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Libérate de la Codependencia: Puedes pensar y establecer tus propias metas

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Libérate de la Codependencia: Puedes pensar y establecer tus propias metas

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Reseña:


Continuamos leyendo el libro Libérate de la codependencia de Melody Beatty

                                     Capítulo XV

Sí, tú puedes pensar

Necesitamos dejar que los pensamientos y sentimientos nos atraviesen, y luego determinar qué debemos hacer para cuidar de nosotros mismos. Las siguientes sugerencias pueden ayudarnos a ganar con fianza en nuestras capacidades mentales: Pongamos nuestra mente en paz. Desapeguémonos. Calmémonos. Si estamos enfrentando una decisión, pequeña o grande, pongámonos en paz primero, y luego decidamos. Esperemos hasta que nuestra mente esté consistente. Si verdaderamente no podemos tomar una decisión en un día determinado, entonces obviamente no es tiempo de tomar esa decisión. Cuando sea tiempo, seremos capaces de hacerlo. Y de hacerlo bien. Pidámosle a Dios que nos ayude a pensar.

Todas las mañanas, le pido que me dé un pensamiento, una palabra o una acción correctos. Le pido que me mande su inspiración y su guía. Le pido que me ayude a resolver mis problemas. Yo creo que Él sí ayuda. Sé que lo hace. Pero Él espera que yo haga mi parte y piense. Algunos días son mejores que otros. Dejemos de abusar de nuestras mentes. La preocupación y la obsesión constituyen un abuso mental. Deja de hacer estas cosas. Alimentemos nuestra mente. Demos información a nuestra mente, Obtengamos la información que necesitamos acerca de problemas y decisiones, ya sea que el problema sea comer en exceso, el alcoholismo, las relaciones interpersonales, o cómo comprar una computadora.

I.—

Demos a nuestras mentes una cantidad razonable de datos, y luego dejémosla escoger. Saldremos con buenas respuestas y soluciones. Alimentemos nuestra mente con pensamientos sanos. Dediquémonos a actividades que eleven nuestros pensamientos y nos den una carga positiva. Leamos un libro de meditación por las mañanas. Encontremos algo que nos deje diciendo “yo puedo”, en vez de “yo no puedo”. Expandamos nuestras mentes. Muchos nos preocupamos tanto por nuestros problemas y los de los demás que dejamos de leer el periódico, de ver documentales, de leer libros, y de aprender cosas nuevas. Interesémonos en el mundo que nos rodea.

Aprendamos algo nuevo. Tomemos una clase. Dejemos de decir cosas malas acerca de nuestras mentes. Dejemos de decir cosas tales como, “soy tonto”, “no puedo tomar decisiones adecuadas”, “en realidad no soy muy listo”, “nunca he sido bueno para encontrar soluciones”, o “no soy bueno para decidir”. Es tan fácil decir cosas buenas acerca de nosotros mismos como decir cosas negativas. Y, probablemente empecemos a creer las cosas positivas y descubramos que son verdad. ¿No es emocionante eso? Usemos nuestra mente. Tomemos decisiones. Formulemos opiniones. Expresémoslas. ¡Seamos creativos! Piensa bien las cosas, pero no te preocupes ni ce obsesiones. No tenemos que dejar que nadie tome decisiones por nosotros, a menos que estemos encarcelados en prisión. Y aunque así fuera, todavía podemos pensar y tomar algunas decisiones. Dejar que la gente decida por nosotros significa que estamos siendo rescatados, lo cual quiere decir que nos estamos sintiendo víctimas. No somos víctimas. Aún más, no es asunto nuestro tomar decisiones por otros adultos.

M.—

Podemos tomar posesión de nuestro poder para pensar. Y podemos dejar que los demás sean responsables de lo que piensan. Ganaremos más confianza en nosotros mismos a medida que empezamos a sentirnos mejor y empezamos a tomar decisiones, grandes y pequeñas. La gente a nuestro alrededor crecerá, a medida que se le permita tomar decisiones y cometer errores. Podemos sentirnos a gusto con nuestra mente. Llegar a conocerla. Es parte de nosotros, y funciona. Confiemos en ella y en nuestra capacidad para pensar.

                                       CAPITULO XVI

ESTABLECE TUS PROPIAS METAS

 

Cree que la vida vale la pena ser vivida y                                                           esa creencia originará el hecho.

No tengas miedo de vivir.

