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Límites Sanadores – El límite es sagrado

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Límites Sanadores – El límite es sagrado

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El límite es un tabú que no debe traspasarse. Para que el hombre pueda hallarse a sí mismo y sea salvo e íntegro, necesita la inviolabilidad de su límite. Es un requisito importante para la bienaventuranza y la sanación del hombre. La observancia del límite forma parte de la cultura del tratamiento humano. Quien se ensancha continuamente a costa del vecino, lo lastima y se burla de él. Pero el transgresor de los límites, en última instancia, se aísla de la comunidad humana a través de su propia conducta, dado que no queremos tener relación alguna con personas que no honran los límites. Surge así un círculo vicioso. Como uno se siente solo, lesiona el límite de otro para obligarlo a su cercanía. Pero de esa manera se aísla él mismo y se torna incapaz de un verdadero encuentro y una relación. Se aísla cada vez más. En los cursos se ofrece un buen ejercicio para reconocer el propio límite y el límite del otro. Dos participantes se colocan en el ambiente bien separados entre sí. Uno se queda quieto; el otro se dirige lentamente hacia el primero. Quien está quieto dice «stop» cuando siente que más cercanía transgrediría su límite. Cada uno reacciona de manera diferente en esta situación. Lo que para uno es agradable, para el otro ya es desagradable. Cada uno tiene una percepción de su límite absolutamente personal. Muchos tienen una sensación física del punto donde está el límite. Pero también debemos aprender a preservar nuestro límite y señalizarlo frente a los demás. El otro no puede conocerlo por sí solo. Debemos decirle dónde está nuestro límite o dejarlo en claro a través de nuestra conducta. Cada uno es responsable de su propio límite.

I.—

Un ámbito sagrado

El hecho de que el límite fuera algo sagrado para los romanos y los griegos ya puede reconocerse a partir de la etimología de la palabra. El vocablo latino correspondiente a «sagrado» es sanctus. Deriva de sancire, que significa «delimitar, apartar». Lo sagrado es lo claramente delimitado. Los griegos hablan de «temenos», del «área sagrada», que fue delimitada del paisaje. Lo sagrado -según podemos reconocer ya en el significado de la palabra- no es accesible a todos. Sólo es posible ingresar a él con determinadas condiciones. Por lo general, sólo el sacerdote tiene acceso a lo sagrado. Él solo puede traspasar el límite más allá del ámbito profano. Lo sagrado es también lo que está sustraído del mundo, sobre lo cual este último ya no tiene poder. Los griegos peregrinaron al santuario de Delfos y allí durmieron en el sector sagrado, en el templo. Por dormir en el templo, ellos esperaban sueños sanadores. Es, por lo tanto, un beneficio para el hombre sumergirse en el espacio sagrado al cual no tiene acceso el mundo con su ruido, sus parámetros y sus expectativas. Para los griegos, sólo lo sagrado puede sanar. Sin embargo, si lo sagrado no tiene límites claros, corre el peligro de disolverse. Puedo ingresar a un ámbito sagrado exterior para protegerme de la intervención del mundo. Pero también en mí existe un ámbito sagrado al cual no tienen acceso las personas con sus expectativas y pretensiones. Debo proteger este ámbito interior. A veces es un sueño el que nos muestra que no nos hemos protegido lo suficiente. Una mujer contaba un sueño reiterado en el que había extraños en su dormitorio. Durante la conversación quedó en claro que ella se preocupaba tanto por los demás que ni siquiera podía proteger de ellos su ámbito privado del dormitorio. Las demás personas tenían acceso a todos los ámbitos de su alma. El sueño era entonces una advertencia para delimitar mejor su ámbito sagrado más íntimo.

M.—

También en los relatos antiguos, en leyendas y en cuentos encontramos este mensaje de la inviolabilidad del límite: la leyenda de San Egidio cuenta, por ejemplo, que los animales huían hacia él cuando el rey salía de caza. Con él estaban protegidos. En torno del santo existía un coto de protección, al cual no podía acceder ningún cazador. Los cazadores quedaban detenidos, como aferrados a las raíces, y tampoco sus perros de caza podían traspasar este límite. El rey presintió que allí sucedía algo inexplicable, y pidió ayuda al obispo. Cuando ambos se aproximaron al territorio del santo y los perros de caza nuevamente debieron dar la vuelta, un cazador lanzó una flecha hacia el matorral e hirió al santo. Sin embargo, éste no necesitó un remedio terrenal para la herida, como el que le ofreciera el rey. A través de esta herida, él quiso recordar a Dios durante toda su vida. Si bien la flecha penetró el ámbito sagrado en el cual vivía Egidio, no llegó al santuario interior del eremita, que permaneció intacto. El ámbito emocional en nosotros se lesiona a través de las agresiones de los demás, pero el espacio más íntimo en nosotros, en el que vive Dios, está protegido contra cualquier herida.

