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Libérate de la Codependencia: No tienen por qué ser perfectas las decisiones tomadas

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Libérate de la Codependencia: No tienen por qué ser perfectas las decisiones tomadas

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Reseña:


 Ira.

Si hemos hecho o hacemos cosas inadecuadas, manejemos nuestros bien ganados sentimientos de culpa y sigamos desde ahí hacia adelante. Luchemos por progresar. Necesitamos ser gentiles con nosotros mismos si hemos estado reprimiendo montones de sentimientos de ira. Las cosas llevan su tiempo. Podemos necesitar estar así de enojados en este momento. Cuando ya no necesitemos estar enojados, dejaremos de estarlo si así lo deseamos.                                   Si pensamos que podemos estar varados en la ira, busquemos ayuda profesional. Algunas personas creen que nunca debemos enojarnos; si controlamos nuestro pensamiento y nos desapegamos en forma adecuada, nunca reaccionaremos con ira ni nos sumergiremos en ella. Eso probablemente es cierto; sin embargo, prefiero relajarme y ver qué pasa, en vez de protegerme rígidamente. Y, al igual que mi amiga, desconfío de la gente que sonríe y que me dice que nunca se enoja. No me malentiendan: no les aconsejo que nos detengamos en la ira y en los resentimientos. No crean que la ira debe volverse el punto focal de nuestra vida, ni tampoco debemos buscar razones para enojarnos para probamos a nosotros mismos. “No es bueno estar enojados todo el tiempo”, dice la consejera Esther Olson. No es sano actuar en forma hostil. Hay mucho más en la vida que la ira. Pero es saludable enojarse cuando necesitemos hacerlo.

 

                               Capítulo XV

Sí, tú puedes pensar

Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez,                               sino de fortaleza, de amor y de templanza. Timoteo ll. 1:7.

“¿Qué cree usted que debo hacer?”, me preguntó una vez una cliente que estaba en el periodo crítico de su codependencia.                          La mujer encaraba una decisión significativa relacionada con su esposo y con sus hijos.                                                                                  “¿Qué es lo que piensa usted?”, le pregunté. “¿Me está preguntando a mí?”, me respondió. “Me tardo quince minutos en el supermercado decidiendo si quiero comprar una botella de cloro de dos mil quinientos pesos o de tres mil. No puedo tomar ni las decisiones más pequeñas. ¿Cómo espera que pueda tomar una tan grande e importante como esta?” Siendo codependientes, muchos de nosotros no confiamos en nuestro criterio. Entendemos verdaderamente el horror de la indecisión. Las elecciones más insignificantes, como qué ordenar en el restaurante o qué marca de detergente comprar, nos paralizan. Las decisiones significativas más importantes que afrontamos, entre las cuales están cómo resolver nuestros problemas, qué hacer con nuestras vidas, y con quién vivir, pueden abrumarnos. Muchos de nosotros sencillamente nos damos por vencidos y nos rehusamos a pensar en estas cosas. Algunos permitimos que las circunstancias u otras personas decidan por nosotros. Este es un capítulo corto, pero importante.                                                                                                            A lo largo del libro, los he alentado a que piensen acerca de las cosas, a que las averigüen, a que decidan lo que necesitan, decidan qué quieren y decidan cómo solucionar sus problemas. Algunos de ustedes pueden preguntarse si eso es posible. El propósito de este capítulo es decirles que ustedes pueden pensar, ustedes pueden averiguar soluciones, y ustedes pueden tomar decisiones, decisiones buenas y saludables.

 

Por una multitud de razones hemos perdido la fe en nuestra capacidad para pensar y razonar las cosas.