William James

La más emocionante idea que he descubierto en mi sobriedad y en mi recuperación de la codependencia es la magia de fijar metas. Las cosas suceden. Las cosas cambian. Cumplo con proyectos importantes. Cambio. Conozco gente nueva. Me encuentro a mí misma en lugares interesantes. Atravieso los tiempos difíciles con un mínimo de caos. Los problemas se solucionan. Mis deseos y necesidades se ven satisfechos. Los sueños se vuelven realidad. Estoy extasiada de poder fijar metas, y espero que pueda transmitirles mi entusiasmo.

I.—

No hay nada en el mundo como ir adonde uno quiere ir, obtener lo que queremos, solucionar un problema o hacer algo que siempre quisimos hacer.

Muchos codependientes no conocen esta alegría. También es nueva para mí. Me pasé muchos años de mi vida sin molestarme siquiera en pensar qué quería y necesitaba, hacia dónde quería ir, y qué quería hacer. La vida tenía que ser soportable. Yo no pensaba que merecía cosas buenas. No pensaba que la mayoría de las cosas buenas estaban a mi alcance. No estaba tan interesada en mi vida, excepto como un apéndice de otras personas. No pensaba en vivir mi vida; estaba demasiado concentrada en los demás. Estaba demasiado ocupada reaccionando, en vez de estar actuando. No estoy sugiriendo que podamos controlar todos los eventos de nuestra vida. No podemos. En muchas cosas no tenemos la palabra final; Dios sí la tiene. Pero creo que podemos cooperar con bondad. Creo que podemos planear, hacer peticiones, y empezar a poner en movimiento un proceso. “El deseo, cuando se le dirige, es poder”, escribe David Schwartz en su libro (La magia de pensar en grande). El fracasar al ir en pos de un deseo, de hacer lo que más deseamos hacer, abre el camino a la mediocridad. “El éxito requiere del corazón y del esfuerzo del alma y sólo puedes poner alma y corazón en algo que realmente deseas”.

M.—

Las metas también nos dan dirección y propósito. Me subo a mi coche, enciendo el motor, empiezo a manejar, y espero llegar a algún lugar. Decido a dónde quiero ir, o aproximadamente a dónde quiero terminar mi viaje, y luego conduzco mi auto en esa dirección. Así es también como trato de vivir mi vida.

A veces las cosas suceden, y por una multitud de razones puedo no terminar en el lugar al que deseaba dirigirme. Sí cambio de opinión o si interfieren problemas fuera de mi control, hago cosas distintas de las que deseaba hacer. El tiempo y las circunstancias exactas pueden variar. Eso está bien. Generalmente termino en algún sitio mejor o en algún punto que era más benéfico para mí. Ahí es donde entran la aceptación, la confianza la fe y el desapego. Pero por lo menos no voy caminando por la vida sin un propósito. Suceden más cosas de las que yo querría. Estoy menos preocupada en solucionar mis problemas, porque he convertido mis problemas en metas. Y he empezado a pensar y a considerar lo que quiero y deseo. Las metas son divertidas. Generan interés y entusiasmo en la vida. Hacen la vida interesante y, a veces, emocionante. … Sométete al deseo y gana en energía, en entusiasmo, en chispa mental e incluso en una mejor salud… la energía se incrementa, se multiplica, cuando fijas una meta deseada y te resuelves a trabajar hacia esa meta. Mucha gente, millones de personas, pueden encontrar una nueva energía seleccionando una meta y dando todo lo que tienen para alcanzar esa meta.

I.—

Las metas curan el aburrimiento. Las metas curan incluso muchas enfermedades crónicas. Hay una magia en fijarse metas y escribirlas. Esto pone en movimiento una poderosa fuerza psicológica, espiritual y emocional. Nos percatamos de cosas que necesitamos hacer para lograrlas y completarlas y las hacemos. Las cosas vienen a nosotros. ¡Las cosas comienzan a suceder!

Hurguemos con más profundidad dentro del poder de las metas. Cuando te sometes a tus deseos, cuando te permites obsesionarte con una meta, recibes el poder físico, la energía y el entusiasmo que necesitas para conseguir tu meta. Pero también recibes algo más, algo igualmente valioso. Recibes la “instrumentación automática” que necesitas para ir derecho a tu objetivo. Lo más sorprendente de una meta que anhelas con firmeza es que te mantiene en ruta para alcanzar tu objetivo. Esto no significa repetir las cosas dos veces. Lo que sucede es esto. Cuando te sometes a tu meta, la meta trabaja por sí misma dentro de tu mente subconsciente. Tu mente subconsciente siempre está en equilibrio. Tu mente consciente no lo está, a menos que esté a tono con lo que tu mente subconsciente esté pensando. Sin la plena cooperación de la mente subconsciente, una persona tiene dudas, está confundida, indecisa. Ahora, cuando tu mente subconsciente ha absorbido tu meta, reaccionas de la manera correcta en forma automática.                                La mente consciente está libre para pensar clara y directamente. ¿Cuáles son tus metas? ¿Qué deseamos que suceda en nuestras vidas, esta semana, este mes, este año, dentro de cinco años?

