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La sensibilidad : ¿Puede el cuerpo tener conciencia de sí mismo ?

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La sensibilidad : ¿Puede el cuerpo tener conciencia de sí mismo ?

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Reseña:


El propio pensamiento es esta energía manipulándose a sí misma en un estrecho surco: el centro, el yo. La bondad sólo puede florecer cuando la energía está libre, pero el pensamiento, por su propia naturaleza, ha limitado dicha energía, y así es como tiene lugar la fragmentación de los sentidos. En consecuencia, están los sentidos, las sensaciones, los deseos y las imágenes que el pensamiento crea a causa del deseo. Todo esto es una fragmentación de la energía. ¿Puede este movimiento limitado ser consciente de sí mismo? O sea, ¿pueden los sentidos ser conscientes de sí mismos? ¿Puede el deseo verse a sí mismo surgiendo desde los sentidos, desde la sensación de la imagen que ha creado el pensamiento? ¿Y puede éste darse cuenta de sí mismo, de su movimiento? ¿Puede el cuerpo físico en su totalidad tener conciencia de sí mismo?

Nosotros vivimos a través de nuestros sentidos. Uno de ellos es habitualmente el que domina; el escuchar, el ver, el gustar parecen estar separados uno de otro, pero ¿es éste un hecho? ¿O es que hemos dado a uno u otro una importancia mayor? – o más bien, ¿es el pensamiento el que ha otorgado a uno u otro una mayor importancia? Uno puede escuchar una magnífica música y deleitarse en ella, y no obstante puede ser insensible a otras cosas. Uno puede tener un paladar muy sensible y ser completamente insensible a los delicados colores. Esto es fragmentación. Cuando cada fragmento sólo es consciente de sí mismo, entonces la fragmentación se mantiene. De este modo la energía se divide.

Si esto es así, como parece serlo, ¿existe una percepción no fragmentaria en la que participan todos los sentidos? Y el pensamiento forma parte de los sentidos. Esto implica la siguiente pregunta: ¿Puede el cuerpo ser consciente de sí mismo? No quiere decir que usted sea consciente de su cuerpo, sino que el cuerpo mismo tenga conciencia de sí. Esto es muy importante que se descubra. No puede ser enseñado por otro, porque entonces es una información de segunda mano que el pensamiento está imponiéndose a sí mismo. Es usted quien debe descubrir si el organismo en su totalidad, la entidad física, puede tener conciencia de sí misma. Uno puede tener conciencia del movimiento de un brazo, una pierna o la cabeza, y mediante ese movimiento sentir que se da cuenta de la totalidad; pero nosotros preguntamos: ¿Puede el cuerpo tener conciencia de sí mismo sin que haya ningún movimiento? Es esencial que esto se descubra, porque el pensamiento ha impuesto su norma al cuerpo – lo que piensa que es el ejercicio correcto, el alimento adecuado y así sucesivamente. Por lo tanto, existe el dominio del pensamiento sobre el organismo; consciente e inconscientemente hay una lucha entre el pensamiento y el organismo. De este modo el pensamiento está destruyendo la inteligencia natural del propio cuerpo. ¿Tiene el cuerpo, el organismo físico, su inteligencia propia? La tiene cuando todos los sentidos actúan juntos y en armonía, de manera tal que no hay esfuerzo alguno, ni exigencias emocionales o sensorias del deseo. Cuando uno tiene hambre, come, pero en general el gusto formado por el hábito, ordena lo que uno ha de comer. Así es como ocurre la fragmentación. Sólo la armonía entre todos los sentidos puede dar origen a un cuerpo sano, y esa armonía es la inteligencia del propio cuerpo. Lo que nos preguntamos es: La falta de armonía, ¿no produce acaso el desgaste de la energía? ¿Puede despertarse la inteligencia propia del organismo, que ha sido sofocada o destruida por el pensamiento?

Los recuerdos ocasionan estragos en el cuerpo. El recuerdo del placer experimentado ayer, convierte al pensamiento en el amo del cuerpo. El cuerpo se vuelve entonces un esclavo del amo, y la inteligencia es negada. Por tanto, hay conflicto. Esta lucha puede expresarse como pereza, fatiga, indiferencia, o puede manifestarse en respuestas neuróticas. Cuando el cuerpo posee su propia inteligencia liberada del pensamiento – aunque el pensamiento forme parte de ella – esta inteligencia vigilará su propio bienestar.

Del libro: Aprender es Vivir.

Editorial Gaia/ Alfaomega

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