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Los Problemas de la Humanidad – La Reconstrucción – Párrafos Silenciados

Programa: Reflexión sobre los Libros Azules


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Los Problemas de la Humanidad - La Reconstrucción - Párrafos Silenciados

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Reseña:


 

Diciembre 1944

Es esencial que todas las personas reflexivas dediquen tiempo y pensamiento a la consideración de los siete problemas mundiales que enfrentamos en el inmediato período de posguerra. Son de importancia urgente… aún otros llegarán gradualmente, muy gradualmente, a un punto de solución y sólo como resultado del inmutable proceso evolutivo —un proceso que ha llevado a la humanidad desde el estado instintivo primitivo hasta el punto en que estos problemas planetarios pueden ser considerados y discutidos por el ciudadano promedio.

El horror de la guerra actual, el mal inmoderado representado por las fuerzas del mal mediante los pueblos alemán y japonés y el completo colapso de la civilización (construida durante la era del cristianismo y basada en épocas precristianas), necesariamente han suscitado cuestionamientos sombríos y con frecuencia una profunda inquietud respecto a las bases del desarrollo humano y una profunda depresión. Sin embargo, esto sólo puede ocurrir cuando los acontecimientos en el primer plano inmediato borran la larga historia del desarrollo humano… Hoy los hombres piensan en términos planetarios; no están preocupados con la necesidad de la caza diaria de alimento como lo está el salvaje primitivo en sus selvas vírgenes; son conscientes de acontecimientos en tierras lejanas y no sólo de lo que sucede dentro de la caverna tribual; hoy no son los esclavos del instinto ciego ni son impelidos a la acción por las reacciones momentáneas del cuerpo físico, sino que son capaces de previsión, de planeamiento cuidadoso e inteligente así como de la cooperación organizada y la necesaria perspicacia sicológica que beneficiará sus planes y propósitos y que involucrará amplias relaciones con otros, tanto dentro del grupo social y económico (comercial) inmediato como con aquellos en el otro lado del mundo… A las simples y primitivas civilizaciones ha seguido la intrincada y altamente organizada civilización social, económica y política de los tiempos modernos; la cultura de las edades, las artes, la literatura, la música y la filosofía de todos los tiempos están hoy a disposición del ciudadano término medio. Él inevitablemente sabe algo de eso.

He señalado los contrastes anteriores como un paso preliminar a nuestra consideración del problema humano inmediato en orden a brindar una perspectiva y un antecedente que inspirarán esperanza para el futuro y confianza en el destino final del hombre. Se debe entrar al período de posguerra por la puerta de una firme creencia en la integridad y la vitalidad de la humanidad y con la certeza de que el hombre se encamina hacia una gloria y una utilidad planetaria, hacia un destino y un porvenir para los cuales el pasado, con todas sus dificultades y pesares, lo han preparado. Es un pasado que en realidad es más parecido a la etapa prenatal que a un proceso de la vida ordinaria; es un preámbulo de una vida más abundante y más iluminada; quizás es sólo un período preliminar de una cultura y una civilización que redundarán en la gloria de Dios y constituirán un testimonio vital de la divinidad del hombre. Lo que antecede no es un cuadro inspirado por el pensamiento ilusorio; es una realidad que surge y tiene sus raíces en el pasado y su promesa en el futuro.

Dos cosas, sin embargo, deben tenerse presente. Los procesos del nacimiento nunca son agradables. El nacimiento de la nueva era y de una nueva y más apropiada civilización no es una excepción a esta regla. Está a punto de surgir a la luz algo que se ha gestado en el trascurso de las épocas. De la oscuridad del pasado nacerá un mundo nuevo y mejor. Cuando el sufrimiento y la agonía de este proceso de parto hayan terminado, se verá a una nueva humanidad activa en la tierra, una nueva raza de hombres —nueva porque estarán orientados de manera diferente.

Segundo, ha sido necesario destruir eso que el hombre ha construido y que le ha bastado y demandado su alabanza porque él no conocía nada mejor. Ahora él debe destruirlo tan completamente que incluso la re-creación física externa será vital y significativamente diferente, además de extraordinariamente mejor. El viviente y despierto espíritu de los hombres exige un nuevo mundo externo. De ahí la presente destrucción. Para forzar esta decisión y satisfacer la necesidad del hombre, hemos visto la destrucción sin precedentes de la mayoría de las antiguas formas que han albergado y representado a nuestra civilización pasada.

Hay tres líneas a lo largo de las cuales el hombre debe reconstruir y son: física, sicológica y espiritual. Debe recordarse que las formas son el signo externo y visible de una realidad interna y espiritual. Dos grandes movimientos pueden verse activos hoy entre los hombres; uno es el reconocimiento de la necesidad de reforma física y el otro indica la realidad del impulso espiritual que despierta, el cual hoy es evidente en todas partes e introducirá un nuevo acercamiento a la divinidad.

Uno de los beneficios sobresalientes de esta guerra (desde el punto de vista de largo alcance) y una de las tragedias angustiosas (desde el ángulo de la visión miope) ha sido la destrucción de tantas antiguas ciudades y centros de habitación humana masiva. Las zonas más recientemente desarrolladas del planeta, tales como Norteamérica, Nueva Zelanda y Australia, se ahorraron la destrucción de sus principales ciudades. Esto fue debido al hecho de que no había gran necesidad de destruirlas porque fueron construidas de acuerdo a las líneas más recientes y no fueron erigidas sobre los sótanos, criptas y alcantarillas del pasado, como las ciudades en Europa y en los países más viejos. Ellas se levantan, si así puedo expresarlo, sobre suelo virgen. Pero las principales ciudades de Europa son muy, muy viejas; era esencial que fueran destruidas; y a la destrucción generalizada con la que ahora estamos tan familiarizados, posteriormente se la verá como de grande y vital importancia, además de beneficiosa.

El mundo del futuro será muy diferente del mundo del pasado; el culto a lo que es ancestral y el moderno amor a lo viejo y lo antiguo ya no tendrán atracción para las generaciones venideras. Esto en gran parte es evidente hoy. Los hombres y mujeres del futuro serán progresistas y no reaccionarios; serán creativos en un nuevo sentido, produciendo una belleza, una simetría y un arreglo armonioso no soñados hoy; nada necesitarán excepto la preservación de lo extraordinariamente bello y lo de importancia espiritual (aquí no me refiero a la religión). Los actuales modos de vida altamente preciados les parecerán extraños y obsoletos, tan extraños como los hogares de los antiguos bretones y los primeros romanos nos parecerían a nosotros en este momento.

Fuego desde el cielo ha sido aplicado a las profundidades mismas de nuestras grandes ciudades en Europa, exhumando antiguo mal, sacando a luz los cimientos de las construcciones, exigiendo una re-planificación, una re-construcción y una re-colocación de ciudades enteras en muchos países. Esto es muy bueno. Pero esta terrible destrucción no parecerá tan buena a los hombres y mujeres que la observan o que han compartido los viejos modos de vida.

Tan grandes serán y deben ser los cambios y las diferencias que tomarán el lugar de lo que ha sido viejo —lo viejo, lo antiguo y lo amado— que aquellas ciudades que no hayan sido destruidas y, por lo tanto, limpiadas por el fuego purificador, hallarán razón para lamentar haberlo eludido.

Extraído de “Los Problemas de la Humanidad”, edición original completa, 1947

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