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La Gran Invocación

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Se ha prestado poca atención al factor invocación como lo expresan los pueblos del mundo; sin embargo, en el trascurso de las edades, el clamor invocador de la humanidad se ha elevado hacia la Jerarquía y ha obtenido respuesta.

El llamado invocador común ha sido hasta ahora de naturaleza egoísta, y temporario en su formulación. Los hombres han orado para sí mismos; han invocado la ayuda divina para quienes aman; han dado una interpretación materialista a sus necesidades básicas. La invocación, dada últimamente por la Jerarquía, es una plegaria mundial, no un llamado personal ni una urgencia temporaria e invocadora; expresa la necesidad de la humanidad y atraviesa todas las dificultades, dudas e interrogantes, yendo directamente a la Mente y al Corazón de Aquel en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, Que permanecerá con nosotros hasta el fin de la era y “hasta que el último cansado peregrino haya encontrado su camino al hogar”.

Hace algún tiempo, trasmití al mundo —de acuerdo a las instrucciones del Cristo— una Invocación que está destinada a ser de primordial utilidad para producir ciertos grandes acontecimientos, y son:

  1. Una afluencia de amor y de luz sobre el género humano, desde Shamballa.
  2. Un llamado invocador al Cristo, Guía de la Jerarquía, para Su reaparición.
  3. El establecimiento en la tierra del Plan divino, para ser realizado voluntariamente por la humanidad misma.

Incidentalmente, estos tres acontecimientos están relativamente cercanos y se producirán por el desarrollo consciente de la fase inmediata del Plan, que es la intención divina llevarlo a cabo, hasta cierta medida, antes de la reaparición de Cristo. El establecimiento de rectas relaciones humanas es la tarea inmediata y esa fase del Plan de Luz y Amor a la cual la humanidad puede responder fácilmente y para la cual está ya evidenciando un sentido de responsabilidad.

Cuando invocamos la Mente de Dios y decimos: “que la luz afluya a las mentes de los hombres, que la luz descienda a la tierra”, enunciamos una de las grandes necesidades de la humanidad y —si la invocación y la plegaria significan algo— la respuesta es cierta y segura. Cuando descubrimos en todos los pueblos en todos los tiempos, en cada era y en cada situación, el impulso de expresar un llamado al Centro espiritual invisible, hay una firme seguridad de que tal Centro existe. La Invocación es tan antigua como las montañas o la humanidad misma, por lo tanto no requiere ningún otro argumento en favor de su utilidad o potencia.

La excepcionalidad conectada con la Invocación consiste en el hecho de que es, en realidad, un gran método de integración.

La Invocación no es vaga ni nebulosa. Expresa las necesidades básicas de la humanidad actual — la necesidad de luz y amor, de comprensión de la voluntad divina, para que finalice el mal. Triunfalmente dice: “Que la luz descienda a la Tierra; que Cristo retorne a la Tierra; que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres; que el Plan selle la puerta donde se halla el mal”. Luego resume todo eso con palabras de clarín: “Que la luz, el amor y el poder restablezcan el Plan en la Tierra”. Siempre el énfasis sobre el lugar de aparición y de manifestación: la Tierra.

Esta Invocación ya está ayudando mucho a cambiar los asuntos mundiales —mucho más de lo que puede aparecer a vuestros ojos. Pero más queda por hacer. Pediría a todos los estudiantes, a todas las personas de buena voluntad y a todos los que están participando en el trabajo de Triángulos y ayudando a construir la red de luz y buena voluntad, que hagan todo lo posible por difundir el uso de la Invocación.

Palabras de Poder, antiguos mantras (tales como el Padre Nuestro) y la Gran Invocación, son efectivos sólo si se utilizan en el plano mental y con el poder de una mente controlada —enfocada en su intención y significado detrás del esfuerzo hablado. Entonces se hacen poderosas. Cuando son pronunciadas con el poder del alma así como también con la atención dirigida de la mente, llegan a ser en forma automática dinámicamente efectivas.

Las Palabras de Poder… tienen su origen en el segundo rayo, que es el de la manifestación de la conciencia, y están destinadas a ser empleadas por el alma, porque es la expresión del segundo aspecto de la divinidad, y sólo ella puede emplear realmente estas Palabras y sonidos y producir los resultados deseados, que están siempre de acuerdo al Plan divino. A menudo se olvida que deben ser empleadas por el alma en forma dinámica, involucrando el formal reconocimiento del aspecto voluntad.

 

Extraído de La Exteriorización de la Jerarquía y Los Rayos y las Iniciaciones.

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