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La Reaparición del Cristo: Preparación para la Revelación

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La Reaparición del Cristo: Preparación para la Revelación

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Reseña:


LA REAPARICIÓN DEL CRISTO:

PREPARACIÓN PARA LA REVELACIÓN

 

No es fácil expresar la naturaleza de la revelación que está en camino. Involucra el reconocimiento por los hombres en todas partes, de que las “cosas-de-la-mente”, como lo llaman los hindúes, con las cuales sus propias mentes están relacionadas y de las cuales sus cuerpos mentales son una parte integral, también son parte de la mente de Cristo, el Cristo cósmico, de Quien el Cristo histórico es el representante ordenado en nuestro planeta. Cuando los hombres, mediante meditación y servicio grupal, hayan desarrollado una concienciación de sus propias mentes controladas e iluminadas, se hallarán iniciados en una conciencia de verdadero ser y en un estado de conocimiento que les probará el hecho del alma, más allá de toda duda o cuestionamiento.

 

El Misterio de las Edades está al borde de la revelación, y a través de la revelación del alma ese misterio que ella oculta será revelado. Las escrituras del mundo, sabemos, siempre han profetizado que al fin de la era veremos la revelación de eso que es secreto y el surgimiento a la luz del día de eso que hasta ahora ha estado oculto y velado. Este, nuestro ciclo presente, es el fin de la era, y los próximos doscientos años verán la abolición de la muerte, como ahora comprendemos esa gran transición, y el establecimiento del hecho de la existencia del alma. El alma será conocida como una entidad, como el impulso motivador y el centro espiritual detrás de todas las formas manifestadas. Las próximas décadas verán sustanciadas ciertas grandes creencias. El trabajo de Cristo, y Su principal misión hace dos mil años, fue demostrar las divinas posibilidades y poderes latentes en cada ser humano. La proclamación que hizo al efecto de que éramos todos hijos de Dios y tenemos un solo Padre universal, en el futuro, ya no será considerada como una declaración bella, mística y simbólica, sino que será considerada como un pronunciamiento científico. Nuestra hermandad universal y nuestra inmortalidad esencial serán demostradas y conciencializadas como hechos en la naturaleza. El Cristo dijo que no vino a traer paz sino una espada, y esotéricamente, Él ha sido el “Divisor Cósmico”. ¿Por qué? Porque, al establecer unidad, también hace una distinción entre cuerpo y alma. Cuerpo y alma son, sin embargo, sólo dos partes de un solo todo, y esto no debe olvidarse. Al establecer el hecho del alma y su expresión, el cuerpo, la totalidad emerge en completitud.

 

¿Cómo vendrá esta revelación? Entramos aquí en el reino de la predicción y de la previsión que muchos objetan basándose en que la cosa del momento es aquello que ayuda a la vivencia espiritual del alma; sienten que mantener promesas de futura ayuda y revelación y alentar en el aspirante una feliz conjetura y una inútil expectativa llevan consigo las simientes de peligro, de inercia estática y de inútiles imaginaciones. Pero “donde no hay visión, la gente perece”, y tanto ha sucedido durante los últimos doscientos años, y tanto ha sido ya revelado, que estamos provistos de una base firme para toda nuestra visión de futuro. Si los desarrollos de los siglos XIX y XX, en los departamentos de ciencia y sicología solamente, hubieran sido vaticinados a los pensadores del mundo en el siglo XVI, ¡cuán extraño e imposible les hubiera parecido todo! Más extraño que cualquier cosa que yo pudiera profetizarles aquí, pues ya hemos visto ocurrir mucho, y el testimonio del mundo del verdadero ser se va acumulando tan rápido, que ya no nos asombra ninguna ocurrencia.

 

 

 

El hecho del alma será llevado al reconocimiento racial de muchas maneras, y la revelación vendrá a lo largo de tantas líneas que todos los tipos de mentes serán satisfechos.

 

Paso a paso estamos dominando materia y haciendo más adecuado el mecanismo de concienciación y de contacto. Poco a poco nosotros (y con esto quiero decir la familia humana, como un todo) estamos acercándonos al “lugar de reconocimiento” y estamos preparándonos para escalar la montaña de la visión. Si los aspirantes sólo pudieran conciencializar las maravillas de esa revelación, y si captaran la magnificencia de la recompensa dada a sus esfuerzos, tendríamos menos fracaso, más valor, una realización mayor y más constante, y en consecuencia un mundo más rápidamente iluminado.

 

… Espacio de Silencio…

 

Para resumir, por lo tanto: la doctrina de los Avatares es paralela a la doctrina de la continuidad de la revelación. Siempre a través de las edades, y en cada gran crisis humana, siempre en las horas de necesidad, en la fundación de una nueva raza o en el despertar de una humanidad preparada para una nueva y más amplia misión, el Corazón de Dios —impelido por la Ley de Compasión— envía un Instructor, un Salvador del mundo, un Iluminador, un Avatar, un Intermediario trasmisor, un Cristo. Él da el mensaje que curará, que indicará el próximo paso que debe dar la raza de los hombres, que iluminará un oscuro problema mundial y dará al hombre una expresión de un aspecto de la divinidad hasta ahora no conciencializado. Sobre este hecho de la continuidad de la revelación y sobre la secuencia de esta progresiva manifestación de la Naturaleza divina, está basada la doctrina de los Avatares, Mensajeros divinos, Apariciones divinas y Salvadores. De todos Ellos, la historia inequívocamente da testimonio. Sobre el hecho de esta continuidad, esta secuencia de Mensajeros y Avatares, y sobre la extrema y espantosa necesidad de la humanidad en este momento, la expectativa mundial de la reaparición del Cristo está basada. El innato reconocimiento de todos estos hechos es lo que ha conducido al constantemente creciente grito invocativo de la humanidad en todas partes por alguna forma de alivio divino o intervención divina; el reconocimiento de estos hechos es lo que también impulsará la orden que ha surgido desde “el centro donde la voluntad de Dios es conocida” de que el Avatar venga nuevamente; el conocimiento de ambas demandas es lo que condujo al Cristo a permitir que Sus discípulos en todas partes sepan que Él reaparecerá cuando hayan realizado el trabajo preparatorio necesario.

 

Recuerde, la revelación rara vez viene a lo largo de las líneas esperadas. Habrá una afluencia de luz sobre el género humano que alterará sus condiciones de vida, cambiará su perspectiva sobre los asuntos mundiales e inaugurará una nueva era que se distinguirá por una aptitud para síntesis y cooperación grupal, y por nuevos poderes mentales… la vida tendrá un significado hasta ahora desconocido.

 

“Así la paz vendrá nuevamente a la tierra, pero una paz distinta de cualquier cosa conocida antes. Entonces la voluntad-al-bien florecerá como comprensión, y la comprensión fructificará como buena voluntad en los hombres.”

 

Extraído de: “La Reaparición del Cristo”  (edición en revisión) y “Sicología Esotérica”, Tomo I. Alice Ann Bailey.

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