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La inteligencia no es resultado del tiempo

Programa: Reto al cambio


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La inteligencia no es resultado del tiempo

Reto al cambio

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Interlocutor: Si uno mira y encuentra que el instrumento no está limpio, ¿qué hace uno entonces?

Krishnamurti: Tenga la amabilidad de escuchar esto cuidadosamente. Hemos hablado de observar «lo que es», o sea la básica actividad egoísta, egocéntrica, aquello que resiste, que está frustrado y que se encoleriza; observar todo eso. Después hablamos de observar el instrumento que observa y descubrir si ese instrumento está limpio. Nos hemos desplazado del hecho al instrumento que va a mirar. Estamos investigando si ese instrumento está limpio y encontramos que no lo está. ¿Qué hemos de hacer entonces? Se ha agudizado la inteligencia; antes estábamos interesados únicamente en observar el hecho, «lo que es»; estábamos observándolo y nos alejamos de esa observación y dijimos: «debemos observar el instrumento que mira y ver si está limpio». En ese mismo cuestionar hay una inteligencia -¿van siguiendo todo esto? Hay, pues, una agudización de la inteligencia, una agudización de la mente, del cerebro.

Interlocutor: ¿No implica esto que existe un nivel de conciencia donde no hay división, ni condicionamiento?

Krishnamurti: No sé lo que implica. Simplemente me estoy moviendo poco a poco. No se trata de un movimiento fragmentario. No está fraccionado. Cuando miraba anteriormente no tenía inteligencia. Decía: «debo cambiarlo»; «no debo cambiarlo»; «esto no debe ser»; «esto es bueno»; «esto es malo»; «esto debería ser» -todo eso. Con esas conclusiones observaba y nada sucedía. Me doy cuenta ahora de que el instrumento debe estar extraordinariamente limpio para mirar. De modo que hay un único movimiento constante de la inteligencia, y no un estado fragmentario. Deseo continuar con esto.

Interlocutor: ¿Es energía esta misma inteligencia? Si depende de algo, fracasará.

Krishnamurti: De momento no se preocupe; deje a un lado la cuestión de la energía.

Interlocutor: Usted lo ha conseguido ya, mientras que para nosotros parece refinamiento sobre refinamiento, pero el impulso es el mismo.

Krishnamurti: Sí. ¿Es eso lo que ocurre -refinamiento? ¿O es que la mente, el cerebro, todo el ser, se ha vuelto muy embotado debido a varios factores, tales como presiones, actividades, etcétera? Y decimos que es necesario despertar completamente todo el ser.

Interlocutor: Esa es la treta.

Krishnamurti: Espere, a eso voy a referirme, lo verá. La inteligencia no evoluciona. La inteligencia no es resultado del tiempo. La inteligencia es esta cualidad de atención sensible y alerta ante «lo que es». Mi mente está embotada y digo: «debo observarme»; y esta mente embotada trata de observarse a sí misma. Pero es obvio que no ve nada. O resiste, o rechaza, o se somete; es una mente muy respetable, una pequeña mente burguesa la que está mirando.

Interlocutor: Usted comenzó hablando de sistemas ideológicos de moralidad y ahora va más lejos y sugiere que debemos observarnos a nosotros mismos, que todos los otros sistemas son inútiles. ¿No es eso también una ideología?

Krishnamurti: No, señor. Digo, por el contrario, que si mira con cualquier ideología, incluyendo la mía, entonces está usted perdido, no mira en forma alguna. Tenemos tantas ideologías, respetables y no respetables, y todo lo demás; es con esas ideologías en el cerebro, en el corazón, que miramos. Esas ideologías han embotado el cerebro, la mente y todo nuestro ser. Entonces, la mente embotada mira. Y es obvio que no importa lo que esa mente mire; tanto si medita o si va a la luna, seguirá siendo una mente embotada. De manera que mientras esa mente embotada observa, alguien viene y dice: «mire, amigo, usted está embotado y todo lo que mira estará como usted, porque si su mente está embotada es inevitable que lo que vea también lo esté». Es un gran descubrimiento el de que una mente embotada que observa algo extraordinariamente vital lo vuelve también embotado al observarlo.

Interlocutor: Pero la misma cosa continúa extendiéndose.