I.—

El mensaje de los cuentos

En el cuento «La doncella sin manos», la hija religiosa del molinero traza un círculo con tiza a su alrededor. Previamente se lava. Crea, por lo tanto, un círculo puro del cual queda desterrado todo lo oscuro y malo. El diablo, a quien su padre había prometido su hija, no puede superar este círculo protector. También en la actualidad podemos reflexionar acerca de lo que relata este cuento a través de las imágenes. Allí, donde lo puro y claro traza un círculo en torno del hombre, no puede penetrar lo malo, no pueden penetrar las emociones negativas. La imagen de la fuerza sanadora del agua es especialmente sugestiva en este contexto. Cuando el diablo le ordena al molinero alejar toda el agua para que la hija no pueda continuar lavándose y limpiándose, ella llora sobre sus manos. Y las manos limpias impiden que se acerque el diablo. El mensaje profundo del cuento es también para nosotros: Si protegemos el ámbito interior en nosotros, que es íntegro y puro, lo negativo no tendrá poder sobre nosotros. Pero muchas personas no pueden delimitarse de esto negativo que está a su alrededor. Absorben todos los estados depresivos y agresivos de su entorno y no pueden defenderse contra las emociones que se abalanzan sobre ellas. Este cuento trata de decirles a estas personas: «Traza un círculo claramente marcado a tu alrededor para determinar tu ámbito de protección interior, para permanecer protegido frente a lo malo».

M.—

El cuento de Jorinde y Joringel también relata acerca de tal ámbito de protección. Pero es el espacio de una maga. La anciana mujer vive en un castillo. Quien se aproxima a cien pasos de este castillo debe detenerse y no puede moverse del lugar hasta que ella lo libera. Y si una doncella accede a este círculo, la maga la transformará en un pájaro. Es lo que sucede con Jorinde, la novia de Joringel. Ambos se acercan demasiado al castillo. Jorinde se transforma en un ruiseñor. Joringel ya no puede moverse. La maga libera al joven mediante una fórmula mágica. Pero debe retirarse de allí sin su novia, y cuida las ovejas de un campesino. En este tiempo, un sueño le muestra como liberar a Jorinde y disolver el hechizo de la maga. Él debe buscar una flor color rojo sangre, en cuyo interior haya una gran perla. La encuentra y con ella puede penetrar el círculo mágico. Joringel salva a su novia y a todas las demás doncellas que fueron transformadas en pájaros. A través de esta flor la maga pierde su poder. El cuento indica que, evidentemente, existen límites que no debemos traspasar sin padecer daños. Joringel debe buscar una flor color rojo sangre con una perla. Esto significa que debe atravesar previamente el dolor, y sólo entonces será capaz de un amor maduro en el cual sea uno con su novia. Mientras están enamorados, ambos descuidan sus límites. Quien vive en el anhelo de fusión -según dice el cuento cae en el ámbito de poder de la maga. La maga representa los aspectos reprimidos de la mujer. La no observancia de los propios límites conduce a una relación simbiótica. En ella, el hombre no tiene verdadero acceso a la mujer. Se petrifica. Y la mujer se aleja volando como un ruiseñor.

