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La Gran Aventura – Parte VI

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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La Gran Aventura - Parte VI

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Reseña:


MUERTE: LA GRAN AVENTURA

PARTE VI

 

… (Las personas) no relacionan la muerte con el sueño. Después de todo, la muerte es sólo un intervalo más extenso en la vida de acción en el plano físico; nos vamos “al exterior” por un período más largo.

 

[3] Deben tener siempre en cuenta que la conciencia sigue siendo la misma, en encarnación física o fuera de encarnación, y que el desarrollo puede proseguirse incluso con mayor facilidad que cuando

estuvo limitado y condicionado por la conciencia cerebral.

 

[4] Respecto a la masa humana común, enfocada en todas sus actividades y su pensamiento en el plano físico, el período después de la muerte es uno de semi-conciencia, de no reconocer el lugar y

de desconcierto emocional y mental. Respecto a los discípulos, aún hay contacto con las personas (generalmente con las que han estado asociados) en las horas de sueño; aún hay la recepción de impresión del medioambiente y asociados y aún hay el reconocimiento de relación con (como en la tierra) la asunción de responsabilidad.

 

[6] Inmediatamente después de la muerte y particularmente si ha tenido lugar la cremación, el hombre, en su cuerpo kama-manásico, está tan consciente y atento a su medio ambiente como

cuando está vivo en el plano físico. Esta formulación concede elasticidad respecto a la amplitud de percepción y de observación, puesto que similar elasticidad debe tenerse en cuenta para quienes

se hallan en el plano físico. La gente no está igualmente despierta o igualmente consciente de las circunstancias o de la experiencia inmediata. No obstante, debido a que la mayoría de las personas son más conscientes emocionalmente que físicamente, y viven en gran medida enfocadas en su vehículo astral, el hombre está bastante familiarizado con el estado de conciencia en que se encuentra.

 

Recuerden que un plano es esencialmente un estado de conciencia y no un lugar, como muchos esoteristas parecen creer.

 

Es reconocido por la reacción enfocada de la persona autoconsciente que, constantemente y distintivamente consciente de sí misma, es sensible al tema de su medio ambiente y de sus deseos salientes, o (en lo que concierne a la gente avanzada, actuando en los niveles más avanzados del plano astral) sensibles al amor y la aspiración salientes; el hombre es absorbido por aquello que absorbió́ su atención e involucró el principio kámico durante su experiencia encarnada.

 

Vuelvo a recordar que en ese momento no hay cerebro físico que responda a los impactos generados por el hombre interno, y también que el sexo, tal como se lo comprende en sentido físico, no existe. Los espiritistas harían bien en recordar esto y en darse cuenta de la estupidez y también de la imposibilidad de concretar esos matrimonios espirituales que ciertas escuelas de pensamiento enseñan y practican. El hombre, en su cuerpo astral, ahora se halla libre de sus impulsos estrictamente animales que, en el plano físico, son normales y correctos, pero ahora nada significan para él en su cuerpo kámico.

 

[7] Nuevamente puntualizaré que al considerar la conciencia del alma que parte (observen esta frase) cuando emprende el acto de restitución, trato un tópico del cual no hay prueba física tangible

alguna. A veces los hombres son traídos nuevamente a la existencia en el preciso instante que se produce la total restitución física. Esto sólo puede hacerse mientras la entidad consciente ocupa todavía el vehículo etérico, aunque haya logrado abandonar el cuerpo físico denso con toda intención y propósito. Aunque el cuerpo etérico interpenetra todo el cuerpo físico, es mucho más grande que ese cuerpo, y el cuerpo astral y la naturaleza mental pueden hallarse aún etéricamente polarizados, aunque esté bien encaminado el retiro y se haya producido la muerte del cuerpo físico, la cesación de toda actividad cardíaca y la concentración del enfoque básicamente etérico en la región de la cabeza, del corazón o del plexo solar.

 

[8] Desde el momento de la total separación de los cuerpos físico denso y etérico, y a medida que se emprende el proceso de eliminación, el hombre es consciente del pasado y del presente; cuando la eliminación es total y llega el momento de hacer contacto con el alma y el vehículo manásico está en proceso de destrucción, se vuelve inmediatamente consciente del futuro, pues la predicción es un haber de la conciencia del alma y el hombre la comparte temporalmente. Por lo tanto, el pasado, el presente y el futuro son vistos como uno; el reconocimiento del Eterno Ahora se desarrolla gradualmente de una encarnación a otra y durante el continuo proceso de renacimiento. Esto constituye un estado de conciencia (característico del estado normal del hombre avanzado)

que puede ser denominado devachánico.

 

[9] Para el aspirante, la muerte es la entrada inmediata en una esfera de servicio y de expresión a la que está muy acostumbrado, reconociendo enseguida que no es nueva.

 

… Espacio de Silencio…

 

Atiende, oh Chela, al llamado que proviene del Hijo a la Madre, y luego obedece. La Palabra anuncia que la forma ha servido su propósito. El principio mente (el quinto principio…) entonces se organiza y luego repite la Palabra. La forma expectante responde y se desprende. El alma queda libre.

 

… Espacio de Silencio…

 

He querido aclarar en sus mentes la diferencia entre enfermedad y muerte tal como las experimenta el hombre término medio, y ciertos correspondientes procesos de disolución consciente como son practicados por el discípulo o iniciado avanzado. Estos procesos posteriores involucran una técnica en lento desarrollo en la cual (en las primeras etapas) el discípulo es aún víctima de las tendencias de la forma que producen enfermedad, como sucede con todas las formas en la naturaleza. Esta tendencia produce la subsiguiente muerte, a través de las etapas de enfermedad moderada y pacífica muerte consiguiente, hasta las otras etapas en que la muerte es ocasionada por un acto de la voluntad —el momento y el modo es determinado por el alma y conscientemente grabado y registrado en el cerebro. El dolor se manifiesta en ambos casos, pero en el Sendero de Iniciación el dolor es en gran parte anulado, no porque el iniciado trate de evitar el dolor, sino porque desaparece la sensibilidad de la forma hacia los contactos indeseables, y con ello el dolor también desaparece; el dolor es el guardián de la forma y el protector de la sustancia; advierte el peligro; indica ciertas etapas definidas en el proceso evolutivo; está relacionado con el principio por el cual el alma se identifica a sí misma con la sustancia.

 

Cuando cesa la identificación, el dolor, la enfermedad y también la muerte pierden su dominio sobre el discípulo; el alma ya no está sujeta a sus requerimientos, y el hombre es libre porque enfermedad y muerte son cualidades inherentes a la forma, y sujetas a las vicisitudes de la vida de la forma.

 

Extraído de: La Muerte, La Gran Aventura (recopilación de los Libros Azules, Alice Ann Bailey)

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