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Libérate de la Codependencia: Ten un romance contigo mismo/misma

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Libérate de la Codependencia: Ten un romance contigo mismo/misma

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Podemos ser suaves, amorosos, atentos, amables y estar prestos a escucharnos a nosotros mismos, a nuestros sentimientos, pensamientos, necesidades, deseos y a todo lo que somos. Podemos aceptarnos, todos podemos hacerlo. Empecemos por donde nos encontramos y volvámonos más poco a poco.

Desarrollemos nuestros dones y talentos. Confiemos en nosotros mismos. Seamos asertivos. Se puede confiar en nosotros. Honrémonos, pues es ahí donde reside la magia. Esta es nuestra llave para abrir el mundo.

A continuación damos un extracto de Honrando al yo, un excelente libro sobre la autoestima escrito por Nathaniel Branden. Lean cuidadosamente lo que estribe:

De todos los juicios que nos hacen en la vida ninguno es tan importante como el que nos hacemos nosotros mismos, pues ese

juicio toca el centro mismo de nuestra existencia.

Ningún aspecto significativo de nuestro pensamiento, motivación, sentimientos o conducta queda inalterable a causa de nuestra

autoevaluación…

El primer acto de honra al yo es la afirmación de la conciencia: la elección de pensar, de estar conscientes de, de enviar la luz de la conciencia fuera de nosotros hacia el mundo y hacia dentro al interior de nuestro propio ser. Fracasar en este esfuerzo es fracasar en el yo en el nivel más básico.

Honrar al yo es estar dispuestos a pensar en forma independiente para vivir de acuerdo a nuestro criterio, y asumir con valor nuestras propias percepciones y juicios.

Honrar al yo es estar dispuestos a saber no sólo lo que pensamos sino también lo que sentimos, lo que queremos, lo que

necesitamos, lo que deseamos, acerca de lo que sufrimos, qué nos asusta o nos enoja, y aceptar nuestro derecho a experimentar esos sentimientos. Lo opuesto a esta actitud es la negación, el desconocimiento, la represión el autorrepudio.

I.—

Honrar al yo es preservar una actitud de autoaceptación, lo cual significa aceptar lo que somos, sin auto-opresión o autocastigo, sin ningún fingimiento acerca de la verdad de nuestro propio ser, fingimiento destinado a engañarnos ya sea a nosotros mismos o a

cualquier otro.

Honrar al yo es vivir auténticamente, es vivir y actuar desde nuestras más profundas convicciones y sentimientos.

Honrar al yo es rehusarse a aceptar sentimientos de culpa inmerecidos, y hacer lo mejor posible por corregir aquellos

sentimientos de culpa que nos podamos haber ganado.                          Honrar al yo es estar comprometidos con nuestro derecho a existir el cual procede del conocimiento de que nuestra vida no le pertenece a los demás y de que no estamos en la Tierra para vivir de acuerdo con las expectativas de nadie. Para mucha gente, esta es una responsabilidad aterrorizante.

Honrar al yo es estar enamorados de nuestra vida, enamorados de nuestras posibilidades para crecer y para experimentar júbilo,

enamorados del proceso de descubrimiento y de exploración de nuestras potencialidades humanas distintivas.

Así, podemos empezar a ver que honrar al yo es practicar el egoísmo en el sentido más alto, más noble y menos comprendido de esa palabra. Y esto, les diré, requiere de una enorme  independencia, valor e integridad. Necesitamos amarnos y comprometernos con nosotros mismos. Necesitamos darnos algo de la infinita lealtad que tantos codependientes están tan dispuestos a dar a los demás. De una alta autoestima provendrán verdaderos actos de amabilidad y caridad, no de egoísmo.

El amor que demos y recibamos se verá incrementado por el amor que nos damos a nosotros mismos.

M.—

Capítulo XII

Aprende el arte de la autoaceptación.

 

Me gustaría hacer una sugerencia: afrontemos la realidad.

Bob Newhart

La mayoría de la gente sana nos recomienda y nos alienta aceptar la realidad. Esta es la meta de muchas terapias, y está bien que así sea. Encarar y llegar a un acuerdo con lo que es, es una acción benéfica.