Creer en mentiras, mentirnos a nosotros mismos (negación), el caos, el estrés, la baja autoestima y un estómago lleno de emociones reprimidas puede nublar nuestra capacidad para pensar. Nos confundimos. Pero no quiere decir que no podamos pensar. Reaccionar en exceso puede deteriorar nuestro funcionamiento mental. La capacidad de decisión se ve obstaculizada al preocuparnos de lo que pensarán otras personas; al forzarnos a nosotros mismos a ser perfectos, y al decirnos que nos demos prisa. Creernos equivocadamente que no podemos hacer la elección “incorrecta”, que nunca tendremos otra oportunidad, y que el mundo entero espera esta decisión en particular. No tenemos ninguna necesidad de martirizarnos de esta manera. Odiarnos, negarnos la posibilidad de tomar decisiones correctas, y luego echarnos encima un montón de “debería de” cada vez que tratamos de tomar decisiones, tampoco ayuda a nuestro proceso de pensamiento. No escuchar a nuestras necesidades y deseos, y decirnos que lo que deseamos está mal, nos esconde la información que necesitarnos para hacer buenas elecciones.   Buscar una segunda opinión y los “qué tal si” tampoco ayudan. Estamos aprendiendo a amarnos, a confiar y a escucharnos a nosotros mismos. Quizá hemos usado nuestras mentes en forma inadecuada, preocupándonos y obsesionándonos, y nuestras mentes están cansadas, hemos abusado de ellas y están llenas de pensamientos de ansiedad. También estarnos aprendiendo a detener estos patrones. Tal vez perdimos la fe en nuestra capacidad para pensar porque la gente nos ha dicho que no podemos pensar ni tomar decisiones correctas. Nuestros padres pueden haber provocado esto en forma directa o indirecta cuando éramos niños.

 

Pueden habernos dicho que éramos tontos. O puede ser que hayan tomado todas las decisiones por nosotros. Quizá criticaron todas las elecciones que hicimos. O pueden habernos confundido negándonos o rehusándose a reconocer nuestra capacidad para pensar cuando señalábamos problemas en casa.

Tal vez tuvimos dificultades con compañeros en la escuela cuando éramos chicos; en vez de hacer lo que necesitábamos para resolver el problema, nos dimos por vencidos y nos convencimos de que no podíamos pensar ni solucionar las cosas. La gente puede haber menospreciado a inteligencia de las mujeres, pero esas son tonterías. No somos tontas. Las mujeres podemos pensar. Los hombres pueden pensar. Los niños pueden pensar.

Podemos vivir ahora con gente que nos está diciendo directa o indirectamente que no podemos pensar. Muchos de ellos pueden incluso decirnos que estamos locos, pero los alcohólicos hacen eso con la gente que vive con ellos. ¡Tal vez hayamos empezado a pensar que estamos locos! Pero no crean nada de eso ni por un minuto. Podemos pensar. Nuestras mentes funcionan bien. Podemos desenmarañar las cosas. Podemos tomar decisiones. Podemos decidir qué queremos y qué necesitamos hacer y cuándo es tiempo de hacerlo. Y podemos tomar decisiones que incrementen nuestra autoestima. ¡Hasta tenemos derecho a tener nuestras opiniones! Y sí tenemos algunas. Podemos pensar apropiada y racionalmente. Incluso tenemos el poder para evaluarnos a nosotros mismos y a nuestros pensamientos, de modo que podamos corregir nuestra manera de pensar cuando se vuelve desastrosa o irracional. Podemos evaluar nuestra conducta. Podemos tomar decisiones acerca de lo que queremos y necesitamos. Podemos averiguar en qué consisten nuestros problemas y qué podemos hacer para solucionarlos. Podemos tomar decisiones pequeñas y grandes. Podemos sentirnos frustrados cuando tratamos de tomar decisiones o de resolver problemas, pero eso es normal. A veces necesitamos llegar a frustrarnos para cambiar radicalmente de modo de pensar. Es parte del proceso.

 

