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Límites Sanadores – Transgresión de los límites

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Límites Sanadores - Transgresión de los límites

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El límite es, naturalmente, fluctuante. Necesita una fina percepción para reconocer en sí mismo este límite. Sólo si nosotros mismos desarrollamos esta sensibilidad, mantendremos también los límites del otro. Quizá podamos mostrarle al otro verdaderamente una cercanía y una comprensión que pueda sanarlos. Pero siempre es un regalo si se produce la sanación. No podemos hacerla. El terapeuta y el asistente espiritual no son los salvadores para aquellos a quienes acompañan.

Experiencias de abuso

Una y otra vez acuden al acompañamiento mujeres que han sido sexualmente abusadas por un terapeuta. Muchas veces, estas mujeres querían elaborar a través de la terapia el abuso sexual que habían padecido en su infancia. Pero se topaban con un terapeuta que, al principio, les mostraba mucha comprensión y cercanía. Al sentirse comprendidas, en esa atmósfera no notaron al comienzo cómo el terapeuta traspasaba sus límites. Una terapeuta que trabaja mucho con mujeres abusadas sexualmente, contó que precisamente los terapeutas del medio esotérico transgreden a menudo el límite. Ellos hablan de la conciencia cósmica en la cual quieren darle participación al paciente. Quieren transmitirle la experiencia de ser uno. Pero detrás de estas ideas a veces se oculta la propia inmadurez y necesidad. Tales terapeutas utilizan la herida de sus pacientes para sus propias necesidades. Y exaltan su inmadurez al envolverla en una teoría filosófica del ser uno cósmico. Tal exceso ideológico enceguece frente a la verdad y es peligroso para los afectados.

M.—

Los terapeutas que hablan con sus pacientes acerca del ser uno no tienen remordimientos en la transgresión de sus límites. Ellos creen que le hacen un favor a su paciente si le dan participación en su experiencia cósmica de unidad. Con esta idea de ser uno, a menudo se pierde la percepción de la personalidad individual.

En última instancia, tal entusiasmo por esta unidad no es otra cosa que una regresión al estado supuestamente paradisíaco, en el que todo aún era uno. Evidentemente, con la comprensión de la personalidad del hombre desaparece también la percepción de la culpa.

Sólo siente culpa quien tiene una percepción de los límites que él transgrede en la culpa. La anulación de la culpa, por cierto, no queda libre de consecuencias.

Los remordimientos anidan con frecuencia en otros ámbitos del alma, y entonces la paciente ya no sabe dónde está realmente. Pierde la percepción de sí misma y a menudo cae en una profunda desesperación. Deja de tener un fundamento bajo sus pies. No es fácil desarrollar una percepción natural de sus límites para aquellas mujeres que fueron abusadas sexualmente. Con frecuencia oscilan entre la tendencia a cerrarse frente al otro para no ser lastimadas, y la necesidad de abrirse. A veces ofrecen cierta franqueza que el acompañante comprende como una Invitación al abuso. Tanto más importante es, entonces, que el terapeuta o asistente espiritual desarrolle una clara percepción de los propios límites y de los límites de la paciente. Al establecer sus límites y al mismo tiempo mostrar distancia, permite que también la paciente aprenda una relación saludable entre la cercanía y la distancia.

I.—

Una mujer violada durante su juventud se ha sensibilizado por esta causa frente a las personas que exceden sus límites. Cuando pasea con su pequeño hijo por el parque, hay un hombre mayor que llama a los niños, les regala chocolate y los acaricia. Ella tiene la sensación de que es «pegajoso». No es la amabilidad de un hombre anciano y clemente. Ella percibe algo en él que se extralimita. No es una forma madura de amabilidad desinteresada. Quizá el anciano ejerza en los niños su propia necesidad. Algo así siempre es un peligro. Los maestros o los sacerdotes siempre corren el riesgo de satisfacer detrás de la fachada de la amabilidad y la dedicación, sus propias necesidades en el trato de los alumnos y alumnas, de los y las ministrantes. A veces es absolutamente hermoso para los niños cuando los maestros o los sacerdotes no conocen límites. Se trepan sobre ellos, pero en algún momento sienten que algo no está bien. El hombre sin límites también invita a los niños a olvidar sus propios límites. En algún momento se llegará entonces a abusos y lesiones profundas.

