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LGI 2 – Estanza 2 Parte XI

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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LGI 2 - Estanza 2 Parte XI

Reflexión sobre los Libros Azules

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Reseña:


 

La Gran Invocación

Estanza Dos

Septiembre de 1940

 

Observen por un momento las cuatro palabras que personifican el pensamiento de lo que puede ser hecho por los hombres para realizar la misión de Aquel Que Viene, el Jinete del lugar secreto.

 

Se nos dice que Luz y Amor y Poder y Muerte deben ser invocados para cumplir el propósito de Aquel Que Viene. Aquí bajamos directamente al tema práctico de la parte individual del hombre en los procesos de liberación. Aquí nos concierne aquello que —dentro de la humanidad misma — necesita ser evocado a fin de producir recta cooperación, recta preparación y recta comprensión. Cuatro potencias dentro del alma del hombre están disponibles para ser utilizadas individualmente en ayuda de las Fuerzas de la Luz —potencias que el hombre comparte con todos los hombres en mayor o menor grado, de acuerdo al poder expresivo del alma. Estas potencias no son innatas al yo inferior sino únicamente al superior. El yo inferior refleja únicamente formas distorsionadas de las energías divinas superiores. Este punto debe ser observado cuidadosamente.

 

Poco puedo decirles [e232] de la Luz y el Amor. Para los estudiantes esotéricos estas palabras son tan familiares que casi no tienen sentido, y sólo [i277] quienes pueden caminar en la luz y cuya reacción principal es amor a la humanidad, comprenderán la significación y la interrelación de estas cuatro palabras.

 

Luz, con la cual ver la nueva visión, es necesaria para todos. Esto probablemente no será una intensificación de cualquier visión anterior, por muy espiritual que parezca, sino algo tan enteramente nuevo que necesitarán toda la luz que esté en ustedes y una percepción interna entrenada si han de reconocerla al entrar en contacto con ella.

 

Amor, que no es emoción o sentimiento, y que no está relacionado con la sensación (la cual es una distorsión del verdadero amor), sino que es la determinación fija de hacer aquello que es lo mejor para toda la humanidad, o para el grupo (si el concepto mayor no es posible para ustedes), y hacer esto a cualquier costo personal y por medio del máximo sacrificio. Sólo quienes aman verdaderamente a sus semejantes pueden ver las cuestiones claras y pueden captar la inevitabilidad de las cosas que deben hacerse para dar fin al actual gobierno de terror y de este modo introducir el nuevo gobierno de paz. Paz no es la meta para nuestra raza o tiempo, no importa lo que muchos hombres puedan pensar. Este es un ciclo de actividad constantemente creciente, con el objetivo en vista de establecer rectas relaciones humanas, inteligentemente llevadas adelante. Tal actividad e intenso cambio no está en consonancia con lo que generalmente se comprende como paz. La paz tiene relación con el aspecto emocional de la vida y fue la meta en los días atlantes, donde la paz fue una gran cuestión espiritual. Pero la paz y el amor a la paz pueden ser un mortal soporífero, y lo son en este momento. Su propósito generalmente es egoísta, y la gente ansía paz porque quiere ser feliz. La felicidad y la paz vendrán cuando haya rectas relaciones humanas. La paz y la guerra no son un verdadero par de opuestos. Paz y cambio, paz y movimiento, son los opuestos reales. La guerra no es sino un aspecto del cambio, y tiene sus raíces profundo en la materia. La paz generalmente deseada y discutida concierne a la paz material, y en todos los casos está relacionada con la personalidad, ya sea la personalidad individual o la de la humanidad como un todo. Por lo tanto, no me ocupo de la paz, sino que me concierne el amor, que a menudo perturba [i278] el equilibrio de la materia y la circunstancia material, y puede en consecuencia ir en contra de la así llamada paz.

 

Poder es algo que siempre ha sido de interés, a lo largo de los siglos, para la humanidad avanzada y para esos hombres [e233] que podían responder al aspecto voluntad por medio de su desarrollo mental. Hoy se está volviendo de interés para las masas y para los tipos de hombres más mediocres, y por eso es con frecuencia mal utilizado y dirigido a propósitos egoístas. Aquí el poder a ser evocado del alma humana, en esta hora de necesidad, es la capacidad de conocer el Plan y trabajar para su promoción, cooperando con esas fuerzas que se esfuerzan para re-establecer el orden en la Tierra y poner fin al ciclo de maldad agresiva en el cual hoy nos encontramos.

 

Surge aquí el interrogante de si el ciclo es susceptible de interferencia o si no debe forzosamente seguir su curso designado. Les recordaría que la ley de los ciclos es la ley que gobierna la aparición y la desaparición de grandes y activas energías que entran y salen de la manifestación, cumpliendo los propósitos de la Deidad y sin embargo limitadas y disminuidas por la cualidad de las formas sobre las cuales hacen su impacto. Si alguna intervención es posible y tiene lugar, será una “intervención a tiempo”[1]. Tal intervención está insinuada en las sagradas escrituras, tal como el Nuevo Testamento, donde se predice que “para bien de los elegidos, el tiempo será acortado”. Su significado real (que no se evidencia en la traducción más bien inadecuada que poseemos) es “debido a los elegidos o a causa de aquellos que saben y que emprenden la correcta acción, el progreso del mal puede ser detenido”. Esto es alentador y les recomiendo prestar atención a este pensamiento. Hay un poder que tales “elegidos” pueden manejar —comprendiendo la naturaleza preparatoria y altruista de ese poder.

 

Y Muerte —¿a qué se refiere? No a la muerte del cuerpo o forma, porque eso es relativamente insignificante, sino al “poder de renunciar” que con el tiempo llega a ser la característica del discípulo prometido. La nueva era está llegando; los nuevos ideales, la nueva civilización, los nuevos modos de vida, de educación, de presentación religiosa y de gobierno [i279] se están precipitando lentamente, y nada puede detenerlos. Sin embargo, pueden ser demorados por las personas reaccionarias, por los ultraconservadores y las mentes cerradas, y por aquellos que se aferran con adamantina determinación a sus bienamadas teorías, sus sueños y sus visiones, sus interpretaciones y su peculiar y a menudo estrecha comprensión de los ideales presentados. Ellos son los que pueden retrasar y retrasan la hora de la liberación.

 

Una fluidez espiritual, una disposición a dejar ir todas las ideas e ideales preconcebidos, así como todas las queridas tendencias, los cultivados hábitos de pensamiento y todo esfuerzo determinado para hacer que el mundo concuerde con el canon que le parece mejor al individuo por ser, para él, el más tentador —todos estos deben ser puestos bajo el poder de la muerte. Se puede renunciar a ellos [e234] sin peligro y con seguridad, y sin temor a los resultados, si el móvil de la vida es un real y duradero amor a la humanidad.

 

Al amor, al verdadero amor espiritual como el alma lo conoce, siempre puede confiársele el poder y la oportunidad y nunca traicionará esa confianza. Pondrá todas las cosas en línea con la visión del alma.

La Exteriorización de la Jerarquía

[1]     in time

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