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Límites Sanadores: El equilibrio entre proximidad y distancia

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Límites Sanadores: El equilibrio entre proximidad y distancia

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LOS LIMITES EVITAN LA DISCUSIÓN

Del equilibrio entre proximidad y distancia

 

Conflicto de intereses

La limitación es un viejo tema de la humanidad. También en la Biblia lo encontramos en un punto central. La historia de la humanidad se refleja en la historia de Israel, y la historia de Israel comienza con Abraham. Abraham escucha el llamado de Dios para abandonar su hogar y su casa paterna y dirigirse a la tierra que El quería mostrarle.

Los límites de su patria se le han vuelto muy estrechos. Dios le ordena partir del espacio limitado en el que vivió hasta ese momento. Abraham obedece este llamado y lleva consigo a su mujer y a su sobrino Lot, así como todos los bienes que habían obtenido. La tierra en el Neguev, en la cual Abraham y Lot se desplazaban de aquí para allá con su ganado, era demasiado pequeña para ambos. Dado que existían discusiones constantes entre los pastores de Abraham y los pastores de Lot, Abraham le dijo a Lot: «No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda» (Gen 13,8 y sig.). Lot se dirige entonces al este y Abraham al oeste. Se establece en Canaán. Una vez que Abraham dejó tras de sí los límites anteriores, debe fijar nuevos límites para que él y su sobrino Lot puedan vivir en paz.

Es una situación que todos conocemos. Abraham y Lot son familiares, pero a pesar de ello existen conflictos de intereses. La discusión surge porque no existen suficientes áreas de pastoreo para ambos rebaños. La historia ocurre aún en la actualidad: existen hermanos que tienen un negocio en común. Pero es demasiado pequeño para ambos.                                                                              En vez de discutir permanentemente, se separan y acuerdan cómo repartir lo que tenían en común hasta ese momento. Si viven y trabajan a una distancia adecuada y clara entre sí, podrán estar en paz el uno con el otro. Si están demasiado juntos, habrá conflictos.

En toda familia puede suceder algo similar.

I.—

Lo antedicho no se aplica exclusivamente para la relación entre hermanos, sino también para la relación con los padres. En nuestro camino de vida necesitamos, ante todo, la cercanía de los padres y de la familia. Pero en algún momento se torna demasiado estrecha. Entonces es mejor separarse amigablemente. En mi camino hacia la vida debo conquistar mi propio ámbito y dirigirme a la tierra que Dios pensó para mí, La relación entre cercanía y distancia deberá regularse nuevamente para que nos llevemos bien en forma duradera.

Espacios de desarrollo

 

También conozco tales historias en el entorno de mi propia orden: entre los misioneros que emigraron a partir de 1888 de St. Ottilien hacia el este de África, se encontraban verdaderos luchadores, hombres caracterizados por su gran espíritu aventurero y enorme impulso de acción. Pero ellos tenían problemas entre sí. Cuando tales luchadores debían llevar a cabo una obra en conjunto, al poco tiempo había  regularmente discusiones. Entonces uno se dirigió al este y el otro al norte. De esta forma, ampliaron el territorio de la misión, y allí, donde actuaron, también tuvieron gran éxito. A ellos les sucedió lo mismo que pasó en la historia de Abraham y Lot: dado que dividieron los territorios, cada uno pudo hacer realidad las propias ideas en su tierra. Así surgió una competencia positiva en su accionar. Si hubieran permanecido en el mismo lugar, se habrían combatido y bloqueado. Su fuerte necesidad de independencia y la división de los territorios se convirtió en una bendición para todos.

Es importante el equilibrio entre la cercanía y la distancia.                                          El fundamento que  Abraham indica para la separación de su sobrino Lot es interesante: «Pero si somos hermanos«. Precisamente porque tienen una relación tan estrecha, deben delimitarse y separarse entre sí, para que cada uno pueda vivir bien dentro de sus límites. Una cercanía excesiva crea discusión, inclusive entre hermanos. Aunque se entiendan muy bien, se producirán conflictos si viven más cerca uno del otro de lo que les conviene. En la historia bíblica se argumenta que la tierra no era lo suficientemente grande para ambos rebaños. Esta es una imagen de que cada hombre necesita su propio espacio de desarrollo. Necesita su libertad para poder vivir lo que es importante para él.                                 Si con ello entorpece constantemente al otro, se originarán conflictos, por más que personalmente se entiendan muy bien.