Krishnamurti: Si no tiene inconveniente, espere, vaya despacio. Avance paso a paso conmigo.

Interlocutor: Si una mente embotada reconoce que está embotada, es porque no está tan embotada.

Krishnamurti: ¡Pero no lo reconozco! Sería excelente si la mente embotada reconociera que está embotada, pero no lo hace. Trata de pulirse más y más, tornándose erudita, científica, y todo eso, o si se da cuenta de que está embotada, dice: «Esta mente embotada no puede ver claramente». Entonces la siguiente pregunta es: ¿Cómo puede esa mente embotada, nublada, volverse extraordinariamente inteligente, de manera que el instrumento a través del cual uno mira esté bien limpio?

Interlocutor: ¿Quiere usted decir que cuando la mente plantea la cuestión en esa forma, ha puesto fin al embotamiento? ¿Puede uno hacer lo correcto por razones equivocadas?

Krishnamurti: No. Desearía que descartara sus conclusiones y captara lo que estoy expresando.

Interlocutor: No, señor. Póngase usted en mi lugar.

Krishnamurti: Lo que usted dice es que trata de alcanzar algo que hará que la mente embotada se torne más aguda y clara. Yo no digo eso. Lo que estoy diciendo es: observe el embotamiento.

Interlocutor: ¿Sin el movimiento continuo?

Krishnamurti: ¿Cómo se observa la mente embotada sin el movimiento continuo de la distorsión? Mi mente embotada mira, por lo tanto, no hay nada que ver. Me pregunto: «¿Cómo es posible tornar clara la mente?» ¿Ha surgido esta pregunta porque he comparado a la mente torpe con otra mente hábil diciendo: «debo ser como ella»? ¿Entiende usted? Esa misma comparación es la continuación de la mente embotada.

Interlocutor: ¿Puede la mente embotada compararse a si misma con otra inteligente?

Krishnamurti: ¿No se compara siempre con alguna mente brillante? Eso es lo que llamamos evolución, ¿no es así?

Interlocutor: La mente embotada no compara, sino que pregunta: «¿por qué debo comparar?» O podemos ponerlo de manera diferente: creemos que si podemos ser un poco más inteligentes conseguiremos algo más.

Krishnamurti: Sí, es la misma cosa. De modo que he descubierto algo. La mente embotada dice: «Estoy embotada por causa de la comparación; soy torpe porque ese hombre es listo». No se da cuenta de que es torpe en si misma. Existen dos estados diferentes. Si me doy cuenta de que soy torpe porque usted es brillante, eso es una cosa. Si me doy cuenta de que soy torpe sin comparación, es una cosa muy diferente. ¿Cuál es su caso? ¿Se compara usted con otro y por lo tanto, dice: «soy torpe»? ¿O se da cuenta de que es torpe sin comparación? ¿Puede ser eso? Quédese con ello un momento, por favor.

Interlocutor: ¿Es esto posible, señor?

Krishnamurti: Por favor, concédale dos minutos a esta cuestión. ¿Me doy cuenta de que tengo hambre porque usted me lo dice, o es que siento hambre? Si me dice que tengo hambre, puede que tenga un poco, pero eso no es hambre en realidad. Pero si tengo hambre, tengo hambre. De manera que he de ver claro si mi embotamiento es el resultado de la comparación. Entonces puedo proseguir desde ahí.

Interlocutor: ¿Qué lo ha convencido hasta el punto de poder dejarlo y estar interesado únicamente en si es torpe o no?

Krishnamurti: Porque veo la verdad de que la comparación embota la mente. Cuando comparamos a un niño con otro en la escuela, lo destruimos al hacer la comparación. Si le decimos al hermano menor que tiene que ser tan inteligente como el hermano mayor, hemos destruido al menor, ¿no es así? De ese modo no estamos interesados en el hermano menor, sino en la inteligencia del hermano mayor.

Interlocutor: ¿Puede una mente embotada observar y descubrir que está embotada?

Krishnamurti: Vamos a averiguarlo, así que comencemos de nuevo, por favor ¿No podríamos ceñirnos a esta única cosa esta mañana?

J.Krishnamurti

Del Libro : El vuelo del Águila

Editorial Obelisco

 

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