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La Reaparición del Cristo: Un Retorno muy Familiar

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La Reaparición del Cristo: Un Retorno muy Familiar

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Reseña:


LA REAPARICIÓN DEL CRISTO:

UN RETORNO MUY FAMILIAR

 

La idea del retorno de Cristo es una idea muy familiar, y el concepto del Hijo de Dios retornando en respuesta a la necesidad humana tiene cabida en la enseñanza de la mayoría de las fes mundiales. Desde que aparentemente Él partió hacia la esfera donde los fieles Lo han ubicado, pequeños grupos de estas personas llegaron a creer que en tal y cual fecha regresará, y siempre sus profecías y expectativas han estado condenadas al fracaso. No ha vuelto. La multitud se ha reído de ellos y han sido reprendidos por los inteligentes. Sus ojos no Lo han visto y no ha habido indicio tangible alguno de Su Presencia. Hoy, miles conocen que Él vendrá; que los planes para Su venida ya han hecho pie, pero ellos no fijan fecha ni hora. El tiempo es conocido sólo para los dos o tres, pero “a la hora que no penséis, Él vendrá”.

 

Una verdad dura de aceptar para el pensador ortodoxo de cualquier fe es el hecho de que Cristo no puede retornar porque siempre ha estado aquí sobre la Tierra, vigilando el destino espiritual de la humanidad; nunca nos ha dejado sino que, en cuerpo físico y bien oculto (aunque no escondido), ha guiado los asuntos de la Jerarquía Espiritual, de Sus discípulos y trabajadores Quienes están unidamente prometidos con Él al servicio de la Tierra. Él puede solamente re-aparecer. Es un hecho espiritual que quienes han pasado desde la caverna de la tumba a la plenitud de la vida de resurrección pueden ser vistos y al mismo tiempo eludir la visión del creyente. Ver y reconocimiento son dos cosas muy diferentes, y uno de los grandes reconocimientos del género humano en el futuro cercano es el reconocimiento de que siempre Él ha estado con nosotros, compartiendo con nosotros la familiar utilidad y peculiares características de nuestra civilización y sus muchos dones para el hombre.

 

Los primeros signos de Su acercamiento con Sus discípulos ya pueden ser discernidos por quienes notan y correctamente interpretan los signos de los tiempos. Está (entre esos signos) la unión espiritualmente de quienes aman a sus semejantes. Esto es en realidad la organización del ejército físico externo del Señor —un ejército que no tiene armas excepto las de amor, de habla correcta y relaciones humanas correctas. Esta organización desconocida ha proseguido con velocidad fenomenal durante la posguerra, porque la humanidad está harta de odio y controversia.

 

El estado mayor del Cristo ya está activo en la forma del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo; ellos son el cuerpo de precursores más potente que jamás haya precedido a una gran Figura mundial en la arena del vivir humano. Su trabajo e influencia ya es vista y sentida en todo terreno, y nada puede destruir lo que han conseguido. El espiritual y organizador efecto de invocación expresada y enunciada también se ha intentado desde 1935, y la energía del grito invocativo de la humanidad ha sido dirigida hacia el interior de esos canales que van desde la Tierra hasta ese Lugar Elevado donde el Cristo mora. Desde allí, ha sido trasmitida a esas esferas aún más elevadas donde la atención del Señor del Mundo, el Anciano de Días, el Padre de todos, más las Energías Creativas y los Seres Vivientes que moran allí con Él, pueden ser enfocadas sobre la humanidad y pueden darse esos pasos que corporizarán más rápidamente los Propósitos de Dios.

 

Religión es el nombre, ciertamente, que damos al llamado invocativo de la humanidad que conduce a una respuesta evocativa del Espíritu de Dios. Este Espíritu obra en todo corazón humano y en todos los grupos. Obra también a través de la Jerarquía Espiritual del planeta. Impele al Guía de la Jerarquía, el Cristo, a entrar en acción, y la acción que está emprendiendo conducirá a Su retorno con Sus discípulos.

 

Por primera vez en la historia humana, la demanda del pueblo de la Tierra es tan potente y está tan en línea con la dirección divina, en tiempo y espacio, que el fin es inevitablemente seguro; el esperado Representante espiritual debe aparecer; esta vez no vendrá solo sino que estará acompañado por Aquellos Cuyas vidas y palabras evocarán reconocimiento en cada departamento del pensar humano. Las profecías simbólicas que se hallan en todas las Escrituras mundiales acerca de este evento inminente demostrarán su veracidad; no obstante su simbolismo suscitará re-interpretación; circunstancias y acontecimientos no necesariamente serán exactamente como las Escrituras parecerían indicar. Por ejemplo, Él vendrá en efecto en las “nubes del cielo”, como dicen las Escrituras cristianas, pero ¿qué gran interés puede haber en esto cuando millones van y vienen en las nubes, cada hora del día y de la noche? Menciono esto como una de las profecías sobresalientes y una de las más familiares; sin embargo, es una que poco significa en nuestra civilización moderna. El hecho de importancia es que Él vendrá.

 

La Presencia física sobre nuestro planeta de tan reconocidas figuras espirituales como el Señor del Mundo, el Anciano de Días; los siete Espíritus Quienes están ante el trono de Dios; el Buda, el líder espiritual de Oriente, y el Cristo, el líder espiritual de Occidente— sobre todos Ellos se nos llama la atención en este tiempo culminante. La vaga creencia en Su existencia, las fantasiosas especulaciones en cuanto a Su trabajo y Su interés en el bienestar humano, y el no convencido aunque esperanzado pensamiento anhelante de creyentes (y también no creyentes), pronto darán lugar a conocimiento cierto, a reconocimiento visual, a demostrables signos de trabajo ejecutivo y a la reorganización (por hombres de potencia inusual) de la vida política, religiosa, económica y social de la humanidad.

 

Todo esto no vendrá como el resultado de alguna proclamación o algún estupendo evento planetario que forzará a los seres humanos en todas partes a decir: “¡Loado sea, Él está allí! ¡Loado sea, he aquí los signos de Su divinidad!”, puesto que eso evocaría sólo antagonismo y risa, resistencia o credulidad fanática.

 

Vendrá como un reconocimiento de potencia en el liderato, a través de dinámicos pero lógicos cambios en los asuntos mundiales, y a través de la acción emprendida por las masas del pueblo desde las profundidades de su propia conciencia.

 

 

Extraído de: “La Reaparición del Cristo”  (edición en revisión), Alice Ann Bailey.


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