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LGI 3 – Estanza 3 Parte X

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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LGI 3 - Estanza 3 Parte X

Reflexión sobre los Libros Azules

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Reseña:


La Gran Invocación

Estanza Tres

Parte X

 

La línea final de la última estanza también quizás necesite explicación. Habla de la tarea del Plan como implementado por la humanidad para “sellar la puerta donde se halla el mal”. Esto (es innecesario decir) es una manera simbólica de expresar la idea de desactivar y neutralizar los propósitos del mal. No hay lugar particular alguno donde more el mal; el Nuevo Testamento, en el Apocalipsis, habla del mal, de la destrucción del demonio y de reducir a la impotencia a Satanás. Todos estos pasajes se refieren al mismo ciclo de tiempo del cual se ocupa esta Invocación y el cual procura ocasionar.

 

La “puerta donde se halla el mal” es mantenida abierta por la humanidad debido a su deseo egoísta, sus odios y su separatividad, por [i174] su codicia y sus barreras raciales y nacionales, sus bajas ambiciones personales y su amor al poder y crueldad. Cuando buena voluntad y luz afluyan a las mentes y los corazones de los hombres, estas cualidades malignas y estas energías dirigidas que mantienen la puerta del mal abierta darán lugar a un anhelo de rectas relaciones humanas, a una determinación de crear un mundo mejor y más pacífico y a una expresión generalizada de la voluntad-al-bien. A medida que estas cualidades reemplacen [e159] a las antiguas e indeseables, la puerta donde se halla el mal simbólica y lentamente se cerrará por el puro peso de la opinión pública y por correcto deseo humano. Nada puede detenerlo.

 

De este modo el Plan original será restaurado en la Tierra; en la Biblia se menciona esto simbólicamente como el Jardín del Edén; el Ángel con la Espada Flamígera ya no guardará la Puerta de Iniciación al Reino de Dios, sino que será trasformado en el Ángel de la Presencia. Simultáneamente, la puerta al mundo de la realidad espiritual se abrirá ante el género humano y la puerta donde se halla el mal será cerrada. Estos pocos pensamientos puede que hagan revivir esta Invocación en vuestras mentes y adquirir una nueva y vital vivencia. Está singularmente relacionada con todas las creencias verdaderas y antiguas; ofrece esperanza para el futuro y es de relevancia actual e importancia práctica.

 

Su trabajo de meditación debería limitarse exclusivamente a una profunda comprensión de esta estanza de la Gran Invocación y de la producción dentro de usted mismo del espíritu invocador.

 

Aquí el Tibetano se refiere a esta Invocación en su totalidad como una estanza, la tercera y final de tres “estanzas” o Invocaciones. Distribuyó la primera comenzando con la línea: “Que las Fuerzas de la Luz traigan iluminación a la humanidad”, en 1936, y la segunda en 1940, comenzando “Que surjan los Señores de la Liberación”.

Discipulado en la Nueva Era II

 

Es esencial que los servidores en todas partes —los hombres y mujeres inteligentes de buena voluntad— tengan una comprensión fresca y clara del trabajo a realizar, y se conviertan en “canales de trasmisión y no en puntos de interferencia de interés egoísta” en la corriente divina. Esto requiere visión y valentía. Ajustar sus vidas —diariamente y en todas las relaciones— a la necesidad de la hora y al servicio del género humano, requiere valentía; atacar los problemas de la vida en nombre de otros y [i196] obliterar los propios deseos personales en la emergencia y necesidad, y hacerlo consistente y persistentemente, requiere valentía. Sin embargo, hay mucho para alentar al servidor.

La Humanidad ahora ha [e155] alcanzado un punto en el desarrollo donde hay una definida captación del Plan de la Jerarquía —denomíneselo fraternidad, compartición, internacionalismo, unidad o lo que se quiera. Es una creciente y fáctica aprehensión y es un reconocimiento general por parte de los pensadores y esoteristas del mundo, por las personas religiosas esclarecidas, por los estadistas de mente abierta, por los industriales y hombres de negocios de visión inclusiva y percepción interna humanitaria, y actualmente hasta por el hombre de la calle. Hay también un reconocimiento más definido de los valores espirituales emergentes, y una mayor disposición a renunciar a todo lo que obstaculiza el servicio. Los planes de Cristo para la liberación de la humanidad están más maduros, pues han debido esperar hasta que la tendencia de la aspiración humana fuera a todas luces categórica; y la nueva era ya se divisa en el horizonte con sus latentes posibilidades, despojada de los velos del glamur y las ilusiones que la oscurecían diez años atrás. Todo esto es un desafío para el discípulo. ¿Qué es lo que él debe hacer?

El discípulo tiene que aceptarse él mismo tal como es, en cualquier momento dado, con cualquier equipo que disponga y bajo cualquier circunstancia; entonces él, sus asuntos y su tiempo se subordinan a la necesidad del momento —especialmente durante la etapa de crisis grupal, nacional o mundial. Cuando lo haga en conciencia y por lo tanto piense en términos de verdaderos valores, descubrirá que sus problemas particulares son atendidos, sus capacidades aumentan y olvida sus limitaciones. Ocupa el lugar que le corresponde con aquellos que perciben las necesidades del ciclo entrante —ciclo donde las nuevas ideas e ideales deben ser enfatizados y por los cuales se debe luchar, donde los planes más amplios para el bien de la totalidad han de ser comprendidos, [i197] apoyados y divulgados, y la nueva y más clara visión para el vivir humano ha de ser captada y finalmente llevada a la manifestación, y un ciclo en que el esfuerzo de todos los Miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo deberá dedicarse a aliviar la carga de la humanidad.

Telepatía y el Vehículo Etérico

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