Recuerden: no tienen por qué ser perfectas las decisiones tomadas. No tenemos que ser perfectos. Ni siquiera tenemos que ser casi perfectos. Podemos ser simplemente quienes somos. Podemos equivocarnos en nuestras elecciones. No somos tan frágiles que no podamos manejar el hecho de haber cometido un error. ¡No es para tanto! Es parte del vivir. Podemos aprender de nuestros errores, o sencillamente podemos tomar otra decisión. La cita que sigue trata acerca de la toma de decisiones en el mundo de los negocios, y creo que también se aplica a otras áreas de la vida: Si tomas una decisión, te convertirás en un héroe dentro del mundo de los negocios. Si el 30 por ciento de tus decisiones son correctas, serás un gran triunfador! Incluso podemos cambiar de manera de pensar. Y luego volver a cambiar. Y luego otra vez. Los codependientes vacilan. Como codependientes, estamos en medio de situaciones perturbadoras. Podemos ir de aquí para allá; podemos correr al alcohólico, y luego recibirlo o recibirla de nuevo. Podemos irnos, regresar, luego irnos otra vez. Así es como llegaremos a dónde vamos. Está bien. Demos un paso más adelante, es normal y a menudo necesario. “Pero”, un codependiente puede objetar, “no sabes cómo es mi mente. En ocasiones tengo pensamientos terribles. A veces tengo fantasías inenarrables”. Todos los tenemos, y es normal, especialmente si vivimos con un alcohólico. En nuestra mente podemos haber ido cien veces al funeral de nuestro cónyuge alcohólico. Nuestros pensamientos son la clave para nuestros sentimientos. Nuestros sentimientos son la clave para nuestros pensamientos. No tenemos que reprimir. Necesitamos dejar que los pensamientos y sentimientos nos atraviesen, y luego determinar qué debemos hacer para cuidar de nosotros mismos. Las siguientes sugerencias pueden ayudarnos a ganar con fianza en nuestras capacidades mentales: Pongamos nuestra mente en paz. Desapeguémonos. Calmémonos. Si estamos enfrentando una decisión, pequeña o grande, pongámonos en paz primero, y luego decidamos. Esperemos hasta que nuestra mente esté consistente. Si verdaderamente no podemos tomar una decisión en un día determinado, entonces obviamente no es tiempo de tomar esa decisión. Cuando sea tiempo, seremos capaces de hacerlo. Y de hacerlo bien. Pidámosle a Dios que nos ayude a pensar.

 

Todas las mañanas, le pido que me dé un pensamiento, una palabra o una acción correctos. Le pido que me mande su inspiración y su guía. Le pido que me ayude a resolver mis problemas. Yo creo que Él sí ayuda. Sé que lo hace. Pero Él espera que yo haga mi parte y piense. Algunos días son mejores que otros. Dejemos de abusar de nuestras mentes. La preocupación y la obsesión constituyen un abuso mental. Deja de hacer estas cosas. Alimentemos nuestra mente. Demos información a nuestra mente, Obtengamos la información que necesitamos acerca de problemas y decisiones, ya sea que el problema sea comer en exceso, el alcoholismo, las relaciones interpersonales, o cómo comprar una computadora. Demos a nuestras mentes una cantidad razonable de datos, y luego dejémosla escoger. Saldremos con buenas respuestas y soluciones. Alimentemos nuestra mente con pensamientos sanos. Dediquémonos a actividades que eleven nuestros pensamientos y nos den una carga positiva. Leamos un libro de meditación por las mañanas. Encontremos algo que nos deje diciendo “yo puedo”, en vez de “yo no puedo”. Expandamos nuestras mentes. Muchos nos preocupamos tanto por nuestros problemas y los de los demás que dejamos de leer el periódico, de ver documentales, de leer libros, y de aprender cosas nuevas. Interesémonos en el mundo que nos rodea.

 

Aprendamos algo nuevo. Tomemos una clase. Dejemos de decir cosas malas acerca de nuestras mentes. Dejemos de decir cosas tales como, “soy tonto”, “no puedo tomar decisiones adecuadas”, “en realidad no soy muy listo”, “nunca he sido bueno para encontrar soluciones”, o “no soy bueno para decidir”. Es tan fácil decir cosas buenas acerca de nosotros mismos como decir cosas negativas. Y, probablemente empecemos a creer las cosas positivas y descubramos que son verdad. ¿No es emocionante eso? Usemos nuestra mente. Tomemos decisiones. Formulemos opiniones. Expresémoslas. ¡Seamos creativos! Piensa bien las cosas, pero no te preocupes ni ce obsesiones. No tenemos que dejar que nadie tome decisiones por nosotros, a menos que estemos encarcelados en prisión. Y aunque así fuera, todavía podemos pensar y tomar algunas decisiones. Dejar que a gente decida por nosotros significa que estamos siendo rescatados, lo cual quiere decir que nos estamos sintiendo víctimas. No somos víctimas. Aún más, no es asunto nuestro tomar decisiones por otros adultos. Podemos tomar posesión de nuestro poder para pensar. Y podemos dejar que los demás sean responsables de lo que piensan. Ganaremos más confianza en nosotros mismos a medida que empezamos a sentirnos mejor y empezamos a tomar decisiones, grandes y pequeñas. La gente a nuestro alrededor crecerá, a medida que se le permita tomar decisiones y cometer errores. Podemos sentirnos a gusto con nuestra mente. Llegar a conocerla. Es parte de nosotros, y funciona. Confiemos en ella y en nuestra capacidad para pensar.

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