M.—

¿Qué problemas queremos que se resuelvan? ¿Qué cosas materiales nos gustaría poseer? ¿Qué cambios queremos hacer en nosotros mismos? ¿Qué carrera nos encantaría hacer? ¿Qué queremos lograr? No voy a ofrecerles una exposición esquemática de libro de texto de cómo puede uno fijarse metas. El fijar metas se ha expuesto de una manera demasiado aburrida durante demasiado tiempo.

A continuación siguen unas ideas que considero importantes. Encuentra tú un camino que te funcione. Hagamos de todo una meta. Si tenemos un problema, que su solución sea una meta. No es necesario que sepamos cuál es la solución. Nuestra meta es resolver el problema. ¿Queremos algo? ¿Una cama de agua nueva, un suéter rojo, un coche nuevo, el pelo más largo, las uñas más largas? Conviértelo en una meta. ¿Queremos ir a algún lugar: a Europa, a Sudamérica, al circo? ¿Queremos una relación amorosa sana? Que esta sea tu meta. ¿Hay algo que siempre quisimos hacer: ir a la escuela, trabajar para una compañía en particular, ganar al mes una suma decorosa? Conviértelo en una meta. ¿Debemos decidir qué necesitamos hacer dentro de nuestra carrera? Que el tomar la decisión sea tu meta ¿Queremos acercarnos más a Dios, acudir a la iglesia todos los domingos, o leer a diario la Biblia? Convierte esto en una meta.

I.—

¿Queremos cambiar algo en nosotros mismos: aprender a decir no, tomar una decisión particular, resolver algún enojo? Conviértelo en una meta. ¿Deseamos mejorar nuestras relaciones con ciertas personas: nuestros hijos, amigos, cónyuge, un familiar? Conviértelo en una meta, ¿Queremos establecer nuevas relaciones, perder peso, subir de peso, dejar de preocuparnos, dejar de controlar? ¿Deseamos aprender a divertimos, aprender a disfrutar del sexo, lograr la aceptación de determinada persona o incidente, perdonar a alguien?

Creo que con todo éxito podemos convertir cada aspecto de nuestra vida en una meta. Si nos molesta, haz de ello una meta. Si nos percatamos de que debemos cambiar algo, hagamos de ello una meta. Si queremos algo, convirtámoslo en una meta. Omitamos los “debería de…” Ya tenemos demasiados “debería de” controlando nuestras vidas; no los necesitamos en nuestras vidas; no los necesitamos en nuestras metas. Fijémonos como meta liberarnos del 75% de los “debería”. No nos limitemos. Vayamos por todo, no seamos de medias tintas. Luchemos por lograrlo todo: todo lo que deseamos, todos los problemas que deseamos solucionar, todos nuestros deseos, y hasta algunos de nuestros caprichos. No nos preocupemos. Si no debemos tener todo ello, no lo tendremos. Si lo debemos de tener, yo creo que mejoramos nuestras probabilidades de obtenerlo si lo convertimos en una meta.

M.—

Escribamos en un papel nuestras metas. Hay un poder extraordinario en escribir nuestras metas, en vez de guardarlas vagamente en nuestra mente. Nos preocupamos menos, tenemos menos en qué pensar, y le da un punto focal y una organización a nuestras metas. Llevar un registro de nuestras metas también nos ayuda a dirigir nuestra energía y a estar en contacto con nuestro poder superior. No tenemos que escribir nuestras metas con un estilo demasiado formal o perfecto, ni usar palabras o sistemas particulares. Escríbelas en un papel. Entreguemos a Dios nuestras metas por escrito. Digámosle a Dios que estas son las cosas que nos interesan, pidámosle su ayuda, y luego sometámonos con humildad. A esto se le llama: “Hágase tu voluntad y no la mías”. Soltémoslas. Tengamos a mano nuestras metas donde podamos mirarlas cuando lo necesitemos, pero no nos preocupemos ni nos obsesionemos acerca de cómo, cuándo, si… y qué tal si… Algunos sugieren que nos repitamos nuestras metas a diario. Yo no, excepto cuando me estoy fijando metas cotidianas. Pero pueden hacerlo cada vez que lo deseen. Una vez que he puesto mis metas sobre el papel, trato de no controlarlas ni forzarlas.

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