I.—

La especialista en psicología profunda Verena Kast interpretó de manera sutil este cuento: Ella considera que Joringel elevó a su mujer a ruiseñor. Del canto del ruiseñor se dice que «es tan lacrimoso, tan triste, tan lleno de nostalgia, pero al mismo tiempo tan seductoramente atractivo, y, sin embargo, permanece inalcanzable». En la simbiosis la mujer se torna sobrehumana, pero simultáneamente también, no humana, inalcanzable» A través de unas palabras mágicas Joringel vuelve a estar libre. Evidentemente, la maga no tiene mucho interés en él. Él debe llevar a cabo sus propios pasos de desarrollo para ser capaz de una relación madura con su novia. El primer paso es cuidar las ovejas. «Cuidar significa mantener algo unido; en realidad, los héroes de los cuentos se cuidan a sí mismos, reúnen sus fuerzas vitales». Luego, lo ayuda un sueño que le muestra el .camino hacia su mujer. Verena Kast considera la flor color rojo sangre con la perla blanca como un símbolo de la «unión el amor físico y místico». La perla es, al mismo tiempo, una imagen del centrado. Joringel descubrió su propio ser y ahora es capaz de un amor que toma en serio a la mujer concreta con su cuerpo, y que a la vez reconoce en el amor a ella algo de la trascendencia. Ya no es un amor que retiene, sino que en el encuentro con la mujer conmueve otra cosa, sustraída al propio acceso. La experiencia de trascendencia en el amor a la mujer concreta, que es vista en su limitación humana, libera a Joringel de sus necesidades simbióticas. Ya que ahora no experimenta la simbiosis con su mujer sino, en última instancia, la simbiosis en la trascendencia. Y ésta, evidentemente, no lo daña, sino que le permite un amor maduro hacia la mujer concreta.

M.—

El cuento de  la bella durmiente

Un motivo similar del límite aparece en el cuento «La bella durmiente». La joven es maldecida por un hada para que a los 15 años se pinchara con un huso y muriera a causa de ello. Otra mujer sólo puede aliviar esta maldición al convertir la muerte en un sueño durante cien años. A pesar de todos los cuidados de los padres de eliminar todos los husos, la niña encuentra su destino. No sólo ella se duerme, también todo el castillo, los padres, los empleados, inclusive los animales. En torno al castillo crece un cerco de espinas. Una y otra vez los príncipes tratan de cruzar el cerco para liberar a la bella durmiente, de la que se contaba que era la mujer más hermosa que uno pudiera imaginar. Pero los pretendientes perecen lastimosamente en el cerco. Recién después de cien años, un joven hombre valiente que quiso cruzar el límite, lo logró. Las espinas se convierten en hermosas flores que le permiten ingresar. También aquí se trata de un límite. La niña encontró su sexualidad a los 15 años. Con ella se lastimó. Todavía no es capaz de tratada. Esto lleva a que necesite un cerco de espinas a su alrededor. Por un lado, desea la relación con el hombre, por el otro, se resiste a ella. Ella siente temor de pincharse nuevamente. Por eso prefiere pinchar a los que la cortejan. Algunas jóvenes crean en torno a sí mismas un cerco de espinas que precisamente atrae a los hombres. Pero ni bien un hombre se acerca demasiado, a las se retraen detrás de un muro impenetrable. El cerco de espinas simboliza también un límite temporal. La niña todavía no está madura a los 15 años para manejar correctamente el huso. Debe dormir durante cien años antes de estar madura para el amor. Cien es la imagen de la totalidad.

La bella durmiente debe ser previamente ella misma en su totalidad, antes de que un pretendiente pueda acercársele. El límite del cerco de espinas le garantiza su ámbito de protección para la madurez. Después de cien años, las espinas se transforman en flores. Ahora invitan al pretendiente a acercarse a la bella durmiente.

I.—

En nuestra vida nos sucede una y otra vez: existen también límites temporales que debemos respetar. Quisiéramos conseguir algo por la fuerza, pero no es posible. Debemos esperar hasta el momento adecuado. Lo mismo se aplica para el amor entre el hombre y la mujer. Pero también se aplica para pasos importantes en nuestra vida. A veces debemos esperar hasta que madure el tiempo para una decisión. En esta situación se trata de conservar el límite temporal. De lo contrario, permaneceremos -con palabras del cuento- atrapados en las espinas y nos lastimaremos a nosotros mismos con nuestras cavilaciones o con nuestros intentos violentos de forzar una decisión.

C A P ÍT U L O (4)

 