M.—

En las familias sucede lo mismo que en otras comunidades en las que los hombres están demasiado apretujados. La consecuencia, ya sea en el ámbito privado o profesional, es que se controlan mutuamente y se reducen uno a otro sus posibilidades de desarrollo. Para que los miembros de una comunidad puedan llevarse bien entre sí, siempre es necesaria una clara determinación de los límites. Los ámbitos de trabajo deben estar claramente separados entre sí para que cada uno pueda desarrollar sus aptitudes en su área.

Pero al mismo tiempo es necesaria una buena relación laboral, la disposición a fijarse límites, por ejemplo a través de reuniones acotadas en el tiempo, y conservar los  propios límites y los del otro ámbito de trabajo. La proporción equilibrada entre la cercanía y la distancia en la convivencia llega hasta cuestiones locales totalmente prácticas. Requiere la posibilidad de retirada a sus propias cuatro paredes. Cuando una casa es excesivamente permeable a los ruidos, cuando los cuartos no están bien aislados y se escucha continuamente la tos del vecino, tal cercanía generará pronto agresividad. Sólo cuando sea posible retirarse, uno disfrutará al encontrarse. Por esta razón, ambas cosas son necesarias: la cercanía y la distancia, rozarse y retroceder,  compromiso y libertad, soledad y comunidad.

Más allá del paraíso

En las conversaciones con personas que padecen del problema de la correcta delimitación, escuchamos a veces: «Pero si nos entendemos tan bien». Si alguien construye demasiado sobre la comprensión recíproca, muchas veces pasa por alto los límites que necesita para entenderse bien con el otro. Si estamos siempre juntos, existirán problemas. Lo mismo se aplica para todo matrimonio. También allí cada una de las partes, hombre y mujer, necesitan el espacio propio en el que puedan estar para sí mismos.

Las mujeres cuentan a menudo que surgieron problemas cuando el esposo se jubiló. Todo el día está sentado en casa.

I.—

Antes se entendían bien. La convivencia estaba limitada a la mañana, la noche y el fin de semana. Dentro de estos límites existía armonía, pero ahora que el esposo está continuamente alrededor  de la esposa, de pronto a ella le resulta excesiva esta cercanía. Se toma agresiva. Las agresiones son un signo de que ella necesita más distancia. La mujer siente que tampoco para el hombre es bueno quedarse siempre en casa. Al jubilarse, también necesita su espacio, en el cual pueda comprometerse o realizar sus hobbies. Un director de escuelas jubilado contó que el primer tiempo a partir de su jubilación fue un horror para él y su esposa. Él mismo debía asumir que ya no estaba en el punto central y que no era necesario en un marco dado. No obstante, él no quería reconocer que le resultaba tan difícil desprenderse. Entonces proyectaba sus problemas sobre su esposa y criticaba todo. Finalmente, ambos notaron que así no podían continuar.

La solución: se pusieron de acuerdo en una estructura saludable del día, en la cual previeron suficiente libertad para cada uno. Y mire usted, de pronto, pudieron volver a llevarse bien entre ellos.

El terapeuta de pareja Hans Jellouschek considera como causa de muchos problemas matrimoniales la gran cercanía de los cónyuges

que creen que en el amor deberían fusionarse siempre.                                                            Pero los miembros de una pareja que quieren vivir así nunca se encuentran a sí mismos. La consecuencia: en algún momento padecen su excesiva cercanía. Ya no pueden disfrutar de su sexualidad. Desarrollan síntomas psicosomáticos y discuten constantemente entre sí, Un matrimonio sólo resulta si se convierte en una convivencia equilibrada entre cercanía y distancia.

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