser utilizadas. La duración de la vida puede prolongarse, pero es imposible una cura permanente y definitiva. Esto no lo comprende el curador mental común. Hacen de la muerte un horror, mientras que la muerte es un amigo benéfico.

 

La enfermedad puede ser el repentino y final llamado para que el cuerpo renuncie al alma y la libere para otro servicio. En todos estos casos debe hacerse todo lo posible desde el punto

de vista de la moderna ciencia médica y quirúrgica y de sus ciencias afines, tan numerosas hoy. También puede realizarse mucho desde el ángulo de la curación mental y espiritual, con la ayuda de la ciencia de la sicología. Algún día debe llegar la cooperación de estos diversos campos y una sintetización de sus esfuerzos.

 

[4] Será evidente para el pensador casual que muchas enfermedades y muchas causas de muerte se deben a condiciones ambientales de las cuales él no es en manera alguna responsable. Estas

abarcan toda la gama desde los acontecimientos puramente externos hasta las predisposiciones hereditarias. Podrían enumerarse de la siguiente manera:

 

  1. Accidentes, que pueden ser debidos a negligencia personal, sucesos grupales, la desidia de otra gente y los resultados del enfrentamiento, como en los casos de huelgas o guerra. También

pueden ser producidos por ataques del mundo animal o viperino, envenenamientos accidentales y muchas otras causas.

 

  1. Infecciones que llegan al hombre desde afuera y no como resultado de su propia y peculiar condición sanguínea, constituyendo las diversas enfermedades llamadas infecciosas y

contagiosas y las extendidas epidemias. Estas pueden llegar a un hombre en la línea del deber, por sus contactos diarios o por la enfermedad generalizada en su medioambiente.

 

  1. Enfermedades debidas a la desnutrición, especialmente en los jóvenes. Este estado de baja nutrición predispone al cuerpo a la enfermedad, aminora la resistencia y la vitalidad y

contrarresta los “poderes de lucha” del hombre, conduciendo a la muerte prematura.

 

  1. Herencia. Existen, como bien saben, ciertas formas de debilidades hereditarias que predisponen a una persona a ciertas dolencias y consiguiente muerte, o que le producen esas condiciones que conducen a un constante debilitamiento de su dominio sobre la vida; también existen esas tendencias que constituyen una forma de apetito peligroso, las cuales llevan

a hábitos indeseables, un relajamiento de la moral, y son peligrosas para la voluntad de la persona, inutilizándolo para combatir esas predisposiciones. Sucumbe a ellas y paga el precio

de tales hábitos, el cual es enfermedad y muerte.

 

[5] Hay una o dos cosas que quisiera dejar en claro y que ustedes a su vez deben aclararle al paciente:

 

  1. La curación no se garantiza. El paciente debe comprender que continuar viviendo en el cuerpo físico no constituye la meta más elevada posible. Podría serlo si hubiera que prestar un

servicio muy importante, si debiera cumplir aún con ciertas obligaciones o si tuviera que aprender otras lecciones. La existencia corpórea no es, sin embargo, el bien más preciado.

Liberarse de las limitaciones del cuerpo físico es verdaderamente beneficioso. El paciente debe aprender a reconocer y aceptar la Ley del Karma.

 

  1. El temor es innecesario. Uno de los primeros objetivos del agente curador debería ser ayudar al paciente a obtener una feliz, sana y expectante perspectiva sobre su futuro —sin importar lo que ese futuro pueda deparar.

 

[6] Por lo tanto el curador tiene el deber de hacerse efectivo, y de acuerdo a lo que él es, así será el efecto sobre el paciente. Cuando un curador trabaja magnéticamente e irradia la fuerza de

su alma al paciente, a éste le es posible alcanzar más fácilmente el fin deseado —lo cual puede ser la completa curación, o el establecimiento de un estado de la mente que le permitirá vivir consigo y con su dolencia, no incapacitado por las limitaciones kármicas del cuerpo. O quizás permita al paciente alcanzar (con alegría y facilidad) la correcta liberación del cuerpo y, a través del portal de la muerte, pasar a la completa salud.

 

[7] Algunos cultistas y curadores generalmente adoptan la posición de que es de principal importancia liberar al vehículo físico de la enfermedad y arrebatarlo de los procesos de la muerte. Sin embargo, quizás sea preferible (y frecuentemente lo es) dejar que la enfermedad realice su trabajo y la muerte libere al alma del aprisionamiento. Llega inevitablemente el momento, para todos los seres encarnados, en que el alma demanda liberarse del cuerpo y de la vida de la forma, y la naturaleza tiene sus propios y sabios métodos para hacerlo. Enfermedad y muerte deben ser reconocidas como factores liberadores, cuando se producen como resultado del exacto momento elegido por el alma. Los estudiantes deberán comprender que la forma física es un conglomerado de átomos erigidos en organismos y finalmente en un cuerpo coherente, el cual se mantiene unido por la voluntad del alma. Si lleváramos esa voluntad a su propio plano o (como se dice esotéricamente) “si dejáramos que el ojo del alma mire hacia otra dirección” inevitablemente sobrevendría la enfermedad y la muerte en el actual ciclo. Esto no constituye un error mental o el fracaso en reconocer la divinidad o que se haya sucumbido al mal, en realidad es la resolución de la naturaleza forma, en sus partes componentes y esencia básica. La enfermedad es esencialmente un aspecto de la muerte.

 

Es el proceso por el cual la naturaleza material y forma sustancial se preparan para separarse del alma.

 

Extraído de: La Muerte, La Gran Aventura (recopilación de los Libros Azules, Alice Ann Bailey)

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