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Libérate de la Codependencia: Vive tu propia vida

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Libérate de la Codependencia: Vive tu propia vida

Hemos estado ahi

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Libérate de la codependencia de Melody Beatty

Lo único que podemos ver es la oscuridad. Una noche yo iba manejando con este tipo de clima. No me gusta manejar, y particularmente no me gusta manejar cuando hay mal tiempo. Estaba tiesa y asustada hasta el tuétano. Apenas podía ver; las calaveras tan sólo iluminaban unos cuantos metros de la carretera. Estaba casi ciega. Empecé a sentir pánico. ¡Podría suceder cualquier cosa! Luego, un pensamiento tranquilizante entró en mi mente. El camino sólo estaba iluminado unos cuantos metros, pero cada vez que pasaba esos cuantos metros, se iluminaba un pedazo nuevo. No importaba que no pudiera ver muy a lo lejos. Si me relajaba, podía ver tan lejos como era necesario por el momento. La situación no era ideal, pero podría sobrellevarla si mantenía la calma y trabajaba con lo que disponía.

Tú también puedes atravesar situaciones oscuras. Puedes cuidar de ti mismo y confiar en ti mismo.

Confía en Dios. Ve tan lejos como puedas ver, y cuando llegues ahí, serás capaz de ver más lejos.

Se le llama vivir un día a la vez.

CAPITULO 10

Vive tu propia vida.

Vive y deja vivir.

Lema del Programa de Doce Pasos.

Si logro convencer de algo en este libro, espero que sea de la manera más segura de volvernos locos es involucrarnos en los asuntos de otras personas, y que la manera más rápida de volvernos sanos y felices es atender nuestros propios asuntos.

He discutido conceptos e ideas relativos a ese pensamiento. Hemos examinado reacciones típicas de la codependencia. Hemos hablado acerca de maneras de aprender a reaccionar de una forma distinta usando el desapego. Pero, luego de que nos hemos desapegado y soltamos nuestras garras de la gente a nuestro alrededor, ¿qué más nos falta por hacer? Porque entonces cada quien se queda consigo mismo.

Recuerdo el día que encaré la verdad. Durante largo tiempo había culpado de mi desafortunada circunstancia a los demás. “¡Tú tienes la culpa de que yo sea como soy!”, decía a punto de alaridos. “Mira lo que me has hecho hacer con mis minutos, mis horas, con mi vida’” Después de que me desapegué y asumí la responsabilidad por mí misma pensaba, quizá las otras personas no eran la razón por la cual yo no había vivido mi propia vida; tal vez eran tan sólo la excusa que necesitaba. Mi destino —mi hoy y mi mañana — se veía bastante tétrico.

Vivir nuestra vida puede no ser tampoco un prospecto emocionante para algunos de nosotros. Tal vez hemos estado tan envueltos con otras personas que hemos olvidado cómo vivir y disfrutar de nuestras vidas.

Podemos sufrir un dolor emocional tan grande que pensamos que no tenemos vida propia; lo único que sentimos es nuestro dolor. Eso no es verdad. Somos más que nuestros problemas. Podemos ser más que nuestros problemas. No porque hasta ahora la vida haya sido tan dolorosa debe seguir lastimándonos. La vida no tiene que herirnos tanto, y no será así, si empezamos a cambiar. De aquí en adelante puede ser que no todo sean rosas, pero tampoco tiene por qué ser todo espinas. Necesitamos y podemos desarrollar nuestras propias vidas. Como dice un amigo mío: “Consíguete una vida”.

Algunos codependientes piensan que una vida sin futuro, sin propósito, sin grandes sacudidas y sin grandes quebrantos no vale la pena vivirse. Eso tampoco es verdad. Yo creo que Dios nos tiene guardadas cosas emocionantes e interesantes a cada uno de nosotros.

Creo que para cada quien existe un propósito placentero y que vale la pena por algo más que cuidar a la gente y ser un apéndice de ella. Creo que manifestamos esta actitud cuando cuidamos de nosotros mismos. Empezamos a cooperar. Nos abrimos a la bondad y a la riqueza de que disponemos dentro de nosotros y para nosotros. A lo largo de este libro he usado la frase cuidar de nosotros mismos. He escuchado que esta frase se utiliza y se abusa de ella. He escuchado que la gente la usa para controlar, para imponer o para forzar su voluntad sobre la gente. (Me invité sola a tu casa, con mis cinco hijos y mi gato. Nos vamos a pasar aquí una semana. ¡Sólo estoy cuidando de mí misma!). He escuchado esta frase de manera manipuladora para justificar el hecho de perseguir a la gente y castigarla, en lugar de manejar en forma apropiada los sentimientos de ira o de enojo (Te voy a gritar todo el día porque no hiciste lo que yo quería que hicieras. Pero no te enojes conmigo. Sólo estay cuidando de mí mismo.) He escuchado a la gente decir estas palabras para evadir responsabilidad. (Sé que mi hijo está en su recámara inyectándose heroína, pero ese es su problema. Yo no me voy a preocupar. Me voy a ir a la tienda y me voy a gastar un millón y medio de pesos usando la tarjeta, y tampoco me voy a preocupar de cómo voy a pagarlos. Tan sólo estoy cuidando de mí misma.)

Estas conductas no son a las que aludo cuando hablo de cuidar de nosotros mismos. El cuidado de uno mismo es una actitud hacia nosotros y hacia nuestras vidas que dice: soy responsable de mi persona.

Tengo la responsabilidad no sólo de vivir mi vida, sino de conducirla. Tengo la responsabilidad de atender mi bienestar espiritual, emocional, físico y económico. Tengo la responsabilidad de identificar mis necesidades y satisfacerlas. Tengo de identificar mis necesidades y satisfacerlas. Tengo la responsabilidad de solucionar mis problemas o de aprender a vivir con aquellos que no puedo resolver. Soy responsable por las elecciones que hago. Soy responsable de lo que doy y de lo que recibo. También soy responsable de fijar mis metas y de cumplirlas. Soy responsable de qué tanto disfruto de la vida, por la cantidad de placer que encuentro en las actividades cotidianas. Soy responsable por amar a alguien y por la manera en que expreso ese amor. Soy responsable de lo que hago a los demás y por lo que permito que los otros me hagan. Soy responsable de mis necesidades y deseos. Toda mi persona, todo aspecto de mi ser, es importante. Yo cuento. Yo importo. Se puede confiar en mis sentimientos. Mi manera de pensar es apropiada. Valoro mis necesidades y deseos. No merezco ni toleraré el abuso ni el maltrato constante. Tengo derechos, y es mi responsabilidad reclamar esos derechos. Las decisiones que tomo y la manera como me conduzco reflejarán mí alta autoestima. Mis decisiones tomarán en cuenta las responsabilidades que tengo para conmigo mismo.

Mis decisiones también tornarán en cuenta mis responsabilidades hacia otras personas: mi cónyuge, mis hijos, mis familiares. Examinaré y decidiré exactamente cuáles son estas responsabilidades mientras tomo mis decisiones. También tendré en cuenta los derechos de los que me rodean, el derecho de vivir sus vidas como ellos quieran. No tengo por qué imponerme sobre el derecho de los demás a cuidar de ellos mismos, y ellos tampoco tienen el derecho de imponerse por encima de mis derechos.

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