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La Reaparición del Cristo: Algunas Reflexiones

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La Reaparición del Cristo: Algunas Reflexiones

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Reseña:


LA REAPARICIÓN DEL CRISTO:

ALGUNAS REFLEXIONES

 

Las complejidades y las dificultades de este período de posguerra son muy grandes. Cuanto más se acerca un hombre a la fuente de luz y poder espirituales, tanto más difícil es su problema, pues los asuntos humanos en este momento parecen estar tan lejos de esta posibilidad divina. Él necesitará toda la paciencia, comprensión y buena voluntad que tenga. Al mismo tiempo, tanto más claro será su reconocimiento de los hechos. Hay problemas internos y externos que deben ser resueltos; hay posibilidades internas y externas que pueden hacerse fácticas. A medida que el hombre espiritualmente orientado encara estas posibilidades y eventos internos y externos, es fácil registrar un sentido de completa frustración; anhela ayudar pero no sabe qué hacer; su captación de las dificultades amenazantes, su análisis de sus recursos y de aquellos con quienes tendrá que trabajar, y su claridad de percepción en cuanto a las fuerzas alineadas en su contra (y en una escala mucho mayor en contra del Cristo) lo inclinarán a preguntar: “¿De qué sirve cualquier esfuerzo que puedo hacer? ¿Por qué no dejar que las fuerzas del bien y del mal luchen solas? ¿Por qué no permitir que la presión de la corriente evolutiva —finalmente y por último— ponga fin a la lucha mundial y marque el comienzo del triunfo del bien? ¿Por qué intentar algo ahora? Estas son reacciones naturales y saludables.

 

El conocimiento de que Él está preparado y ansiando aparecer públicamente ante Su amada Humanidad sólo aumenta el sentido de frustración general, y surge otra pregunta muy vital: ¿Durante qué período de tiempo debemos resistir, pelear y luchar? La respuesta llega con claridad: Él vendrá indefectiblemente cuando se haya restablecido una medida de paz, cuando el principio de compartición esté por lo menos en proceso de controlar los asuntos económicos y cuando las iglesias y los grupos políticos hayan comenzado a limpiar la casa. Entonces Él puede venir y vendrá; entonces el Reino de Dios será públicamente reconocido y ya no será una cosa de sueños y de expresión de deseos y de esperanza ortodoxa.

 

La gente es propensa a preguntar respecto de por qué el Cristo no viene —con la pompa y ceremonia que las iglesias atribuyen al evento— y, por Su venida, demostrar Su poder divino, probar convincentemente la autoridad y la potencia de Dios, y así poner fin al ciclo de agonía y angustia. Las respuestas son muchas. Debe recordarse que el principal objetivo del Cristo no será demostrar poder sino hacer público el ya existente Reino de Dios. También, cuando vino anteriormente Él no fue reconocido, y ¿hay alguna garantía de que esta vez sería diferente? ¿Usted quizás pregunte por qué Él no sería reconocido? Porque los ojos de los hombres están cegados por las lágrimas de autocompasión y no de contrición; porque los corazones de los hombres están aún corroídos por un egoísmo que la agonía de la guerra no ha curado; porque las normas de valor son las mismas que en el corrupto Imperio Romano que presenció Su primera aparición, sólo que entonces estas normas eran locales y no universales como lo son en la actualidad; porque aquellos que podrían reconocerLo y que esperan y anhelan Su venida no están dispuestos a hacer los sacrificios necesarios, y de este modo garantizar el éxito de Su advenimiento.

 

El pensamiento avanzado, el éxito de los muchos movimientos esotéricos y sobre todo, las maravillas de la ciencia y la maravilla de los muchos movimientos humanitarios, no indican frustración divina sino crecimiento de comprensión espiritual; las fuerzas del espíritu están invictas. Estos aspectos del comportamiento humano indican la maravilla de la divinidad que está en el hombre y el éxito del plan divino para la humanidad. La divinidad, sin embargo, aguarda la expresión del libre albedrío del hombre; su inteligencia y su crecimiento en buena voluntad ya están siendo expresados.

 

Por lo tanto, otra respuesta al interrogante propuesto es que Cristo y la Jerarquía espiritual nunca —no importa cuán grande sea la necesidad o importante el incentivo— infringen el divino derecho de los hombres a tomar sus propias decisiones, ejercer su propio libre albedrío y alcanzar la libertad luchando por la libertad —individual, nacional e internacionalmente. Cuando la verdadera libertad cubra la tierra veremos el fin de la tiranía —política, religiosa y económicamente. Aquí no estoy refiriéndome a la democracia moderna como una condición que satisface la necesidad, pues la democracia es en la actualidad una filosofía de expresión de deseos y un ideal inalcanzado. Me refiero a ese período que ciertamente vendrá, en el que un pueblo esclarecido gobernará; este pueblo no tolerará autoritarismo en iglesia alguna ni totalitarismo en sistema político alguno; no aceptará o permitirá la férula de ningún grupo de hombres que se comprometan a decirle lo que debe creer para ser salvado o qué gobierno debe aceptar. Cuando a la gente se le diga la verdad y cuando libremente pueda juzgar y decidir por sí misma, veremos entonces un mundo mucho mejor.

 

No es esencial o necesario que todos estos objetivos deseables deban ser hechos consumados en la Tierra antes de que Cristo se mueva nuevamente entre nosotros. Sin embargo, es necesario que esta actitud hacia la religión y la política sea generalmente considerada como deseable y que se hayan dado con todo éxito los pasos en dirección a rectas relaciones humanas. En estas líneas están trabajando el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y todos los hombres de buena voluntad, y su primer esfuerzo debe ser contrarrestar el ampliamente difundido sentimiento de frustración y futilidad individual.

 

Hay dos factores principales que condicionan la oportunidad actual; pueden considerarse tan completamente obstaculizadores que, a menos que se eliminen, habrá una gran demora antes de que Cristo pueda retornar. Son:

 

  1. La inercia del cristiano término medio u hombre espiritualmente orientado en todos los países —Orientales u Occidentales.

 

  1. La falta de dinero para el trabajo de preparación.

 

No complicaremos estos temas y los mantendremos abajo en el nivel en el que la mayoría de la gente trabaja y piensa hoy en día. Seamos intensamente prácticos y obliguémonos a ver condiciones como son, llegando así a un mejor conocimiento de nosotros mismos y de nuestros motivos.

 

… la masa de directa bondad y visión en el mundo es enorme y la cantidad de pensamiento claro, humanitario, es ilimitada; la salvación del mundo radica en las manos de las masas de pequeños hombres buenos y de los millones de personas de recto pensar en todas las tierras, y por ellos será hecho el trabajo preparatorio para la Venida del Cristo. Numéricamente, son adecuados para la tarea y necesitan sólo tranquilidad y sabia coordinación a fin de prepararlos para el servicio requerido, antes de que la reaparición del Cristo se vuelva posible. Los problemas que enfrentamos deberían ser encarados con valor, con verdad y comprensión; así como también con la buena disposición para hablar fácticamente, con simplicidad y con amor en el esfuerzo por exponer la verdad y clarificar los problemas que deben ser resueltos. Las opositoras fuerzas del mal arraigado deben ser derrotadas antes que Aquel a Quien todos los hombres esperan, el Cristo, pueda venir.

 

Extraído de: “La Reaparición del Cristo”  (edición en revisión), Alice Ann Bailey.


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