VIVIMOS DENTRO DE LÍMITES ESTABLECIDOS

De la altanería y la humildad

Un ser del límite

El libro de Job relata una historia de la humanidad que conmovió a los hombres de todos los tiempos. Job debió experimentar en su pena, cuánto puede doler que Dios le imponga límites fijos al hombre. Entonces se lamenta frente a Dios: «Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti; le pusiste límites, de los cuales no pasará. Si tú lo abandonares, él dejará de ser; entre tanto deseará, como el jornalero, su día» (Job 14,5 y sig.).Job experimenta la limitación de su vida. Él había acumulado una gran fortuna y una familia sana. Ahora todo le fue quitado. Él cree que Dios le ha colocado sus límites a toda persona; el límite de cuánto tiempo conservar la vida, el límite de cuánta fuerza hay en él, y lo que puede lograr con ella. La filosofía nos dice que el hombre es un ser del límite. «Está instalado en determinadas situaciones, es decir, situaciones también histórica, cultural y socialmente limitadas, que conforman el marco para su existencia». Así lo formuló cierta vez Heinrich Fries. El horizonte bajo el que vivimos está limitado; también nuestra existencia histórica. Sólo hemos vivenciado estos padres, este lugar y esta tierra en la que crecimos. Tampoco nuestras capacidades son ilimitadas, aunque ansiamos lo infinito. Pero aprendemos que no podemos todo lo que queremos. Nuestros deseos y anhelos van más allá de los límites estrechos entre los que nos colocó Dios. Y lo que logramos siempre es sólo una obra imperfecta. No podemos borrar nuestros límites.

M.—

Quisiéramos vivir, en lo posible, muchos años. Pero, según Fries, «a esta vida se le fijan límites a través de la desgracia, las catástrofes naturales, las amenazas por parte de los hombres, los sufrimientos y la enfermedad del cuerpo y del alma». Una descripción de esta naturaleza no es, por cierto, sólo negativa: también en nuestros límites llegamos a saber quiénes somos. Las experiencias de los límites que nos llevan al límite de nuestra resistencia pueden amenazarnos, pero al mismo tiempo son una oportunidad para el crecimiento personal. Nos invitan a desarrollar nuevas posibilidades de vida. La filosofía existencial ha descripto tales experiencias de límites como un desafío para comportarse de otra manera frente a la propia existencia. Las experiencias de los límites me obligan a preguntarme más allá de mí y de mis posibilidades. Finalmente, me remiten a Dios. Para Job es el mismo Dios quien colocó límites a nuestra vida. Su historia enseña: es humildad decir sí a los límites que Dios me ha determinado. En todo lo que hago experimento este límite. Si escribo, no siempre resulta como lo imaginé en mi fantasía. Si organizo algo en la administración, siempre queda un resto sin resolver. En mis ilusiones no tengo límites. Pero ni bien deseo cristalizar mis ideas choco contra los límites. Puedo rebelarme contra estos límites, pero sólo me golpearé la cabeza.

I.—

El cortometraje «El muro» muestra en imágenes esta experiencia. Allí se muestran dos hombres frente a un muro. Uno de ellos acepta el muro. El otro marcha continuamente contra él. Finalmente, hace un agujero en el muro con su cabeza. Pero este triunfo lo paga con la muerte. El otro atraviesa el agujero libre. Pero ni bien traspasó el muro, de inmediato aparece uno nuevo frente a él. Evidentemente, existen muchos muros, muchos límites que nos estrechan. La cuestión es cómo nos comportamos nosotros frente a nuestros límites. Atravesar la pared con la cabeza es, evidentemente, problemático. La consecuencia puede ser que paguemos eso con la vida -en el sentido metafórico o literal. O podemos aceptar los límites y manejarnos creativamente frente a ellos. Otra posibilidad sería suprimir los límites y simplemente existir. Pero tampoco esto es una buena alternativa, ya que entonces mi vida se torna aburrida y carente de sentido. Debo enfrentar los límites y restregarme contra ellos. A menudo resulta doloroso. Pero también genera una tensión saludable: la tensión entre la aceptación de los límites y el desplazarlos y pasar por encima de ellos. El camino espiritual se maneja de otro modo con los límites que Dios nos ha establecido. Reconozco mis límites y los entiendo como signos de mi creaturidad y finitud. Para San Benito, es un signo de humildad asumir y aceptar su finitud y limitación. En su capítulo sobre la humildad, Benito describe al monje que enfrenta su limitación, aunque le resulta difícil: «Él soporta todo sin cansarse y sin escapar de ello; el texto dice: ‘Quien se mantiene constante hasta el final, será salvado’. Del mismo modo: ‘Sea fuerte tu corazón y soporte al Señor'» (RB 7,36 y sig.). La firmeza es la virtud exigida al monje cuando se siente acorralado por la comunidad, por el abad y por Dios. Al mantenerse firme, crece en los límites. Y permite que los límites lo remitan a su Dios sin límites. Dios está más allá del límite. Él nos permite reconciliamos con nuestros límites.

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