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Las Cuatro Libertades y los Ocho Puntos de la Carta del Atlántico

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Las Cuatro Libertades y los Ocho Puntos de la Carta del Atlántico

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La energía que hoy está produciendo la lucha por la libertad y liberarse de condiciones ambientales. Esto puede expresarse como la pelea (en este momento) mundial por la libertad de la voluntad de los hombres, cuando se expresa en la prensa, en el discurso, en el gobierno, o en la lucha por una vida espiritual más profunda para el hombre. Esta “energía de liberación” fue detectada, registrada y voceada para la humanidad por Franklin D. Roosevelt en Las Cuatro Libertades, tan discutidas por los hombres en la actualidad; por ese medio él sentó las bases para la nueva civilización y la nueva cultura mundial.

6 de enero de 1941.

En los días futuros, queremos que haya seguridad y ansiamos un mundo basado sobre cuatro libertades humanas esenciales.

La primera, es la libertad de palabra y expresión — en todas partes del mundo.

La segunda, es la libertad de cada persona para adorar a Dios a su propia manera —en todas partes del mundo.

La tercera, estar libres de necesidades — que traducido en términos mundiales significa convenios económicos que aseguren a cada nación una vida saludable y pacífica para sus habitantes — en todas partes del mundo.

La cuarta, estar libres del temor —que traducido en términos mundiales significa reducir mundialmente los armamentos en tal grado y en forma tan completa, que ninguna nación pueda cometer un acto de agresión física contra algún vecino— en cualquier parte del mundo.

 Estas Cuatro Libertades se relacionan básicamente con los cuatro aspectos del yo inferior, el cuaternario. Los esfuerzos del Buda han permitido que penetre suficiente luz para conducir a un reconocimiento mundial de lo deseable de estas fórmulas; y ya hay suficiente amor en el mundo, liberado por el Cristo, para hacer posible la elaboración de las fórmulas. Respáldense en esa seguridad y —en práctica plena en el plano físico— demuestren la verdad de ello. Dije “hacer posible”, pues la elaboración está en las manos del nuevo grupo de servidores del mundo y los hombres y mujeres de buena voluntad. ¿Resultarán adecuados para la tarea? ¿Se prepararán para el arduo esfuerzo necesario?

Los Ocho Puntos de la Carta Del Atlántico

14 de agosto de 1941

El Presidente de los Estados Unidos de América, Franklin D. Roosevelt, y el Primer Ministro, Sr. Churchill, representando al gobierno de Su Majestad en el Reino Unido, se reunieron y consideraron conveniente hacer conocer ciertos principios comunes de la política nacional de sus respectivos países, sobre los cuales se basan sus esperanzas, por un futuro mejor para el mundo.

Primero. Sus países no persiguen el engrandecimiento territorial ni de otra naturaleza.

Segundo. No desean que se efectúe ningún cambio territorial que no esté de acuerdo con los deseos libremente expresados por los pueblos implicados.

Tercero. Respetan el derecho de todos los pueblos de elegir la forma de gobierno bajo la cual vivirán; desean el restablecimiento de los derechos soberanos y el gobierno autónomo en esos pueblos a los que se les ha privado de ello por la fuerza.

Cuarto. Se esforzarán, respetando debidamente sus actuales obligaciones, en fomentar para todos los Estados, grandes o pequeños, vencedores o vencidos, el beneficio que proporciona el acceso en igualdad de condiciones, al comercio y a las materias primas del mundo, necesarias para su prosperidad económica.

Quinto. Desean ocasionar la más plena colaboración entre todas las naciones en el campo económico con el objeto de asegurar, para todos, mejores normas de trabajo, desarrollo económico y seguridad social.

Sexto. Después de la destrucción final de la tiranía nazi, esperan ver establecida una paz que proporcionará a todas las naciones los medios de residir en seguridad dentro de sus propias fronteras, y que proporcionará la garantía de que todos los hombres en todos los países puedan vivir sus vidas libres de temor y necesidad.

Séptimo. Una paz así, debería permitir a todos los hombres cruzar los mares y océanos sin impedimentos.

Octavo. Creen que todas las naciones del mundo, por razones reales y espirituales, deben llegar a abandonar el uso de la fuerza. Ya que ninguna paz futura puede mantenerse si armamentos de tierra, mar y aire continúan siendo empleados por naciones que amenazan, o pueden amenazar, agresión fuera de sus fronteras, ellos creen, en espera de un sistema de seguridad más amplio y permanente, que el desarme de esas naciones es esencial. Asimismo ayudarán y alentarán todas las demás medidas prácticas que aliviarán para los pueblos amantes de la paz el agobiante peso de los armamentos.

 Volveré a escribir e indicaré los aspectos prácticos del trabajo. En el ínterin, mediten y reflexionen sobre lo dicho; esfuércense por fortalecer el vínculo con su alma y entre sí. Que el amor, no la emoción y el sentimiento, controle sus pensamientos, palabras y actos. Les pediría también que estudiaran cuidadosamente las indicaciones que he dado en el pasado sobre el trabajo que debe realizarse y además que analizaran detenidamente los Ocho Puntos delineados en alta mar y las Cuatro Libertades tan a menudo discutidas en todo el mundo.

Que el silencio y la profundidad caractericen sus vidas internas.  Agosto de 1941

 Extraído de La Exteriorización de la Jerarquía.

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