El otro: un ángel

La historia bíblica relatada al comienzo habla de ángeles que estaban de visita en la casa de Lot. Se trata de una imagen muy impresionante que busca protegemos frente a la lesión de los límites, ya que hace referencia a que la otra persona es siempre un ángel. En él algo viene hacia mí que está sustraído a mi intervención, algo sagrado, tierno, que debo respetar como a un ángel, es decir, como a un mensajero de Dios. En la otra persona reluce algo divino. Si yo lo respeto, puedo disfrutar de ello. Si no lo hago, estaré ciego frente a mis propias necesidades.

M.—

En el relato bíblico los ángeles castigan a los habitantes de Sodoma con la ceguera. También ésta es una imagen certera: Dios hace que sobre las ciudades de Sodoma y Gomorra llueva azufre y fuego. Quien abusa sexualmente de un niño, no sólo lastima al niño muy profundamente, sino que también se condena a sí mismo. En el lenguaje de la Biblia: se vuelve ciego y finalmente se prepara a sí mismo la ruina.

CAPÍTULO (3)

EL LÍMITE ES SAGRADO

Del ámbito respetado y protegido Bajo la protección de la divinidad Los límites siempre fueron sagrados para los hombres. El límite separa y protege, y asigna los sectores de la tierra a las personas. Sólo la correcta división de la tierra permite una convivencia pacífica de los pueblos. En la historia y en la concepción de los israelitas comprobamos lo mismo: el mismo Dios estableció los límites para el pueblo de Israel. Pero también eran sagrados los límites entre los hombres del pueblo de Israel. El libro de los Proverbios advierte una y otra vez no traspasar los linderos (Prov 22,28 y 23,10). Y en el libro del Deuteronomio Dios ordena a los israelitas: «No reducirás los límites de la propiedad de tu prójimo» (Dt 19,14). El pueblo de Israel no estaba solo con esta comprensión del límite, sino que adoptó la opinión general de la antigüedad. Los límites se encuentran bajo la especial protección de la divinidad en todas las culturas. Esto no sólo se aplica para los límites de países, sino también para la delimitación de los campos y para los límites que deben respetarse en la construcción de casas

.

I.—

Ya los griegos conocían disposiciones claras sobre las distancias limítrofes que era necesario respetar en la construcción de una casa, al plantar olivos, al cavar un pozo e inclusive al ubicar una colmena. Los romanos no sólo ampliaron las disposiciones legales para los límites. Para ellos, los límites tenían un carácter sagrado, y todos los años celebraban la fiesta de las Terminalia. Termini eran los mojones, honrados como seres divinos. Nuestro concepto «Termin» («cita») deriva de este vocablo romano. Cuando convenimos una cita con otro, colocamos simultáneamente un mojón al cual ambos debemos atenernos y respetar. Los romanos tenían diversas denominaciones para el límite. Límite expresa finis, que a su vez expresa «fin». En el límite termina el ámbito de poder del rey y el derecho de uso del vecino. Y el límite me recuerda el fin de mis propias capacidades y posibilidades. Otro vocablo latino de límite es limes. El limes es el resultado de la delimitación a través de la medición (limitatio). Existen numerosos escritos antiguos sobre la medición de los campos y los solares. El límite me indica qué fue señalado para mí, cuál es mi medida, mi «límite». El derecho romano daba gran valor al respeto de los límites y que a cada uno se le asignara lo que le correspondía. El derecho protege el límite y, consecuentemente, al hombre.

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