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La Reaparición del Cristo: Conclusión

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La Reaparición del Cristo: Conclusión

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Reseña:


LA REAPARICIÓN DEL CRISTO:

CONCLUSIÓN

 

Permítaseme enfáticamente declarar aquí que el principal método en el que podemos interesarnos y el instrumento más potente en manos de la Jerarquía espiritual, es la difusión de buena voluntad y su fusión en una potencia unida y operativa. Prefiero esa expresión a las palabras “la organización de buena voluntad”. Buena voluntad hoy día es un sueño, una teoría, una fuerza negativa. Debiera ser convertida en un hecho, un ideal en funcionamiento, y una energía positiva. Este es nuestro trabajo y nuevamente somos llamados a cooperar.

 

La tarea ante el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo es grande, pero no es una tarea imposible. Es absorbente, pero como constituye un patrón de vida impuesto, se puede resolver en todos los aspectos de la vida cotidiana normal de un hombre o una mujer. Sin embargo al mismo tiempo somos llamados a la vida anormal, y a cargar con una responsabilidad definida.

 

El llamado de preparación para la reaparición del Cristo se ha emitido; ha resonado el llamado para la salvación del mundo, y hoy en todas partes se están reuniendo hombres espiritualmente orientados y discípulos del Cristo. No es una reunión en el plano físico sino un profundo acontecimiento subjetivo y espiritual. Aun aquellos que sólo tienen un atisbo de comprensión respecto a lo que el llamado verdaderamente significa, están respondiendo y pidiendo la oportunidad de ayudar, y guía respecto a lo que puedan hacer.

 

Hoy, por lo tanto, esperamos la nueva Aparición. El Cristo es esperado universalmente, y en este espíritu de expectativa viene el antídoto contra el espíritu de temor y horror que ha descendido sobre nuestro desdichado planeta. La humanidad hoy mira en dos direcciones: hacia la Tierra devastada y los agonizantes corazones de los hombres; también mira hacia el Lugar de donde vendrá el Cristo, al que simbólicamente denominan “cielo”. Donde existe la misma expectativa, donde existe uniformidad de testimonio y de predicción, y donde todos los indicios del “tiempo del fin” están con nosotros, ¿no es razonable creer que un gran evento está en proceso de tener lugar? Si, en medio de la muerte y la destrucción, se puede hallar una fe viviente (y tal fe existe en todas partes) y un ardiente fervor que horada las tinieblas hasta el centro de luz, ¿eso no justifica la suposición de que esta fe y este fervor se fundan en un profundo conocimiento intuitivo? ¿No puede ser un hecho divino que “fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven”?

 

La humanidad en todas las tierras hoy aguarda a Aquel Que Viene —sea cual fuere el nombre con que Lo llamen. Se presiente que el Cristo está en camino. La segunda venida es inminente y, de los labios de discípulos, místicos, aspirantes, personas espiritualmente orientadas y hombres y mujeres esclarecidos, se eleva el grito: “Que la luz, el amor, el poder y la muerte cumplan el propósito de Aquel que Viene”. Estas palabras son una demanda, una consagración, un sacrificio, una profesión de fe y un desafío al Avatar, el Cristo, Quien espera en Su elevado lugar hasta que la demanda sea adecuada y el grito lo suficientemente claro como para justificar Su aparición.

 

 

Es sumamente necesario tener en mente una cosa. No nos corresponde determinar la fecha de la aparición del Cristo ni estar a la expectativa de alguna ayuda espectacular o fenómenos curiosos. Si nuestro trabajo es correctamente realizado, Él vendrá en el momento designado y establecido. Cómo, dónde o cuándo Él vendrá, no nos concierne. Nuestro trabajo es esforzarnos al máximo y en la mayor escala posible para ocasionar rectas relaciones humanas, pues Su venida depende de nuestro trabajo.

 

Todos nosotros podemos hacer algo para poner fin a la terrible situación mundial actual y para mejorar las condiciones: el más pequeño de nosotros puede desempeñar su parte en la inauguración de la nueva era de buena voluntad y comprensión. Debe comprenderse, sin embargo, que no trabajamos para milenio alguno sino que nuestro principal objetivo es, en este momento, dual:

 

  1. Quebrar los antiguos y malignos ritmos y establecer uno nuevo y mejor. Aquí tiempo es un factor primordial. Si podemos retrasar la cristalización de los antiguos males que produjeron la guerra mundial, y detener las fuerzas reaccionarias en todas las naciones, estaremos dando paso a eso que es nuevo y abriendo la puerta a las actividades del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo en todos los países —ese grupo que es el agente del Cristo.

 

  1. Fusionar y combinar la unida aspiración y anhelo del pueblo en todas partes para que el sonido de la demanda de la humanidad sea lo suficientemente fuerte para llegar a la Jerarquía espiritual.

 

Esto requerirá sacrificio, comprensión y un profundo amor por nuestros semejantes. También requerirá inteligencia, sabiduría y una práctica percepción de los asuntos mundiales. A medida que progrese el trabajo de establecer rectas relaciones humanas (que es la necesidad básica mundial) y a medida que se desarrolle el método de hacerlo —buena voluntad—, el Cristo y Sus discípulos constantemente se acercarán cada vez más al género humano.

 

Si se acepta la premisa inicial de que Él está en camino, entonces toda la gente espiritualmente orientada y los discípulos y aspirantes del mundo inevitablemente trabajarán —pero la premisa debe ser aceptada si el incentivo resulta adecuado. Con este pensamiento investigamos el futuro. El fíat del Señor ha sido pronunciado; Cristo permanece atento a la demanda de la humanidad. Esa demanda se eleva y aumenta cada día y “a la hora que menos penséis, Él vendrá”.

 

 

 

Extraído de: “La Reaparición del Cristo”  (edición en revisión), Alice Ann Bailey.


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