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La Reaparición del Cristo: Vida de Resurrección

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La Reaparición del Cristo: Vida de Resurrección

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Reseña:


LA REAPARICIÓN DEL CRISTO:

VIDA DE RESURRECCIÓN

 

Hay, por lo tanto, esta diferencia única entre la esperada venida del Cristo y el tiempo en que antes vino: el mundo está lleno de grupos trabajando para el bienestar humano. Este esfuerzo, a la luz de pasados eones de historia humana, es algo relativamente nuevo y para ello el Cristo debe prepararse y con esta tendencia Él tendrá que trabajar. El “ciclo de conferencias” que ahora está entrando en plena corriente, es parte de la condición única con la que el Cristo está enfrentado.

 

Sin embargo, antes de que Cristo pudiera venir con Sus discípulos, nuestra civilización actual tenía que morir. Durante el siglo venidero, comenzaremos a aprender el significado de la palabra “resurrección”, y la nueva era comenzará a revelar su profundo propósito e intención. El primer paso será que la humanidad emerja de la muerte de su civilización, de sus antiguas ideas y modos de vivir, la renuncia a sus metas materialistas y su irrefutable egoísmo, y que avance en la clara luz de la resurrección. Estas no son palabras simbólicas o místicas sino parte del marco general que rodeará al período de reaparición de Cristo; es un ciclo tan real como el ciclo de conferencias que ahora se está organizando tan afanosamente. Cuando vino antes, Cristo nos enseñó el verdadero significado de Renunciación o de la Crucifixión; esta vez Su mensaje concernirá a la vida de resurrección. El presente ciclo de conferencias está preparando a los hombres en todas partes para relaciones, aunque hoy parezcan de naturaleza ampliamente divergente; el factor importante es el interés humano general y el pensamiento acerca de establecer la necesidad, los objetivos involucrados, los medios a emplearse. El período de resurrección que el Cristo inaugurará y que constituirá Su trabajo único —dentro del cual tendrán cabida todas Sus otras actividades— será el resultado de la fermentación y la germinación que están teniendo lugar en el mundo de los hombres en este tiempo, de las cuales las muchas conferencias son la evidencia externa.

 

Estas diversas condiciones únicas, fue lo que el Cristo enfrentó durante los años de guerra, cuando la necesidad humana Lo forzó a decidir acelerar Su venida. El infausto estado del mundo como el resultado de siglos de egoísmo y de la guerra mundial, la sensitividad única que los hombres en todas partes estaban mostrando (como un resultado del proceso evolutivo), la difusión única de conocimiento acerca de la Jerarquía espiritual y el desarrollo único de conciencia grupal, mostrándose en todas partes en la multiplicidad de conferencias, enfrentó al Cristo con su ocasión única y Le obsequió una decisión que Él no podía evitar.

 

Reverentemente podríamos decir que en esta “ocasión” del Cristo, dos factores estaban involucrados y que ambos son difíciles de comprender por el hombre. El hecho de la sincronización de Su voluntad con la del Padre, y el hecho de que esta sincronización condujo a una decisión básica, debe ser comprendido por nosotros. No es fácil para el cristiano promedio percatarse de que el Cristo pasa constantemente a experiencias cada vez más potentes, y que en Su divina experiencia nada hay estático ni permanente —excepto Su inalterable amor por la humanidad.

 

Un estudio estricto del Evangelio, no obstruido por interpretaciones ortodoxas, revela ciertas cosas. Las interpretaciones usuales, si los hombres sólo las reconocieran en su verdadero significado, son simplemente la comprensión de algún hombre de una serie de palabras arameas, griegas o latinas. El hecho de que la mayoría de los comentaristas aceptados vivieran hace muchos siglos parece haber dado a tales palabras un valor totalmente injustificado. Las palabras de un comentarista o de un intérprete hoy aparentemente no tienen valor alguno en comparación con aquellas de antigua data; sin embargo el comentarista moderno es probablemente más inteligente y mejor educado que el antiguo y tiene, además, el beneficio de las muchas traducciones reconocidas y una ciencia precisa. Teológicamente estamos sufriendo la ignorancia del pasado; es una cosa peculiar que se suponga que un comentarista antiguo tenga más peso que el hombre moderno, más educado e inteligente. Si El Nuevo Testamento es veraz en su presentación del Cristo, si es veraz en la repetición de Sus palabras, de que podemos hacer “cosas más grandes” de las que Él hizo, y si es veraz en que Él nos dijo que “seamos perfectos incluso como nuestro Padre en los Cielos es perfecto”, ¿qué hay erróneo en nuestro reconocer la capacidad de un ser humano para seguir el ritmo a la mente de Cristo y conocer lo que Él tiene intención de que conozcamos? Cristo dijo que “si cualquier hombre hiciere la voluntad de Dios, conocerá”; así fue como el Cristo Mismo aprendió y ese es el modo que Él nos asegura será exitoso para cada uno de nosotros.

 

… Espacio de Silencio…

 

El alborear de esta significación de la voluntad de Dios sobre la conciencia del Cristo, Lo condujo a ciertas grandes decisiones y Lo obligó a exclamar: “Padre, no mi voluntad sino la Tuya sea hecha”. Estas palabras definitivamente indican conflicto y no indican la sincronización de las dos voluntades; indican la determinación, por parte del Cristo, de que no debería haber oposición alguna entre Su voluntad y la de Dios. Súbitamente, Él recibió una visión de la emergente intención divina para la humanidad y —por medio de la humanidad— para el planeta como un todo. En la particular etapa de desarrollo espiritual que Cristo había alcanzado entonces y que Lo había convertido en el Guía de la Jerarquía espiritual, el Uno que ingeniaba el surgimiento del Reino de Dios y Lo establecía como el Maestro de todos los Maestros y el Instructor de ángeles y de hombres, Su conciencia estaba absolutamente a uno con el Plan divino; su aplicación en la Tierra y su meta de establecer el Reino de Dios y la aparición del quinto reino en la naturaleza, para Él era simplemente el cumplimiento de la ley, y hacia ese cumplimiento Su vida entera estaba y había estado dirigida.

 

Hoy, la humanidad se encuentra en un peculiar y único punto medio, entre un pasado desventurado y un futuro que está lleno de promesa si la reaparición del Cristo es reconocida y se emprende la preparación para Su venida. El presente está lleno de promesa y también lleno de dificultad; en las manos de seres humanos hoy y en el presente inmediato, está el destino del mundo y —si reverentemente se lo puede decir— la actividad inmediata del Cristo.

En el ciclo que Cristo inaugurará después de Su reaparición, la meta de toda la enseñanza religiosa en el mundo será la resurrección del espíritu en el género humano; el énfasis estará sobre la vivencia de la naturaleza de Cristo en todo ser humano, y sobre el uso de la voluntad para ocasionar esta viviente trasfiguración de la naturaleza inferior. La prueba de ello será el Cristo resucitado. Este “Camino de Resurrección” es el Camino radiante, el Camino iluminado que conduce desde una gran expresión de divinidad en el hombre a otra; es el camino que expresa la luz de la inteligencia, la radiante sustancia de verdadero amor y la voluntad inflexible que no permite ninguna derrota ni retirada. Estas son las características que serán declarativas del Reino de Dios.

 

Extraído de: “La Reaparición del Cristo”  (edición en revisión), Alice Ann Bailey.


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