La aceptación nos trae la paz. A menudo es la piedra angular para el cambio. También, es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

La gente en general, no sólo los codependientes, a diario se enfrenta con la perspectiva de aceptar o de rechazar la realidad de ese día en particular y de las circunstancias presentes. Tenemos muchas cosas que aceptar en el curso de una vida normal desde el momento en que abrimos nuestros ojos en la mañana hasta que los cerramos por la noche. Nuestras circunstancias actuales incluyen quiénes somos, en dónde vivimos, con quién o sin quién vivimos, en dónde trabajamos, cuál es nuestro medio de transporte, cuánto dinero tenemos, cuáles son nuestras responsabilidades, qué hacemos para divertirnos, y cualquier problema que pueda surgir. Algunos días, aceptar esas circunstancias es muy fácil. Sucede de manera natural. Nuestro cabello está en orden nuestros hijos se portan bien, nuestro jefe es razonable, estamos bien de dinero, la casa está limpia, el coche funciona, y nos gusta nuestro cónyuge o amante. Sabemos qué podemos esperar, y lo que esperamos es aceptable. Está bien. Otros días no nos va tan bien.                                             Se descomponen los frenos del coche,  tenemos goteras en el techo, los niños están como locos, nos rompemos un brazo, perdemos el empleo, o nuestro cónyuge o amante nos dice que ya no nos ama. Algo ha sucedido. Tenemos un problema. Las cosas son diferentes. Las cosas están cambiando. Estamos perdiendo algo. Nuestras circunstancias actuales ya no son tan cómodas como antes. Las circunstancias han sido alteradas, y tenemos que aceptar una nueva situación. Inicialmente podemos responder negándola o resistiéndonos al cambio, al problema o a la pérdida.

Queremos que las cosas sean como eran Queremos que el problema se solucione rápidamente. Queremos estar cómo dos otra vez. Queremos saber qué esperar. No estamos en paz con la realidad. Nos da pavor.

Temporalmente hemos perdido el equilibrio.

I.—

Los codependientes nunca saben qué esperar, especialmente si están en cercana relación con un alcohólico, un drogadicto, un criminal, un jugador empedernido, o con cualquiera otra persona que tenga un problema serio o un trastorno compulsivo. Estamos bombardeados de problemas, pérdidas y cambio.

Soportamos ventanas hechas añicos, citas a las que no se acude, promesas rotas, y francas mentiras.

Perdemos nuestra seguridad económica, nuestra seguridad emocional, la fe en las personas que amamos, la fe en Dios, y la fe en nosotros mismos. Podemos perder nuestro bienestar físico, nuestros bienes materiales, nuestra capacidad para disfrutar del sexo, nuestra reputación, nuestra vida social, nuestra carrera, nuestro autocontrol, nuestra autoestima, y a nosotros mismos.

Algunos le perdemos el respeto y la confianza a la gente que amamos. A veces incluso perdemos el amor y nuestro compromiso con una persona que alguna vez amamos. Esto es común. Es una consecuencia natural, normal de la enfermedad. El librito, Guía para la familia del alcohólico habla de ello:

El amor no puede existir sin la dimensión de la justicia. El amor también debe tener una compasión que significa padecer o sufrir con una persona. La compasión no significa sufrir a causa de la injusticia de una persona. Y sin embargo a menudo se sufre repetidamente la injusticia en las familias de los alcohólicos. Aunque esta injusticia es común, ello no la hace menos dolorosa. La traición puede ser abrumadora cuando alguien a quien amamos hace cosas que nos hieren profundamente.

Quizá la pérdida más dolorosa que enfrentan muchos codependientes es la pérdida de nuestros sueños, de las esperanzadoras y a veces idealistas expectativas del futuro que la mayoría de la gente tiene.

Esta pérdida puede ser lo más difícil de aceptar.                                                     Mientras mirábamos a nuestro bebé en la cuna del hospital, teníamos ciertas esperanzas para ella o para él. Esas esperanzas no tenían nada qué ver con el hecho de que nuestro hijo tuviera problemas con el alcohol o con otras drogas. Nuestros sueños no incluían esto. El día de nuestra boda, teníamos sueños. El futuro con nuestro bienamado o bienamada estaba lleno de maravillas y promesas. Este era el principio de algo grande, de algo amoroso, de algo que largo tiempo habíamos esperado. Los sueños y promesas pueden haberse manifestado o no, pero la mayoría de nosotros los teníamos.

M.—

“El principio es distinto para cada pareja”, escribió Janet Woititz en un artículo del libro Co-Dependency, An Emerging Issue (La codependencia, un problema emergente). Y aun así, el proceso que se da en la relación marital en la cual hay una dependencia

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